El PRO tendrá competencia en la candidatura a vice. Una extraña fórmula para resolverle a Pullaro controversias con sus aliados.
La reforma electoral que termina de aprobarse en Santa Fe puede leerse como un cambio en las reglas para votar, pero al mismo tiempo asoma como una radiografía del estado actual de la política provincial. Una vez más, los deseos de Maximiliano Pullaro marcaron el pulso y los límites de la discusión reformista. El resto, con sus variables, terminó acompañando los deseos del gobernador.
Pullaro y su partido no obtuvieron todo lo que pretendían, como es lógico en toda negociación, pero preservaron las variables que consideran más valiosas para su proyecto de poder: lograron que la boleta de los candidatos a pulsear por la Casa Gris esté atada a la de diputados, elevaron el piso para acceder a una banca y encontraron en una curiosa propuesta para elegir al vicegobernador la manera de procesar las diferencias dentro de Unidos.
La ley no es solamente el reglamento con el que se jugará 2027. También es una fotografía de quién conduce, quién acompaña y quién empieza a mirar con preocupación lo que viene.
El arrastre como estrategia
La decisión de colocar a gobernador y diputados provinciales en una misma boleta es probablemente la modificación con mayor impacto político. Si Pullaro vuelve a encabezar la oferta de Unidos –un alternativa que, se descuenta, terminará sucediendo–, su candidatura será el principal activo electoral del espacio. La nueva boleta permite que su caudal electoral tenga una traducción más directa sobre la elección legislativa.
La reforma constitucional eliminó el viejo esquema que otorgaba 28 de las 50 bancas de Diputados a la lista más votada y estableció un sistema proporcional en el reparto. En ese escenario, el oficialismo ya no puede confiar en una mayoría automática: necesita construirla voto a voto.
El arrastre del candidato a gobernador aparece entonces como una herramienta para intentar compensar esa pérdida, aunque no garantiza el resultado. El elector puede cortar y las distintas categorías pueden comportarse de manera diferente. Pero el diseño favorece a quien tenga el aspirante más competitivo. Hoy, ese candidato es Pullaro.
Aunque sus socios del socialismo y del PRO pretendían conservar las cinco boletas en la elección general, finalmente se impuso el criterio de la Casa Gris y el deseo del hughense. La segunda discusión de peso también generó un contrapunto interno en el oficialismo y estaba vinculada al porcentaje necesario para participar del reparto de bancas.
El acuerdo llevó el piso al 4%. No es el 5% que pretendía el radicalismo, pero tampoco el 3% que defendía el socialismo. Es, precisamente, la cifra que había planteado el PRO.
La negociación puede presentarse como un punto de equilibrio. Políticamente, produce un efecto concreto: hace más difícil que las fuerzas pequeñas conviertan una elección modesta en representación parlamentaria.
El sistema tiene, además, una particularidad: para superar las Paso el piso baja al 1%. Es decir, facilita la entrada a la competencia, pero endurece el camino hacia la Legislatura.
Es una arquitectura que beneficia a quienes cuentan con estructura territorial, dirigentes conocidos y capacidad para disputar una elección provincial completa. En esa descripción encajan mucho mejor Unidos y sus principales socios que los partidos pequeños.
Por eso el radicalismo puede mirar el resultado con satisfacción, aunque no haya conseguido su pretensión original del 5%.
No ganó el número que quería, sí la intención de montar un escenario mucho más difícil para sus competidores.
Vices, una interna que no amenaza al jefe
La parte más curiosa del nuevo articulado permite que un mismo candidato a gobernador compita en las Paso acompañado por hasta tres candidatos a vicegobernador.
La explicación es eminentemente política. Unidos necesita administrar una tensión que forma parte de su propia naturaleza ideológica. Pullaro conduce el espacio, pero socialistas, radicales y el PRO conservan identidades, dirigentes y expectativas. El problema no es que existan diferencias. El problema sería que terminaran convirtiéndose en una ruptura.
La nueva regla ofrece una salida: si Pullaro vuelve a ser el candidato principal, las distintas corrientes pueden disputar la vicegobernación en las primarias sin transformar esa competencia en una pelea por el liderazgo del frente. Es una suerte de interna encapsulada.
El principal beneficiario parece ser el socialismo. Puede conservar identidad, visibilidad y capacidad de negociación dentro de Unidos sin tener que desafiar frontalmente al gobernador.
El PRO, en cambio, parece más descolocado con la modificación porque muchos dentro del partido amarillo descontaban que Gisela Scaglia volvería a ser la elegida por Pullaro –sin necesidad de disputar ese lugar en una elección– para acompañarlo en la fórmula de 2027.
La clave de la maniobra, en cualquier caso, apunta a permitir discutir el segundo lugar sin discutir el primero. Para Pullaro es una solución particularmente conveniente. Las diferencias internas tienen un canal institucional para zanjarse, pero no necesariamente una vía para poner en riesgo su liderazgo.
Ganadores y perdedores
Las fuerzas pequeñas aparecen como las más perjudicadas con la reforma. Tendrán menos margen para convertir porcentajes relativamente bajos en bancas y deberán enfrentarse a un escenario donde las estructuras grandes parten con ventaja. Extraña, por ello, el acompañamiento de la ley por parte de Amalia Granata y su espacio. Se entiende, por el contrario, el rechazo del Frente Amplio por la Soberanía que conduce Carlos Del Frade.
Existe un ganador claro: la lógica de concentración política. Menos boletas, un umbral más alto y una elección provincial más vinculada a la figura del gobernador tienden a empujar al sistema hacia espacios de mayor tamaño. La reforma no elimina la fragmentación, pero encarece su supervivencia. Quizás, por eso mismo, pueda entenderse el apoyo del peronismo. Tal vez no le sirva en la disputa de 2027, pero ayuda a conservar el statu quo de los grandes partidos del que es parte.
Por eso, el resultado más importante no está en un artículo determinado, sino en la relación de fuerzas que queda después de la negociación. Pullaro no obtuvo una ley calcada de su proyecto original, pero logró montar una arquitectura que no contradice su estrategia de poder.
Una oposición contenida, una coalición ordenada alrededor de su liderazgo y una eventual segunda gestión respaldada por una Legislatura menos fragmentada es quizás parte de lo que proyectó como ideal cuando empezó a bosquejar la reforma electoral santafesina.
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