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Política

Se despidió en la Rosada

Qué dice la carta con la que Kulfas acompañó su renuncia

El ahora ex ministro de Desarrollo Productivo fue aplaudido en Casa de Gobierno luego de reunirse con el presidente.
Por Redacción

El ahora ex ministro de Desarrollo Productivo fue aplaudido en Casa de Gobierno luego de reunirse con el presidente.

Luego del fin de semana en la que presentó su dimisión, el ahora ex ministro de Desarrollo Productivo de la Nación, Matías Kulfas, volvió a la Casa Rosada este lunes para despedirse personalmente del presidente y entregarle una carta de renuncia de 14 carillas de extensión en la que no ahorra críticas a la vicepresidenta.

En el texto, el economista hace un extenso repaso de estos dos años y medio de gestión, le agradece al Presidente y a sus compañeros de Gabinete y ratifica los dichos que derivaron su despido.

Kulfas niega haber hablado en off sobre el Gasoducto Néstor Kirchner e insiste en que la licitación de la compra de caños para la obra en el sur la realizaron funcionarios que responden a la Vicepresidenta.

La carta completa de Matías Kulfas a Alberto Fernández

Me dirijo a Usted con el fin de presentarle mi renuncia al cargo de Ministro de Desarrollo Productivo de la Nación Argentina con cuya designación me honrara en el inicio de su Presidencia. No tengo más que palabras de agradecimiento por haberme confiado la tarea de volver a poner en marcha políticas productivas, industriales y tecnológicas para la reactivación y el desarrollo del país. Esas políticas son el único camino genuino y posible para alcanzar los ideales de justicia social que tanto anhelamos. Asimismo, cabe destacar el enorme desafío que le tocó afrontar de conducir los destinos del país con una grave crisis macro financiera, iniciada en 2018, y el escenario de pandemia de Covid19 que golpeó al mundo y a nuestro país.

Cuando me encomendó la tarea de conducir el Ministerio tuve la convicción de estar ante una gran oportunidad. Asumíamos una gran responsabilidad, pero lo hacíamos también trayendo muchos sueños, porque hace décadas que Argentina, a pesar de su enorme potencial, a pesar de tener logros indiscutidos en diferentes áreas productivas y científicas, nunca pudo consolidar un modelo de desarrollo, tema que me obsesiona desde hace muchos años y al que dediqué toda mi vida, tanto desde el ámbito académico como de la política y la gestión pública. Estábamos ante la posibilidad de empezar a revertir esta historia, dejando por un rato de hablar del pasado y comenzando la imperiosa tarea de reactivar la producción pensando en el futuro y sus nuevos desafíos para construir la Argentina del futuro que todos soñamos.

Llegamos a un ministerio vaciado, sin programas, donde lo único que se había hecho eran reformas edilicias. Con un presupuesto mínimo y el recuerdo de un antecesor que le recomendaba a los industriales dejar de producir en el país, quedándose con las marcas y redes de comercialización, para manufacturar en otros países “más competitivos” que el nuestro. Rápidamente di instrucciones claras para armar nuevos programas en todas las áreas del Ministerio y me ocupé personalmente de escribir y estructurar varias iniciativas, para recuperar el financiamiento accesible a las PYMES, para ordenar la política industrial, para fomentar la inversión y el trabajo.

A los 100 días de gobierno se inició la pandemia, un hecho completamente inesperado que cambió por completo los planes de gobierno. Durante 20 días, en el momento más duro del aislamiento, diseñamos, reglamentamos e implementamos junto a mis colegas del gabinete económico y los equipos de trabajo del Ministerio todo el herramental que permitió afrontar la pandemia protegiendo a la producción y al trabajo. Entre ellos se destacó la Asistencia al Trabajo y la Producción (ATP), un programa diseñado a fines de marzo de 2020, ampliado a comienzos de abril y puesta en marcha con el pago de los salarios en las cuentas de los trabajadores y trabajadoras a comienzos de mayo de ese mismo año, para asombro de muchos, demostrando que el Estado puede ser eficiente cuando se trabaja en equipo, con convicciones claras, profesionalismo y honestidad. Gracias al ATP y a los financiamientos implementados (muchos de ellos a tasa cero y garantías estatales) pudimos salvar a miles de empresas de la grave situación, las cuales pudieron recomponerse rápidamente cuando las políticas de reactivación comenzaron a desplegarse. Cabe destacar que la amplia mayoría de esos créditos otorgados fueron pagados en tiempo y forma por las PYMES.

También ocurrieron cosas que no han tenido mucha trascendencia pública. Cuando la segunda ola golpeó con fuerza, en el segundo trimestre de 2021, fue necesario desplegar un operativo especial de nuestro Ministerio junto al Ministerio de Salud para asegurar la provisión de oxígeno en los hospitales. Personalmente me ocupe de organizar la oferta con las firmas productivas, coordinando con los hospitales. La situación se agravaba día a día y era imprescindible administrar el aprovisionamiento, el cual estaba al límite: durante tres semanas entre mayo y junio de 2021 la oferta productiva estuvo al máximo de su capacidad, debimos cortar transitoriamente el abastecimiento en las industrias y no faltó un solo tubo de oxígeno en ninguna sala de terapia. Lo hicimos porque teníamos en nuestras retinas las duras imágenes que llegaban desde otros países, donde escaseaba el oxígeno y los familiares de los internados se disputaban un tubo de oxígeno en las inmediaciones de los hospitales. El dispositivo que montamos funcionó correctamente y no faltó oxígeno en ningún hospital, valorizando aún más el extraordinario trabajo de la Ministra de Salud Carla Vizzotti y de su equipo. Algo similar cabe señalar sobre el papel de la industria nacional de equipamiento médico, que abasteció con eficacia respiradores a todas las salas de terapia del país, en una gestión conjunta con el entonces Ministro de Salud Ginés González García.

