La figura de Aleart, que mueve fichas por la Intendencia y tiene vuelo propio, difícil de cuajar en un hipotético arreglo.
Juan Pedro Aleart empezó a mover sus fichas en Rosario con la mirada puesta en 2027. El concejal de La Libertad Avanza (LLA) busca dejar de ser solamente el dirigente que encabezó la oferta libertaria en las elecciones del año pasado para convertirse en un protagonista de la discusión política local.
Su objetivo es instalarse como una alternativa para disputar la Intendencia, aunque ese proyecto convive con una negociación de mayor escala: el acercamiento entre Maximiliano Pullaro y el gobierno de Javier Milei para definir cómo jugarán sus respectivos espacios en las próximas elecciones.
La agenda que eligió Aleart no es casual. El ex conductor televisivo salió a cuestionar decisiones del municipio, reclamar explicaciones sobre los costos de los Juegos Suramericanos y defender la habilitación de aplicaciones de transporte como Uber y DiDi. Además, y como parte de un objetivo de instalación, impulsó la discusión para retirar la figura de Ernesto Guevara de los espacios públicos.
Son iniciativas diferentes, pero comparten una lógica: disputar los temas de la ciudad, confrontar con el oficialismo municipal y construir una identidad libertaria que no dependa exclusivamente de la agenda nacional.
En el caso de las aplicaciones, Aleart encontró una discusión concreta sobre movilidad, trabajo y regulación municipal. Con su proyecto para habilitar y ordenar el funcionamiento de las plataformas, busca convertir una demanda de usuarios y conductores en una bandera política propia.
En paralelo, sus cuestionamientos a los gastos de los Juegos Suramericanos le permiten interpelar al gobierno local desde la exigencia de transparencia, sin necesidad de desconocer la importancia para Rosario del acontecimiento deportivo.
La ofensiva también tiene una dimensión simbólica. La iniciativa vinculada con el Che Guevara introduce una discusión sobre la identidad política de la ciudad y sus referencias históricas, un terreno en el que el discurso libertario puede diferenciarse del progresismo que tuvo una influencia prolongada en Rosario.
Aleart combina así controversias ideológicas con asuntos cotidianos, una fórmula que le permite sostener presencia pública y mantener abierto el canal de comunicación con su electorado.
El desafío es transformar esa centralidad en una candidatura competitiva. El antecedente de 2025, cuando LLA se impuso en la elección de convencionales constituyentes en el departamento Rosario con Aleart como cabeza de lista, le otorgó una plataforma política. Pero una elección ejecutiva exige ampliar la construcción, presentar una propuesta de gestión y resolver qué lugar ocupará el partido en un escenario donde también se disputan el poder Unidos y el peronismo que tiene a Juan Monteverde como una de sus principales referencias.
La paradoja libertaria
La mayor incógnita para Aleart no está únicamente en su capacidad para consolidar un perfil propio. También depende de la estrategia que defina la conducción nacional de su partido. Si la Casa Rosada decide competir con una candidatura propia por la Intendencia, el concejal tendrá que resolver si encabeza esa apuesta, si participa de una interna o si su crecimiento queda condicionado por un entendimiento político entre Milei y Pullaro que lleve, entre otros acuerdos, a presentar una candidatura libertaria local sin peso.
Desde Unidos observan ese escenario con atención. El temor de sectores del oficialismo provincial es que un candidato con volumen electoral capture una porción significativa del voto que podría acompañar a la coalición gobernante y termine favoreciendo a Monteverde. La preocupación no implica que todos los dirigentes de Unidos compartan la misma lectura ni que exista una decisión tomada sobre la conveniencia de un acuerdo. La negociación con Nación aparece, precisamente, como una herramienta para administrar esa tensión.
