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Economía

Opinión

La carta sorpresa que le queda a Milei para avanzar aún en minoría

La carta sorpresa que le queda a Milei para avanzar aún en minoría

Por Redacción

El período crítico es el verano, pero si las medidas se sostienen en el tiempo será posible iniciar un ciclo de crecimiento de largo plazo.

Diciembre podría finalizar con una inflación de entre el 25% y 30% para luego comenzar a bajar de forma significativa. El índice REM de expectativas de mercado proyecta una inflación del 192% para el 2024. Creo, por varios factores, que este índice está sobreestimando la inflación y que esta será mucho menor a lo estimado.

Las medidas anunciadas por el gobierno en las últimas semanas provocaron un shock inflacionario inicial significativo, pero a mediano plazo provocarán un shock de oferta que contendrá los aumentos de precios. En pocas semanas se puso fin a los controles de precios, se devaluó el dólar oficial de 365 a 820, bajó la tasa de interés de los plazos fijos de 133% a 110%, se normalizó el sistema de importaciones, se envió un mega decreto de desregulación de la economía, una ley ómnibus con reformas de todo tipo, y se anunció un ajuste fiscal por más de 5 puntos del PBI.

La inflación comenzará a bajar en enero por varios motivos:

El primero es el aumento de la demanda de dinero, cero emisión para financiar al fisco y menor remuneración de pasivos monetarios.

El segundo es que la recesión y el ajuste fiscal moderarán la demanda, lo cual reducirá el aumento de precios. 

El tercer factor es que durante diciembre se produjo gran parte del ajuste en los precios de los alimentos.

El cuarto factor es la normalización del flujo de importaciones.

Esto compensará en parte los aumentos en tarifas de servicios públicos, transporte, combustibles y prepagas, que tendremos durante enero. Es probable que la inflación de enero ronde el 20%, la de febrero el 12% y a partir de marzo o abril comencemos a tener una inflación de un dígito.

El regreso de la competencia

Con el fin de los controles de precios y la normalización de las importaciones, el mercado recuperará una dinámica consistente en competir por ofrecer productos de mayor calidad a menor precio. Veamos algunos ejemplos.

En los últimos años, frente a los controles de precios, muchas primeras marcas recurrieron primero a bajar la calidad de sus productos, luego a intentar reducir los envases y, finalmente, perdieron mucha rentabilidad. Los controles hacían que hubiera poca diferencia de precio entre las primeras y las segundas marcas, por lo cual los consumidores se inclinaban por las más conocidas. Si un jabón para lavar la ropa de primera marca cuesta $2.000 y el de un competidor poco conocido cuesta $1.700, probablemente me incline por la marca conocida. Pero si la primera marca cuesta $2.500 y la segunda marca $1.700, probablemente muchos elijan esta última opción.

En los próximos meses veremos un crecimiento de las segundas marcas y marcas regionales. Al mismo tiempo, podríamos ver un crecimiento de las marcas propias de los supermercados y de cadenas de bajo costo. Por ejemplo, Mercadona, líder en supermercadismo en España con un 25% del mercado, las marcas propias representan el 75% de sus ventas.

En el sector de la salud sucedió lo mismo, los controles de precios achicaron el diferencial de precios entre prepagas y obras sociales. A partir de ahora, las personas podrán derivar sus aportes a la obra social o prepaga que dispongan. Al mismo tiempo, las prepagas están analizando nuevos planes más flexibles para no perder afiliados. 

Límite a los aumentos

Los aumentos de precio se chocan con la realidad de la demanda. El mejor ejemplo es la carne que, tras subir fuertemente las primeras dos semanas de diciembre, luego volvió al nivel previo a la devaluación.

Los supermercados comenzaron a rechazar listas de precios con fuertes aumentos que enviaron muchos proveedores, al mismo tiempo que lanzaron el programa "precios diferenciados" con algunos productos de la canasta básica que se ofrecen a un menor precio. En otros sectores como indumentaria, automóviles y electrodomésticos, la normalización del flujo de importaciones provocará un importante aumento de la oferta, lo que reducirá los precios.