Pero mientras administrábamos esta crisis inédita, nunca descuidé los objetivos de reactivar la economía y poner en marcha una agenda de desarrollo.

Leé también: Los párrafos más importantes de la carta de renuncia de Kulfas, con críticas al kirchnerismo

En estos dos años y medio, desde el Ministerio de Desarrollo Productivo implementamos más de 150 medidas de política industrial, comenzando por la restitución del crédito productivo, en particular a las PYMES (a partir de un trabajo más estrecho junto a la banca pública, los mecanismos de subsidio de tasa de interés y la capitalización del fondo de garantías público). El 53% del crédito a las empresas fue destinado a PyMES, la mayor participación en lo que va del siglo XXI. A ello se suma la implementación de programas de parques industriales, desarrollo de proveedores industriales, fomento exportador y sustitución de importaciones. Durante nuestra gestión en el Ministerio de Desarrollo Productivo se duplicó el crédito a las PYMES en términos reales. Más de 1.100.000 micro, pequeñas, medianas empresas, monotributistas y autónomos accedieron al financiamiento, muchas de ellas por primera vez en su historia, en lo que se ha tratado del proceso de inclusión financiera pyme más acelerado de las últimas décadas. Falta mucho, pero el paso que hemos dado ha sido enorme y el apoyo que usted nos dio, Sr. Presidente, fue contundente y decisivo.

Cuando llegamos al Ministerio, los programas de parques industriales, desarrollo de proveedores y desarrollo de las PYMES mostraban un bajísimo nivel de actividad y ejecución. Recuerdo mi conversación con el Secretario de Industria en esos primeros días, cuando le pregunté cuántos recursos teníamos y que herramientas estaban disponibles para desarrollar parques industriales. Su respuesta fue sorprendente: el programa de parques industriales estaba abandonado, sin recursos, sin siquiera un registro actualizado. Conseguí rápidamente los recursos, con su apoyo Sr. Presidente, y nos sentamos con el equipo de la Secretaría de Industria a revertir la situación. Hoy tenemos 50 parques industriales financiados en 22 provincias, con casi $5.000 millones desembolsados. Con el programa de desarrollo de proveedores fortalecimos las cadenas productivas nacionales en las industrias del petróleo, gas, minería, automotriz, naval y varias más. Pusimos en marcha programas para el desarrollo exportador de las PYMES, competitividad, acompañamiento tecnológico, diseño y capacitaciones.

Y a pesar de los pronósticos sombríos (donde mucho señalaban que recién en 2026 íbamos a recuperar el terreno perdido por la pandemia y la dura caída del PIB en 2020), el crecimiento en el año 2021 fue del 10,3%, el más alto desde el año 1944. Recuperamos en un año aquello que muchos decían que iba a demorar seis años. Varias actividades como la industria, la energía, la construcción y los servicios basados en el conocimiento tuvieron un desempeño expansivo que supera –en algunos casos con creces, los niveles previos a la crisis. El desempeño de 2021 se vio ratificado con las primeras marcas del presente año: el PIB creció 5,2% en enero, 8,5% en febrero y 4,8% en marzo, avizorando un segundo año consecutivo de crecimiento. Hoy la economía argentina está creciendo al 6,1% promedio. Este crecimiento fue acompañado por una recuperación del empleo, donde se crearon cerca de 900.000 de puestos de trabajo, que permitieron llevar la tasa de desempleo al 7%, la más baja de los últimos 6 años.

El crecimiento también tuvo un impulso en las exportaciones (crecieron 42% en 2021 y 29% en el primer cuatrimestre de 2022) y en la inversión (33% en 2021, cerrando el año 10% arriba del promedio del gobierno de Macri, período en el cual se había pronosticado una lluvia de inversiones). Contrariando a cierto discurso según el cual “las empresas se están yendo del país y nadie quiere invertir en Argentina”, la inversión productiva se expande con vigor, destacando la fuerte recuperación de la inversión industrial, en la construcción, la energía y una renovada inversión en minería y energías alternativas. La incorporación de maquinaria y equipo producido en el país creció 11% contra el promedio del gobierno anterior y la de material de transporte nacional un 16% con la misma comparación. En definitiva, la inversión se expande con más vigor y mayor participación de equipamiento producido en el país.

Durante nuestra gestión se registraron más de 1.200 anuncios de inversión privada, muchos de ellos ya ejecutados, y otros en ejecución, que sumaron más de US$ 53.000 millones. Muchos de esos anuncios los gestionamos de manera directa, otros se sumaron a este fuerte rebrote de la inversión, a pesar de las dificultades macroeconómicas por todos conocidas. Destaco en particular varias inversiones en la industria automotriz, autopartes, maquinaria agrícola, la cadena textil-indumentaria, el litio, el cobre, software, biotecnología, nanotecnología y el significativo anuncio en materia de hidrógeno verde, el gran combustible del futuro, en el cual Argentina se abrió paso a partir de nuestro decidido impulso. Son muchísimos los ejemplos, me limité a enumerar unos pocos.

El consumo privado también se recuperó, creciendo 10,2% con respecto a 2020 y 5,9% con relación a 2019. La mayor flexibilidad en la movilidad de personas tras la finalización de la segunda ola de COVID permitió una mayor expansión, reforzada por el crecimiento del turismo interno. La excelente administración del PREVIAJE, a cargo del Ministerio de Turismo, fue un gran aliciente para esta expansión.

