Cortocircuito entre dos de los principales bastoneros del gobernador calentaron la interna. Libertarios también tienen lo suyo.
La política santafesina quedó esta semana atravesada por las internas. No parece el enfrentamiento y la pulseada entre dirigentes de un mismo sector propiedad de un partido o de un espacio político. Algunos episodios marcan enconos del pasado. Otros, en cambio, resquemores o antipatías que marcan ya la ruta hacia 2027, el año en el que la ciudadanía debe elegir nuevamente a todos sus representantes: desde los jefes comunales hasta el presidente, pasando por el gobernador, una porción de los diputados y, en el caso de Santa Fe, a los tres senadores que representan al distrito en la Cámara alta.
Dos soldados de Pullaro
El episodio más impactante de los últimos días lo protagonizó el senador por el departamento San Cristóbal, Felipe Michlig, quien atacó con dureza al ministro de Obras Públicas Lisandro Enrico, uno de los más leales, poderosos y cercanos al gobernador Maximiliano Pullaro.
La inquina viene desde hace un tiempo y explotó por la terminación de viviendas que Nación, como tantas otras obras, dejó sin concretar. Michlig acusó de manejos discrecionales a Enrico por privilegiar el avance de las propiedades en el departamento General López -el terruño del funcionario venadense- en detrimento de otras iniciadas en San Cristóbal, la tierra del cacique radical.
Vale la pena detenerse, antes de contar la entretela de un distanciamiento que lleva su tiempo, en el rol que ocupa cada uno dentro de Unidos, la coalición gobernante, pero también como parte central del proyecto político que llevó a Pullaro a comandar la Casa Gris.
Michlig es el presidente de la Unión Cívica Radical santafesina desde 2022. Acaba de ser reelegido en el cargo. Es, y lo demuestran sus años en el Senado, un intocable dentro de uno de los principales poderes del Estado provincial. Otro elemento potente marcan su grado de influencia: hoy, y a partir de la renuncia de Gisela Scaglia a su cargo de vicegobernadora para asumir como diputada nacional, es el segundo en la escala sucesoria del Ejecutivo. Se trata de la máxima autoridad detrás de Pullaro.
Pero hay algunas cuestiones que no figuran en un currículum vitae formal y hablan también de su peso. Michlig fue una de las cabezas que pensó Unidos. Planificó y trabajó en la cocina de una alianza para impedir que el peronismo retenga el poder en Santa Fe. Su habilidad, como la de algunos otros dirigentes, permitió sentar en la misma mesa a los extremos representados por el socialismo y el PRO.
Junto a esa arquitectura trabajó también apuntalando al hombre que podía representar a ese espacio variopinto y es uno de los hacedores de la exitosa candidatura de Pullaro.
Que él salga a plantear que la lapicera y el poder cambiaron a uno de los funcionarios más cercanos al mandatario, que lo acuse de discrecionalidad, presente un pedido de informes y amenace con ir por más si no encuentra explicaciones convincentes por parte de Enrico, es impactante para una alianza que hasta aquí cuidó las formas para que sus diferencias internas no estallen en conflictos de esta clase.
Michlig, de alguna manera, le está pidiendo respuesta a la gestión de la que forma parte. Actuó, sugestivamente, como lo haría un opositor. Sintió, seguramente, que el poder de caudillo que ostenta en su territorio fue subestimado al no cumplirse con el avance de algunas obras.
Que quede también claro: Enrico es una pieza vital para Pullaro. No sólo un ministro al que valora y en el que confía. Le ha confiado una de las dos carteras más importantes para su gestión, la que se encarga de la obra pública. Es desde ese lugar, la espada discursiva más filosa contra los recortes de la administración nacional libertaria.
Lo valora tanto Pullaro que antes de asumir lo consideró para otro rol central en su proyecto, quizás el corazón mismo de su gestión: la cartera de seguridad. Enrico rechazó ese ofrecimiento tras explicarle en aquel momento al candidato recién electo que no podía instalarse para vivir en Rosario.
El actual ministro nunca pensó en abandonar una construcción política en Venado Tuerto que le demandó años de militancia, que le permitió convertirse en caudillo político de la zona y que, como a Michlig, lo llevó a ser electo reiteradas veces como senador provincial.
Es ese mismo poder territorial el que utilizó para sumar voluntades en favor de la candidatura de Pullaro, en 2023. Todo eso lo convierte, para el gobernador, en un hombre difícil de sustituir.