Estamos en medio de un fenomenal reacomodamiento de precios relativos, que se extenderá durante todo el 2024 en el cual los precios comenzarán a recuperar cierta lógica. No tiene sentido que un café cueste 15 boletos de colectivo o que una prenda de ropa en un shopping sea más cara que comprarla en la quinta avenida de Nueva York.

Inflación en dólares

En los últimos 3 años, nuestro país sufrió una fuerte inflación en dólares. Esto significa que el costo de los bienes y servicios que consumimos en Argentina medidos al tipo de cambio libre (CCL o blue) aumentaron fuertemente. Este proceso continuará los próximos meses, lo que pone al gobierno frente a un dilema.

El plan antiinflacionario del gobierno se basa en un ancla fiscal. El equilibrio de las cuentas públicas es la base del programa. Pero por las características de la inflación argentina, es probable que necesitemos un ancla nominal de tipo de cambio. Esto implica fijar un tipo de cambio de conversión o directamente una dolarización de la economía. 

Si el país sigue encareciéndose a pasos agigantados en dólares, en algún momento necesitaremos una nueva devaluación, y eso conspiraría contra el plan antiinflacionario. Es por eso que la baja de la inflación es tan importante para el gobierno, y a falta de otros mecanismos el ancla fiscal es la base del programa.

Una vez que se haya resuelto la cuestión de los pasivos monetarios del BCRA y lleguen los dólares de la cosecha gruesa es probable que se levante el cepo cambiario. Esto podría suceder en abril-mayo. Para transitar el verano y reforzar la estrategia fiscal y monetaria, se especula con que el FMI podría adelantar unos u$s 10.000 M.

Crecimiento

Entre 1880 y 1930, el motor de crecimiento de la Argentina fueron las exportaciones y la inversión; entre 1930 y 1975, fue la sustitución de importaciones, y desde ese momento hasta la actualidad, nuestro país no tuvo un motor claro de crecimiento al mismo tiempo que consumió gran parte de su stock de capital: confiscación de depósitos, de ahorros jubilatorios, endeudamiento en dólares, emisión monetaria, uso indebido de reservas del Banco Central, impuestos confiscatorios, entre otras cuestiones. Frente al agotamiento del modelo es que el país transita hacia el fuerte cambio de rumbo que estamos viviendo. 

2024 marca el año en que Argentina podría recuperar los superávits gemelos (fiscal, comercial y de cuenta corriente) y al mismo tiempo iniciar un ciclo de crecimiento basado en las exportaciones y la inversión. El superávit comercial podría alcanzar los u$s 15.000 M en 2024. El próximo año tendremos una buena cosecha, la balanza energética será superavitaria en u$s 4.000 M frente a un déficit de u$s 5.000 M en 2022, y comenzarán a producir algunos proyectos de litio. Estamos frente a una diversificación sin precedentes de la matriz exportadora que en los últimos 200 años se basó en el campo.

El período crítico de la economía argentina es el verano debido al shock inflacionario y la recesión. Pero si las medidas se sostienen en el tiempo, son la base para aprovechar un contexto externo muy favorable e iniciar un ciclo de crecimiento de largo plazo. Es probable que la economía comience a crecer en abril o mayo, y que para fines del 2024 comience a sentirse la recuperación en los salarios. La paciencia de los ciudadanos no es eterna y si los resultados no se ven rápidamente el gobierno perderá apoyo.

Los mercados están mirando qué tan sostenibles son las medidas en el tiempo. El DNU parece poco probable que sea aprobado en el Congreso, pero también es improbable que sea rechazado, por lo cual se mantiene en vigencia. Diferente es la ley ómnibus que enfrentará mayores resistencias, sin embargo, es difícil para los legisladores ir contra el proyecto de un presidente con 60% de imagen positiva. La baja de la inflación puede ser el componente sorpresa para mantener el apoyo social que permitiría avanzar con las reformas.

Sobre la firma: Federico Domínguez es asesor financiero. Autor de los libros “La Rebelión de los Pandemials” y “Argentina hiper-acelerada".


 

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