La reactivación industrial muestra con creces el contraste entre dos modelos. Durante la presidencia de Macri, se destruyeron 169.000 puestos de trabajo formales en la industria. Peor aún: de los 48 meses en los que Macri gobernó, en 46 hubo destrucción de empleo industrial. Por el contrario, durante nuestra gestión, aún con todas las dificultades que introdujo la pandemia, la industria creó 70.000 nuevos empleos formales, superando los niveles de inicios de 2019.

La reactivación de la industria argentina es una de las más fuertes que se verifican en el mundo. Nada de esto fue casualidad. Trabajamos para tener una industria más productiva y que contribuya a gestionar de manera más eficaz uno de los grandes problemas de nuestro país: la restricción externa. Ello se logra exportando más y sustituyendo importaciones allí donde es posible hacerlo de manera eficiente. Son muchos los ejemplos, pero vale centrarse en dos. En la industria automotriz se produjo por dos vías: una mayor integración de partes y componentes fabricados en el país y una mayor participación de la producción nacional en las ventas totales. En diciembre de 2019, de cada 100 automóviles que se patentaban en Argentina solo 27 eran de fabricación nacional, los otros 73 eran importados. Esa participación se modificó de manera drástica y sostenida, pasando de 27 a 60 autos nacionales por cada 100 vehículos patentados. Es la cifra récord en décadas (el récord anterior fue 52 en el año 2015). Pero además debe tenerse en cuenta que un automóvil está integrado por decenas de partes y piezas, de modo que su integración también es relevante a la hora de incrementar la producción nacional. Al inicio del gobierno, varias plantas automotrices mostraban un declive en la participación de los componentes nacionales, observándose muchas producciones con menos de 20% de contenido nacional. Esta situación también se ha modificado. Creció la integración de partes y componentes, financiamos y apoyamos la localización de inversiones autopartistas y los nuevos proyectos apuntan a integrar con partes nacionales por encima del 40%. Las exportaciones explican el 60% de la producción. En suma: una industria que exporta más y ahorra divisas produciendo más partes y piezas en el país. Asimismo, el plan de electromovilidad generó un renovado entusiasmo en las oportunidades futuras de desarrollo del sector en la región. La política industrial implementada, en acuerdo con terminales automotrices, autopartistas y sindicatos, fue exitosa, desmintiendo a todas luces la idea de que no es posible generar resultados positivos a partir del diálogo, la negociación y el consenso. Por supuesto, eso requiere una gestión estatal que tenga una visión estratégica, recursos y firmeza en la negociación. Claramente tuvimos esos atributos.

Otro ejemplo para destacar es la maquinaria agrícola. El año 2021 ha quedado en la historia como el de mayor producción sectorial en lo que va del presente siglo. En efecto, nunca antes se habían producido tantas sembradoras, cosechadoras, tractores y trilladoras como en 2021. Una vez más, la política industrial dio resultados, aumentando en un 50% la participación nacional, que era del 40% al 60%. Ciudades del interior profundo, como Las Parejas, en la provincia de Santa Fe, que se encontraban con serias dificultades por la reducida demanda, se encuentran hoy operando en pleno empleo y la agenda de problemas se traslado del desempleo y la pobreza a las necesidades de construir más viviendas, en definitiva, los problemas del crecimiento. Lo pudimos comprobar en persona, Sr. Presidente, en un reciente viaje que compartimos a dicha localidad.

En un sentido opuesto a algunos enfoques que plantean que el crecimiento del mercado interno es incompatible con el desarrollo exportador (y viceversa), las exportaciones industriales crecieron tanto en valor como en cantidades. No es la primera vez que esto ocurre: entre 2003 y 2011 (uno de los períodos de mayor crecimiento con inclusión social de nuestra historia) exportaciones y mercado interno crecieron en forma concomitante y, precisamente, cuando se frenó el dinamismo exportador también se frenó el crecimiento.

A ello cabe adicionar el extraordinario dinamismo del empleo en el sector informático, el cual está adicionando entre 1000 y 1500 empleos formales todos los meses, de manera ininterrumpida. Pusimos en marcha la Ley de Economía del Conocimiento, que ha sumado nuevos sectores y proyectan una duplicación del empleo en estos sectores durante esta década. La pandemia ha acelerado tendencias a la digitalización. Como estamos convencidos de que la economía del conocimiento puede duplicar su producción, empleo y exportaciones durante la presente década, fue que entendimos como prioritario formar más chicos y chicas en programación. Por eso pusimos en marcha Argentina Programa, un éxito rotundo donde se están formando más de 300.000 chicos y chicas de todo el país en habilidades de programación. Muchos ya consiguieron trabajo, otros se entusiasmaron tanto que se inscribieron en la universidad para estudiar carreras de tecnología. Sr. Presidente, me quedó pendiente organizarle un acto con los chicos y chicas que reciben sus diplomas y a quienes les entregamos una computadora una vez finalizados sus cursos, para que sigan estudiando y encontrando nuevas oportunidades. Espero que pronto pueda conocer esta energía tan positiva que se está desplegando por toda la Argentina. La misma que vimos ese día tan maravilloso en que un profesor de una escuela técnica marplatense, junto a sus alumnos, lanzó un pico satélite al espacio, con el apoyo de nuestro ministerio y de otras empresa tecnológicas de dicha ciudad.

