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Política santafesina

El acuerdo por la A012 mostró a Milei y Pullaro en una misma ruta

El acuerdo por la A012 mostró a Milei y Pullaro en una misma ruta
Mauro Aguilar

La foto del gobernador santafesino junto a los líderes del gobierno nacional va más allá de un trámite de gestión. 

Los acuerdos políticos comienzan a trabajarse mucho antes de ser anunciados en público. Primero aparecen los gestos, después las coincidencias en determinadas decisiones y luego, si las condiciones maduran, llegan los entendimientos formales. 

Algo de esa secuencia comienza a observarse entre el gobierno nacional y algunos gobernadores. Javier Milei enfrenta una dificultad estructural: tiene una agenda de reformas ambiciosa, pero no cuenta con mayorías propias en el Congreso. Los cambios en el sistema electoral, con eliminación de las Paso incluida, como proyectos que forman parte de su programa de reformas, requieren construir consensos con dirigentes que no forman parte de La Libertad Avanza. 

En ese proceso, Diego Santilli y Karina Milei asumieron un papel central. Hasta el ministro Luis Caputo se involucró estudiando la cesión de algunas partidas. La cúpula del gobierno nacional  comienza a desplegar una estrategia de diálogo con mandatarios provinciales con un objetivo concreto: garantizar respaldos legislativos que permitan a la Casa Rosada avanzar con sus iniciativas. 

Los gobernadores también juegan su propio partido. Necesitan recursos, obras y previsibilidad institucional para administrar sus distritos. En esa negociación, la frontera entre la gestión y la política comienza a volverse más difusa. Santa Fe aparece como uno de los casos más interesantes. 

La A012 y una foto que dejó algo más que una obra 

La decisión del gobierno nacional de transferir a la Provincia el control de la ruta A012 fue presentada como un acuerdo de gestión. Se trata, en lo formal, de una medida vinculada con la administración de infraestructura estratégica para Santa Fe. En política, sin embargo, algunos gestos también importan. Y mucho. 

La imagen de esta semana, con Maximiliano Pullaro, Santilli, Caputo y Karina Milei compartiendo un acto y mostrando una inusual sintonía pública, tuvo una lectura que excedió la discusión vial. 

La ruta A012 representa un corredor clave para la producción santafesina. La decisión de que la provincia asuma su administración puede interpretarse como una muestra de cooperación con el gobierno nacional, pero también como una señal de que ambas administraciones encontraron un canal de diálogo en un contexto donde la relación entre la Casa Rosada y los gobernadores suele estar atravesada por tensiones. 

El gesto adquiere relevancia porque Pullaro no integra el oficialismo nacional, pero tampoco eligió ubicarse como un opositor frontal al proyecto libertario. Ese posicionamiento abre un espacio de negociación. 

El dilema libertario en Santa Fe 

La dimensión electoral agrega una variable más compleja. Pullaro buscará su reelección y cuenta con una estructura territorial que La Libertad Avanza no logra articular en Santa Fe. El gobernador construyó una base política propia desde Unidos, mientras el armado libertario continúa buscando dirigentes y volumen electoral para disputar espacios de poder provincial. 

Para Milei, la elección santafesina debe analizarse más allá de la pelea local. La verdadera batalla del oficialismo nacional estará en octubre de 2027, cuando todo indica que el presidente buscará extender su mandato por otros cuatro años. 

En ese contexto, una disputa intensa en Santa Fe podría tener costos políticos para un espacio que todavía necesita consolidar alianzas en el Congreso y evitarse derrotas drásticas en las provincias que entorpezcan el deseo de Milei de ser reelecto. 

Una confrontación total con Pullaro podría obligar a La Libertad Avanza a destinar recursos, dirigentes y energía política en una provincia donde los números parecen colocarla muy lejos de la pelea por la Gobernación. La pregunta que aparece entonces es si al oficialismo nacional le conviene disputar cada territorio con máxima intensidad o si, en determinados distritos, resulta más conveniente construir acuerdos que preserven una relación estratégica. 

Dos electorados que pueden convivir 

Uno de los elementos que alimenta esas conjeturas es la existencia de un electorado compartido entre Pullaro y Milei. Los últimos trabajos de consultoras como Management & Fit muestran interesantes niveles de respaldo tanto para el presidente como para el gobernador en Santa Fe. 

Más allá de las diferencias entre ambos espacios, esos números exhiben una coincidencia: existe un segmento de votantes que puede acompañar la gestión provincial y, al mismo tiempo, respaldar con su voto el rumbo nacional. Esa superposición electoral genera un incentivo para evitar una disputa que termine fragmentando apoyos. 

La experiencia política muestra que cuando dos fuerzas compiten por una porción similar del electorado, el beneficiado puede ser un tercer espacio que logra capitalizar esa división. En Santa Fe, esa posibilidad es observada con atención por el peronismo, que busca recuperar protagonismo después de las derrotas sufridas en los últimos turnos electorales. 

El espacio libertario enfrenta, entonces, una decisión estratégica. Presentar una candidatura fuerte para disputar la Gobernación permitiría consolidar una identidad propia y mostrar crecimiento territorial, aunque también implica asumir el riesgo de una derrota dura y de dividir un electorado que, quedó dicho, comparte con Unidos. 

La alternativa, entonces, sería una estrategia más pragmática: concentrar esfuerzos en la elección nacional y evitar una confrontación provincial que pueda terminar debilitando a ambos sectores frente al peronismo. 

En ese escenario muchos observan con atención los movimientos de Romina Diez. La diputada nacional, que muchas veces sugirió su deseo de pelear por conducir la Casa Gris, podría tener ahora como objetivo una candidatura legislativa nacional. La disputa por la Gobernación podría quedar entonces en manos de otro dirigente libertario con menor nivel de instalación y conocimiento. No implicaría abandonar la presencia provincial, sino administrar prioridades. 

Para Milei, la construcción de poder nacional requiere aliados. Y los gobernadores aparecen como piezas fundamentales para aprobar reformas electorales como la eliminación de las Paso, además de otros cambios para el tramo final de su gestión que necesitarán respaldo parlamentario.

Una relación que todavía no tiene un acuerdo definido 

Nada de esto significa que exista un pacto cerrado entre Milei y Pullaro. La política argentina tiene demasiadas variables como para anunciar movimientos definitivos con tanta anticipación. Las alianzas se construyen, se modifican y muchas veces se redefinen según las necesidades de cada momento. Existen, sin embargo, señales que permiten imaginar un escenario diferente al de una confrontación plena entre ambos. 

La foto de la A012 no fue solamente una imagen de gestión. Fue también una señal. En un país donde la tensión entre Nación y provincias suele ocupar el centro de la escena, ver al gobernador santafesino junto a figuras centrales del oficialismo nacional mostrando una imagen de cercanía abrió una pregunta que empieza a recorrer la política provincial: ¿puede convertirse esa cooperación institucional en un entendimiento electoral que ordene el escenario santafesino? La respuesta todavía está abierta. 

Los movimientos de los próximos meses mostrarán si aquella foto fue apenas un gesto circunstancial o el primer capítulo de una nueva relación política con otro cariz. 

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