El diálogo entre el pullarismo y el gobierno nacional incluye la cuestión electoral. El respaldo del gobernador a la suspensión de las Paso nacionales forma parte de las conversaciones, mientras el oficialismo santafesino busca preservar sus propios objetivos territoriales. La negociación contempla las distintas necesidades de ambas administraciones y la proyección para trasladar un entendimiento nacional a todos los distritos.
El viaje de Milei a París, del que Pullaro no participó, no clausuró el canal de diálogo. La posibilidad de un encuentro en los próximos días entre el Jefe de Gabinete, Diego Santilli, y el santafesino, mantiene abierta una discusión en la que la reforma electoral nacional, el acompañamiento legislativo y la competencia territorial pueden funcionar como piezas de una misma negociación.
El gobierno nacional tiene sus propias prioridades. Busca respaldo para modificar las reglas electorales y sostener su proyecto de cara a 2027, pero eso no significa que esté dispuesto a retirar automáticamente sus candidatos en las provincias o las ciudades.
De hecho, la Casa Rosada viene sosteniendo que las candidaturas libertarias se definirán distrito por distrito. El acuerdo, por lo tanto, no puede darse por hecho: una cosa es acercar posiciones entre Milei y Pullaro y otra, bastante más compleja, es resolver quién compite y quién resigna protagonismo en Rosario.
Rosario vale más que una discusión provincial
Para Pullaro, la disputa por la Intendencia rosarina tiene una lógica particular. En la pelea por la Gobernación, el mandatario considera que hoy no aparece un candidato libertario capaz de comprometer seriamente sus aspiraciones de reelección, aún si LLA consigue restarle votos por derecha. En Rosario, en cambio, la fragmentación puede modificar los equilibrios de una competencia más estrecha y con actores que disputan electorados parcialmente superpuestos.
La diferencia explica por qué un entendimiento entre el oficialismo provincial y los libertarios podría tener alcances distintos según el distrito. Pullaro puede buscar un escenario que le permita sostener su proyecto provincial sin quedar condicionado por una competencia nacional demasiado agresiva. Pero, al mismo tiempo, necesita contemplar el impacto que una candidatura libertaria tendría sobre Unidos en la ciudad más importante de Santa Fe.
El problema es que los intereses no coinciden necesariamente. Para LLA, Rosario es una vidriera política y un territorio donde puede exhibir su capacidad de construcción propia. Para Aleart, una candidatura a intendente supondría convertir la visibilidad obtenida en el Concejo en una apuesta por el Ejecutivo municipal. Para el pullarismo, en cambio, la prioridad es evitar que las diferencias entre fuerzas que comparten una porción de su electorado terminen alterando la competencia local.
A esa ecuación se suma Monteverde, que busca capitalizar el desgaste del oficialismo municipal y presentarse como alternativa al esquema de poder que gobierna la provincia y la ciudad. La eventual decisión de Pablo Javkin sobre un nuevo mandato también puede modificar el tablero, porque una candidatura de continuidad obligaría a Unidos a ordenar sus propias aspiraciones antes de resolver cómo relacionarse con los libertarios.
En ese contexto, Aleart tiene incentivos para seguir marcando diferencias con la gestión municipal y sostener una agenda que lo distinga tanto del oficialismo como de otras expresiones opositoras.
Cada iniciativa local es también una forma de demostrar que LLA puede disputar algo más que la discusión nacional, aunque cuanto más avance Aleart en la construcción de una candidatura propia, más difícil será para los negociadores de ambos gobiernos vender que la elección rosarina es una variable secundaria para los libertarios.
La discusión de fondo excede, entonces, el destino electoral de un concejal. Se trata de determinar hasta dónde puede llegar el entendimiento entre Pullaro y Milei sin que alguno de los dos tenga que resignar su estrategia territorial.
Hasta que esa definición llegue, el concejal seguirá jugando su propia partida: instalar temas, confrontar con el municipio y ampliar su espacio. Pullaro, mientras tanto, deberá decidir cuánto está dispuesto a negociar con Milei para que la disputa nacional no termine condicionando sus planes en Rosario.
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