Sr. Presidente, usted me otorgó, en el inicio de la gestión, la responsabilidad de gestionar la política energética del país. Al empezar le dije que teníamos tres grandes desafíos por delante. El primero era implementar rápidamente un plan de estímulo a la producción de gas, de modo de aprovechar nuestro potencial y dejar de gastar tantos dólares importando barcos y otras fuentes de aprovisionamiento. Nos abocamos a la elaboración del Plan Gas 2020 con la premisa de ahorrar divisas de importación y aumentar la producción gasífera en Vaca Muerta y otras reservas hidrocarburíferas del país, diseñado técnicamente por un excelente equipo de profesionales, donde destacaron las tareas de Esteban Kiper y Juan José Carbajales. Si bien el plan estaba listo en julio de 2020, rápidamente aparecieron las voces críticas desde un sector de los entes reguladores, que decían que nuestra propuesta era

antieconómica, con precios en torno a US$ 3,50 por millón de BTU, a los cuales consideraban “caros”. Vaya paradoja, consideraban caro un precio que estaba por debajo de los niveles históricos del gas importado y por el que hoy se paga en torno a los US$ 30 y se llegó a pagar en el mundo en torno a los US$ 48. Qué bueno que no les hizo caso a esas personas Sr. Presidente, no hay que entender mucho de economía para darse cuenta los graves impactos en nuestra balanza de divisas que hubiésemos tenido sin ese Plan Gas que permitió ahorrar nada menos que US$ 6.000 millones, al tiempo que logró revertir un declino del 10% anual y aumentó la oferta de gas en cerca del 30%. El debate sobre el Plan Gas fue tan desgastante y absurdo que derivó en el traspaso de la Secretaría de Energía al Ministerio de Economía, pero finalmente primó la racionalidad, se aprobó, y usted reconoció públicamente hace pocos días mi intenso trabajo y el de los equipos técnicos de entonces para que se pudiera llevar a cabo, cosa que una vez más le agradezco.

El segundo desafío era salir del desquiciado sistema de subsidios a la energía que rige en nuestro país desde hace dos décadas, el cual tiene un enorme costo fiscal, es socialmente injusto, centralista, anti federal y pro rico. Como peronista me avergüenza cada día que pasa en el que el Estado argentino subsidia la energía de hogares acomodados de la ciudad de Buenos Aires o la zona norte del gran Buenos Aires, hogares que no necesitan, no solicitan ni valoran esos subsidios. Era imprescindible racionalizar este sistema, realizando adecuaciones tarifarias que tuvieran en cuenta la crisis de ingresos de los hogares, pero dotándola de progresividad distributiva. Lejos de ellos, el equipo de la Secretaría de Energía, que se fuera desplegando desde los entes reguladores, no hizo más que alimentar este sistema nefasto de subsidios. En estos dos años y medio han ocurrido hechos trascendentes en el mundo: hubo una pandemia, se investigó rápidamente la genética del virus, se crearon varias vacunas, se desplegaron decenas de iniciativas para afrontar la pandemia, se aceleró la digitalización, cambiaron los sistemas mundiales de aprovisionamiento, pero en nuestro país, el equipo de la Secretaría de Energía no fue capaz de diseñar un sistema de segmentación de tarifas y cobrarle a los ricos y sectores de ingresos medio – altos una boleta de luz y gas sin subsidios.

El tercer desafío era generar un marco normativo y desplegar estrategias para el desarrollo de Vaca Muerta. No es un tema menor: el sector energético es una de las llaves para resolver nuestro problema de restricción externa. Estamos hablando de un potencial exportador de más de US$ 30.000 millones. Una vez más, los avances fueron lentos, signados por un internismo exasperante dentro del propio equipo de la Secretaría de Energía, es decir, internismo dentro del internismo. Ello demoró la posibilidad de un nuevo marco normativo, donde el proyecto de Ley quedó en el olvido y fue reemplazado por un decreto que puso algo de racionalidad. Asimismo, se produjeron las demoras del caso en el inicio del gasoducto Néstor Kirchner, que ojalá pueda iniciarse rápidamente porque representa una posibilidad concreta de lograr el autoabastecimiento gasífero y luego avanzar en la estrategia exportadora, pero se ha perdido tiempo muy valioso que nos cuesta millones de dólares en importaciones.

A propósito de este tema, ratifico lo dicho el viernes al finalizar el acto aniversario por los 100 años de YPF en Tecnopolis: si algo cabe reprocharse respecto al contenido nacional de los insumos del gasoducto, eso debe atribuirse pura y exclusivamente a las características de la licitación realizada por la empresa IEASA, cuyos miembros, al igual que el equipo de la Secretaría de Energía, responden políticamente a la Sra. Vicepresidenta. Fueron declaraciones que realicé en ON, y que quedaran registradas por la radio AM 750 y formuladas ante varios periodistas allí presentes. Huelga adicionar la injusta acusación que la Sra. Vicepresidenta le formulara al señalarle

que usted tiene que “utilizar la lapicera” para forzar un mayor contenido nacional cuando dichas decisiones fueran adoptadas por IEASA.

Lo cierto es que Argentina afronta un momento bisagra, una oportunidad histórica. Y por eso pusimos en marcha no solo un plan de contención frente a la pandemia, no solo un programa de reactivación con los resultados ya reseñados, sino también un plan de desarrollo. Ese plan consta de varias iniciativas legislativas, de otras que implementamos desde el Ministerio de Desarrollo Productivo y de la formulación de Argentina Productiva 2030, lanzado en marzo pasado frente al Consejo Económico y Social. A 75 años del Primer Plan Quinquenal de Perón, era una deuda que teníamos con nuestro país para planificar de manera seria y eficaz el desarrollo de nuestro país. En los inicios de nuestra gestión pusimos en marcha el Consejo para el Cambio Estructural, dirigido por un maestro de la economía industrial latinoamericana, el Dr. Jorge Katz, al que se sumaron numerosos notables como Fernando Porta, Andrés Lopez, entre muchos otros. Le pedimos al Consejo que nos ayude a identificar nuevos sectores para ampliar la matriz productiva de nuestro país, contribuyendo a generar empleos y aportando a una macro más equilibrada, con más exportaciones y ahorro de divisas. A esto le sumamos el trabajo en mesas sectoriales donde todos los equipos del Ministerio se pusieron a trabajar con los sectores productivos y del trabajo.