El peso de Michlig y de Enrico marca la estatura del conflicto que estalló. La distancia entre ellos dos, sin embargo, no es nueva. Viene de lejos y, quizás, tiene proyección hacia el futuro. Cuando Pullaro estaba a punto de asumir convocó a ambos para que sean parte de su gabinete. Michlig, horas antes del anuncio formal de los que serían los nuevos funcionarios, se bajó.
Enrico, en una decisión que generó contrapuntos y polémica, pidió licencia en su banca del Senado. Decidió recurrir a un trámite legal que muchos cuestionaron para no renunciar al lugar que ganó con una avalancha de votos en su departamento: fue reelecto en 2023 por el 81%.
Michlig, en cambio, prefirió quedarse en la Cámara alta y acompañó el pedido de licencia del ministro, que podría recuperar su lugar en la Legislatura cuando lo desee. Sólo tiene que dejar de ser ministro, claro.
Michlig ya en aquel momento le tiró un mensaje por elevación a Enrico al asegurar que de haber aceptado un convite de Pullaro para ser ministro él hubiese renunciado. En la sesión de esta semana le facturó aquel episodio. “Me arrepiento de haberlo votado”, dijo sobre el pedido de licencia. Incluso lo chicaneó con el asunto: “Ministro o senador. No sé cómo decirle”.
Michlig cree que Enrico subió al barco de Unidos cuando ya estaba acomodado el curso. Que hizo usufructo de esa construcción política. Caudillos, poderosos, los dos pelean por lo mismo: convertirse, detrás de Pullaro, en la figura del radicalismo santafesino con más peso. Y, por qué no, aspirar a sucederlo en la Casa Gris. Parte del resquemor se explica en ese deseo inevitable para dos hombres que han construido una pesada y valiosa cuota de poder.
Esquirlas de la pelea Karina-Bullrich
Pero no sólo a Unidos lo sacuden las internas. En los últimos meses ha crecido, dentro del gobierno nacional, una inquietud por los movimientos de la ex ministra y actual senadora, Patricia Bullrich cuyas réplicas se sienten también en Santa Fe.
Los hermanos Milei observan que Bullrich ha elevado el perfil y que comienza a manejarse, aun cuando es una espada leal en la Cámara alta para motorizar los proyectos del oficialismo, con cierta independencia. En las últimas horas, por caso, lanzó algunas frases de defensa algo incómodas contra el tambaleante ministro Manuel Adorni.
Las encuestas la señalan como una alternativa posible al presidente y ella le hace guiños al establishment y a algunos círculos del poder económico.
Karina trabaja desde hace semanas para recortarle vuelo y esmerilarla. Lo hace en todos los campos donde puede librar esa batalla. Hace semanas Bullrich estuvo como invitada central en el aniversario de la Fundación Libertad, en Rosario. La diputada Romina Diez, la voz y los ojos de Karina en Santa Fe, le hizo un vacío claro. No sólo no estuvo con ella en esa celebración. Incluso se ausentó de una conferencia de prensa que se había anunciado oficialmente que iban a ofrecer juntas.
Esa disputa velada entre Bullrich y Karina se instala ahora en Rosario de cara a 2027. Aunque el resultado de las elecciones del año pasado y su irrupción en la política lo ubicaron como el candidato natural para luchar por la intendencia el año próximo, algunas sombras comienzan a cubrir la figura de Juan Pedro Aleart.
Esa penumbra sobre su proyección proviene desde las mismas entrañas libertarias. Aleart llegó a la política de la mano de Bullrich, suficiente para que ahora Karina -y por carácter transitivo Diez- lo miren ahora con algo de recelo.
A Aleart le impidieron ocupar la presidencia del bloque libertario en el Concejo municipal. Diez eligió a Franco Volpe para ese lugar. Ahora, desde el karinismo empezaron a agitar el nombre del diputado Agustín Pellegrini, un incondicional de Diez, como posible candidato para disputar la intendencia el año próximo. Es apenas un globo de ensayo, pero que exhibe el tenor de la interna.
El joven dirigente tiene un nivel de conocimiento en la ciudadanía muy bajo. Lo mismo le sucedía en octubre, cuando encabezó la lista de diputados de La Libertad Avanza. Eso no impidió que la propuesta se imponga con holgura, incluso a la candidata del gobernador. Los libertarios están convencidos de que los nombres importan relativamente y que lo que realmente pesa es la potencia del sello. Creen que eso es suficiente.
El caso Pellegrini podría darles la razón y por eso vuelven a ponerlo sobre la mesa para jugar su interna. Falta más de un año para el comicio. Demasiado tiempo, en la convulsionada realidad política argentina, para proyectar si la salud de una marca logrará sostener los resultados que obtuvo en las últimas dos elecciones o las urnas le dan la espalda.
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