De este trabajo que movilizó muchísima gente, soñadores de un país que se desarrolle en serio, surgieron numerosas iniciativas. La primera de ellas fue la Ley de Cannabis Medicinal y Cáñamo Industrial, donde sumamos al debate a diputadas que venían trabajando el tema, a sectores productivos de todo el país y de la ciencia y la tecnología. Esa Ley es una realidad y dejamos todo listo para poner próximamente en marcha la ARICCAME, la Agencia destinada a regular su producción antes de fines de este año. Este sector va a generar no menos de 10.000 nuevos puestos de trabajo en los próximos 3 años, y también será un sector exportador con perspectiva federal. El sueño de un nuevo sector industrial nacional está en marcha.

También generamos iniciativas que están actualmente bajo tratamiento parlamentario como la nueva ley de Nano biotecnología y la de Compre argentino, desarrollo de proveedores y compras públicas para la innovación, para dotar de herramientas modernas a un esquema que utilizan muchísimos países desarrollados para estimular a sus sectores productivos y tecnológicos. Con respecto a la nano-biotecnología, en las próximas semanas le llegará un importante anuncio de un proyecto que está pronto a ver la luz. Es un proyecto en el que venimos trabajando desde hace varios meses y al que hemos adicionado recientemente al Ministerio de Salud y al Ministerio de Ciencia y Tecnología, para trabajar integradamente en la fabricación nacional de vacunas, principios activos, insumos medicinales y medicamentos, desde la investigación, la producción nacional, las exportaciones y las compras públicas. Tendremos un ámbito que establecerá nexos muy fluidos entre la investigación y los negocios biotecnológicos, potenciando la producción nacional y el trabajo argentino en nichos de alta tecnología. ¿Acaso no tenemos derecho a soñar con la producción de vacunas en el país y nuevas soluciones medicinales después de comprobar lo que nuestro sistema productivo generó en plena pandemia?

Esta agenda se completa con una nueva Ley de Inversiones Automotrices que consolidará el actual flujo de inversiones en el sector, y una de mis apuestas más importantes en esta gestión: la Ley de Electromovilidad, la que nos permitirá que Argentina se anticipe a una tendencia mundial y pueda fabricar en el país vehículos eléctricos,

integrando las cadenas del litio, la química, partes y manufacturas. Es una apuesta a futuro Sr. Presidente: que una vez en la vida Argentina no mire desde atrás los cambios en el mundo y pueda participar de esta innovación mundial que va a permitir claras mejoras en la vida urbana, reduciendo emisiones contaminantes, ruidos y generando soluciones concretas frente al problema del calentamiento global. Anunciamos esta ley poco tiempo antes de que el presidente de EE.UU. Joseph Biden tuviera su propio y ambicioso plan de llegar a 2030 con el 50% de vehículos eléctricos fabricados en EE.UU. No estábamos tan locos. La semana pasada en su oficina recibimos al Vicepresidente de la empresa china Ganfeng anunciando que no solo ampliarán sus proyectos de litio en el norte argentino sino que comenzarán a fabricar baterías en el país. Y en las próximas semanas llegará a la Argentina otra empresa china que no solo anunciará inversiones en litio sino que le comunicará que iniciará proyectos de fabricación de vehículos eléctricos en Argentina una vez que se apruebe la Ley de Electromovilidad. Nada de esto fue casualidad. Le dedicamos cientos de horas a pensar, actuar, convocar al sector productivo y a gestionar inversiones nacionales e internacionales. Iniciamos un camino maravilloso Sr. Presidente, el de una industria del futuro, ecológica y vanguardista.

Es fundamental que se apruebe esta ley para que sigamos soñando con una Argentina industrial y tecnológica. Por eso el énfasis en la electromovilidad, porque, como decía un poeta cubano “he preferido hablar de cosas imposibles, porque de lo posible se sabe demasiado”. Destaco también la apuesta que está haciendo YTEC, con un equipo de profesionales y científicos de excelencia. No tengo dudas de que harán un aporte importantísimo en este desarrollo. También impulsé la creación de YPF Litio, para tener una empresa nacional en este sector, pero el internismo ha limitado la interacción con esta iniciativa cuyos avances lamentablemente desconozco, espero que puedan llevarse adelante.

Otro momento muy importante de nuestra gestión ha sido la apuesta por el hidrógeno verde. Gestionamos de manera directa durante un año de trabajo el inicio de la inversión más importante del siglo XXI, a cargo de la firma australiana Fortescue. Esa inversión desarrollará una nueva cadena de valor en Argentina y permitirá integrar a nuestro país en la producción mundial de uno de los combustibles ecológicos del futuro, tal vez el más importante de acuerdo a diferentes proyecciones. La inversión ya ha iniciado su primera fase en la provincia de Rio Negro, con cuya gobernadora pudimos gestionar decenas de detalles clave para el desarrollo de esta industria, incorporando el importante centro tecnológico que tiene la ciudad de Bariloche. Una vez más, mostrando que si trabajamos con seriedad y con una mirada que salga de las coyunturas y piense también a mediano y largo plazo, podemos consensuar medidas con otras fuerzas políticas. El desarrollo del hidrógeno verde pondrá a la Argentina en un lugar de privilegio de cara a la gran transformación productiva y ecológica que se desplegará en los próximos años. Ya sabemos que tenemos los mejores vientos del mundo en la Patagonia, las mejores radiaciones solares del mundo en el norte del país, pero tener un potencial no alcanza para desarrollarnos, son necesarias políticas concretas y visiones estratégicos. Las tuvimos Sr. Presidente, y hoy tenemos la oportunidad de avanzar decididamente. Será clave tener una Ley de Hidrógeno para fortalecer el desarrollo del sector, las condiciones están dadas.

Cuando iniciamos nuestra gestión la empresa IMPSA estaba a punto de cerrar definitivamente. No era un tema menor: IMPSA es una de las empresas de tecnología más importantes de América Latina, con una tecnología única en la región y presencia de su tecnología de generación hidroeléctrica, puentes grúa, energía nuclear, ingeniería y otros en más de 50 países. Logramos salvar la empresa y, en un hecho inédito, pudimos estatizarla sin generar ningún litigio en el CIADI, sin poner un solo peso del Estado ni a los acreedores ni a los antiguos accionistas. Todos los recursos que pusimos fueron directamente a la caja de la empresa para su capitalización. Y, por si esto fuera poco, lo hicimos integrando en el capital y en la gestión de la empresa al gobierno de la provincia de Mendoza, mostrando otro ejemplo de que es posible trabajar seriamente buscando consensos también con otras fuerzas políticas. Hoy IMPSA está de pie, con nuevos negocios, tendrá anuncios importantes para realizar próximamente. Pero también sufre por el internismo del equipo de la Subsecretaría de Energía Eléctrica, que tiene parados numerosos proyectos de energías renovables de interés para varias provincias y de la incomprensible demora en ejecutar obras hidroeléctricas necesarias para el país.

También hicimos algunos avances importantes en el desarrollo federal. En Tierra del Fuego dimos inicio a una nueva actividad: la economía del conocimiento, llevando nuevas inversiones que han comenzado a desplegarse, generando nuevos puestos de trabajo para fueguinos y fueguinas. Usted sabe que no logré imponer mis ideas acerca de cómo reformar el régimen de promoción industrial de la isla, pero sí logramos conformar el Fondo para la Ampliación de la Matriz Productiva Fueguina, que será integrado con parte de los beneficios de la promoción industrial. Por primera vez en más de 50 años habrá una política concreta para ampliar la matriz productiva fueguina con nuevas inversiones y empezar a reducir la dependencia del régimen de promoción industrial.

En Catamarca y La Rioja iniciamos un camino para desarrollar en escala la industria de indumentaria, con talleres formales e integrando la cadena textil-indumentaria-calzado. Ya son varias las empresas (muchas de ellas de primera línea) que instalaron fábricas de primer nivel en galpones que estaban abandonados en 2019. Le aseguro que la continuidad de estas políticas permitirá generar miles de puestos de trabajo, aumentar la oferta y estimular una competencia que permita mejorar los precios de la indumentaria. En otras provincias del norte trabajamos intensamente en el desarrollo de las cadenas mineras y dejamos encaminado el financiamiento para ampliar la oferta productiva de la cadena industrial del limón. Apoyamos con financiamiento a cadenas productivas seleccionadas por las provincias, junto a sus gobernadores y gobernadoras, apoyando sus iniciativas.

Gracias a su decisión política, Sr. Presidente, el presupuesto de este Ministerio creció exponencialmente. En 2019 eran menos de $ 8.000 millones. En 2020 y 2021 ejecutamos presupuestos en torno a los $ 140.000 millones, con una ejecución cercana al 100%.

Sr. Presidente, nos encontramos hoy en un momento de oportunidad. La pandemia generó cambios muy importantes en términos productivo y cambios geopolíticos; se priorizan cadenas de valor más cortas y suministros seguros. Aquello que hace varias décadas se llamara industrialización por sustitución de importaciones hoy tiene una versión renovada, siglo XXI, que se denomina “re-shoring” o “near-shoring”, que no es otra cosa que la re-localización de unidades productivas desde Asia hacia los centros productivos y de consumo. Entramos en una nueva fase de la globalización, diferente a la que vimos en las últimas 3 décadas. Si la nota dominante central de la globalización anterior era la localización industrial basada en la reducción de costos (laborales, logísticos), en esta predominarán estrategias regionales y de mayor seguridad en los suministros. Esto abre enormes oportunidades de re industrialización en actividades que habían quedado muy golpeadas por la centralidad de los suministros asiáticos.

Asimismo, se consolidan y profundizan las tendencias de la cuarta revolución industrial, digitalización, automatización; la cual abre un montón de oportunidades que nuestro país está en condiciones de aprovechar, generando nuevas producciones y empleos.

Argentina está en condiciones de constituirse en un proveedor mundial de materias primas, bienes industriales y servicios especializados basados en el conocimiento, permitiendo planificar la duplicación de nuestras exportaciones, generando las bases para la sostenibilidad macroeconómica de largo plazo y la expansión del mercado interno. La duplicación de las exportaciones no es una utopía, es una posibilidad real que hemos estimado en base a datos de la realidad, a la posibilidad de desplegar ese potencial productivo que tenemos. Forma parte del Plan Argentina Productiva 2030, donde detallamos los sectores que están en condiciones de aportar esas exportaciones adicionales. Sr. Presidente, si duplicamos las exportaciones y fortalecemos nuestras capacidades productivas para el mercado interno se termina definitivamente el problema de la restricción externa y de una buena vez podremos crecer sostenidamente sin las típicas crisis que generan las devaluaciones abruptas o la pérdida sostenida de reservas internacionales.

A esto cabe adicionar nuestra política minera, que está generando una verdadera oleada de inversiones que, me animo a pronosticar, harán que su Presidencia sea la de mayores anuncios e inicios de inversiones mineras de la historia del país. Trabajamos por una minería que cuide el ambiente, desarrolle las comunidades y proveedores nacionales de tecnología, equipos y servicios. Marcamos una agenda definida respecto a qué tipo de minería queremos y cuál rechazamos. Y ante la desconfianza que existe en ciertos sectores de la sociedad, dimos inicio a la mesa de diálogo abierta a la comunidad (MEMAC) y a un novedoso y transparente sistema de información minera (SIACAM). Todo ello para asegurar que la minería argentina se desarrolle en base a adecuados estándares y que haga aportes concretos al desarrollo, recuperando la confianza de la sociedad, como existe en la mayoría de las provincias mineras.

La agenda ambiental gana espacio en el ámbito local e internacional. Ello es una excelente noticia que debemos aprovechar como vector de desarrollo, promoviendo nuevas industrias verdes, la reconversión de tecnologías contaminantes y el desarrollo del reciclaje y la economía circular. Pusimos en marcha el Plan de Desarrollo Productivo Verde, que está dando muy buenos resultados.

También pusimos en marcha una inédita agenda de género vinculada al desarrollo productivo, que obtuvo el reconocimiento de numerosas redes productivas del país y de referentes técnicas de organismos internacionales como la OIT. Armamos el gabinete de género, que nucleó a todas las áreas para transversalizar las políticas de género y lanzamos más de 60 iniciativas de género vinculadas al desarrollo productivo.

El bajo crecimiento, la inestabilidad macroeconómica, la pobreza y la falta de justicia social no son una condena sino el resultado de no haber tenido esta mirada estratégica, de estar siempre pensando en la coyuntura y en las mezquindades de corto plazo. Podemos revertir esta situación, no tengo ninguna duda. Los ejemplos señalados no hacen más que confirmarlo.

Para finalizar, hay mucha gente a la que quiero agradecer, porque si esta tarea se pudo llevar a cabo no fue por acciones aisladas ni iluminados, sino porque pude conformar un gran equipo de trabajo y porque pude interactuar con grandes equipos de gobierno. Mi primer agradecimiento es para mis colegas del gabinete económico, con los cuales pudimos coordinar numerosas acciones. En tiempos muy difíciles, fue mucho lo que pudimos lograr trabajando con Santiago Cafiero, Martín Guzmán, Cecilia Todesca, Mercedes Marcó del Pont, Claudio Moroni y Miguel Pesce. Les deseo lo mejor para lo que viene: son gente honesta, talentosa y patriota.

En segundo lugar, un eterno y profundo agradecimiento a mi equipo de trabajo en el Ministerio de Desarrollo Productivo, en particular a los incansables: mi Jefe de Gabinete Alejandro Sehtman y la Secretaría de Coordinación Administrativa Maca Daverio, que se ocuparon de que el Ministerio funcione como un reloj. A Ariel Schale, un gran Secretario de Industria, creativo y militante. A Guillermo Merediz, que lleva adelante una tarea de excelencia en la Secretaría PYME. A María Apólito, una de las mejores funcionarias que tiene este gobierno, que entiende como pocas personas las políticas públicas para la economía del conocimiento y no se cansa de crear nuevas iniciativas. A Fernanda Avila, una joven talentosa que gestiona con solvencia la Secretaría de Minería (y la hago extensiva a Alberto Hensel, que me acompañó como Secretario de Minería entre 2019 y diciembre de 2021). A Daniel Schteingart, un talentoso profesional que nunca se cansó de producir los datos que necesitamos para gestionar correctamente y asumió el desafío de liderar el Plan Argentina Productiva 2030. A Martín Schapiro, que gestionó la agenda internacional del Ministerio. A Rubén Geneyro, a quien le pedí que se hiciera cargo de presidir el INTI, un organismo que afrontaba una grave crisis institucional, la cual no solo resolvió sino revirtió rápidamente, y hoy el INTI está nuevamente a la cabeza de la agenda tecnológica del país. A Ramiro Manzanal, quien desde el directorio de YPF nos ayudó muchísimo a desarrollar la cadena de proveedores de la industria petrolera. A Paula Basaldúa, que coordinó con eficacia el gabinete de género. A Gonzalo Guilardes, que entre muchas cosas, tuvo un papel fundamental para la capitalización de IMPSA. A Marcelo Kloster, un incansable y creativo ingeniero que nos ayudó a concretar decenas de iniciativas de alta relevancia. A Laura Di Mateo, que trabajó a mi lado resolviendo los temas cotidianos con solvencia. Son muchos más, me llevaría un rato largo nombrar a todos y todas, en nombre de los y las mencionad@s va mi agradecimiento a todos y a todas.

Agradezco también a cientos de empresarios PYME, productores, cooperativas, cámaras empresarias, cámaras de la industria, el comercio, los servicios y la minería, por sus aportes, por la vocación de diálogo constructivo y voluntad de concertar. Muchas veces tensionamos, discutimos y hubo enojos. Pero la vocación de concertar estuvo siempre presente, y eso es fundamental para construir un país que se desarrolle.

Agradezco a los representantes de los trabajadores, a los gremios industriales, que son aliados centrales para la reindustrialización. Muchas veces fueron ellos los que nos indicaron donde había fábricas cerradas que se podían reabrir, donde era posible recuperar proveedores que habían sido desplazados por competidores internacionales y que, política industrial mediante, podíamos poner nuevamente en carrera. Y lo hicimos cientos de veces con

resultados excelentes. Gracias a todos, en especial a Antonio Caló, a Gerardo Martínez y a Ricardo Pignanelli, tres dirigentes sindicales excelentes de los que aprendí mucho y a quienes considero amigos. Lo hago extensivo al querido Héctor Daer, siempre dispuesto a trabajar por el bien de la Argentina.

Agradezco a mis compañeros y compañeras de gabinete. A los gobernadores y gobernadoras que han comprendido que el desarrollo productivo es la única manera de construir bienestar genuino y duradero, con quienes siempre tuvimos un diálogo constructivo y pudimos resolver muchos problemas e implementar numerosas iniciativas. A cientos de intendentes e intendentas de todo el país con quienes interactuamos. A los diputados y diputadas, senadores y senadoras que acompañaron y enriquecieron nuestras iniciativas.

Y a mi familia, que fue mi ámbito de contención afectiva en estos tiempos tan duros como estimulantes. A ellos les robé cientos de horas en los que debí acompañarlos, porque si todo lo que hicimos tuvo lugar fue porque trabajé estos dos años y medio desde las 6 de la mañana hasta las 10 de la noche, y también largas horas en fines de semana y feriados, acumulando una deuda afectiva que espero empezar a saldar en los próximos días.

Y, nuevamente, le agradezco a Usted Sr. Presidente, por haberme confiado tamaña tarea y haber apoyado mis iniciativas de manera contundente. Estamos ante una oportunidad histórica para nuestro país. No la podemos dejar pasar. Ningún internismo puede anteponerse a estos objetivos. Ninguna grieta nos puede impedir concertar estos objetivos con otras fuerzas políticas y con los sectores de la producción y el trabajo argentino, los científicos y tecnólogos.

Para finalizar, quisiera reiterarle algunos desafíos que hemos conversado y para los cuales dejo a disposición los estudios de factibilidad que hemos realizado. El primero es reemplazar este ineficaz, costoso, anti federal e injusto sistema de subsidios a la energía y el transporte por un esquema de subsidio a la demanda, a pagar a través de billeteras digitales o tarjetas prepagas, de suma fija, que estimule el ahorro energético y sea verdaderamente federal. De esta manera, los subsidios llegarían a quienes realmente lo necesiten en todo el país, de manera federal, beneficiando a quienes menos tienen de manear progresiva y se los podría administrar en función del ciclo económico, aumentando o reduciendo el monto individual del subsidio, de acuerdo a la situación socioeconómica de los beneficiarios.

El segundo es un plan de eficiencia energética para que a través de la industria nacional se puedan reemplazar electrodomésticos viejos (en particular aires acondicionados, lavarropas y heladeras) de alto consumo, por otros de bajo consumo. Este plan permitirá ahorrar hasta un mes de consumo eléctrico en una primera etapa, reciclando equipos viejos, dando trabajo también en la industria del reciclaje. El plan está listo para ser implementado en los próximos meses.

El tercero es un proyecto largamente conversado con las entidades PYMES del país para generar un régimen laboral especial para micro y pequeñas empresas, con el fin de formalizar y garantizar derechos laborales a los 4 millones de trabajadores informales que tiene la Argentina, en el comercio, la industria y otras actividades. Es absurdo exigir a esos pequeños emprendimientos los mismos requisitos que a firmas medianas y grandes. Finalmente, el Estado termina haciéndose cargo de esos trabajadores informales a la hora de su jubilación mediante un régimen previsional inclusivo. Es razonable adecuar el régimen laboral a la realidad de estos sectores y apuntalar su ingreso a la formalidad, con un nuevo esquema legal, ágil, moderno y que termine con la única industria que debiera cerrar definitivamente en Argentina: la industria del juicio.

El cuarto es un proyecto para debatir ampliamente con todas las fuerzas políticas y los sectores de la cadena agroindustrial y consiste en eliminar de manera paulatina las retenciones a las exportaciones agroindustriales y reemplazar el actual sistema por la constitución de un Fondo Soberano que permita generar un mecanismo moderno de estabilización de precios ante shocks de precios internacionales, operando ante subas, y también como precio sostén en situaciones de bajas muy pronunciadas de precios, y donde una parte de las rentas del Fondo se destinan a financiar gastos del Estado y otras se apliquen a obras de infraestructura en el campo argentino. Una política clara, transparente, que se pueda acordar de una vez y no se toque por 15 o 20 años, previendo diferentes situaciones a futuro. Ordenar el sistema agroalimentario es fundamental para crecer en producción, agregarle más valor y garantizar alimentación accesible al pueblo argentino.

Son muchísimas las tareas pendientes que tiene esta Argentina para ponerse de pie y desarrollarse. Y estamos ante una oportunidad histórica que no podemos desperdiciar. Nuestro país puede ofrecer hoy aquello que el mundo está demandando: alimentos, energías convencionales y alternativas, minerales para la transición ecológica, conocimiento, electromovilidad y bienes finales e insumos industriales. No podemos dejar pasar el tren de la historia por internismos o mezquindades de algunas fuerzas políticas. Es necesario ubicarse por arriba de estos asuntos por el bien de la nación y de nuestro pueblo. Cuente conmigo para colaborar, desde el llano, en cualquiera de estas iniciativas, porque estos tiempos requieren poner lo mejor de nosotros, porque de una buena vez tenemos que romper el péndulo argentino, porque el desarrollo del país y el fin de la pobreza son la razón de mi vida.

Le deseo mucha suerte en los desafíos que tiene por delante. Que tenga toda la fuerza necesaria para el éxito de su Presidencia, que será el éxito de la Argentina. Soy ateo, pero me permito desearle que el Dios en el que usted cree lo ilumine.

Sin otro particular saluda atte.

Matías Sebastián Kulfas. Ministro Ministerio de Desarrollo Productivo.
 

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