Economía

Expertos en biodiesel

Sumaron u$s3 M al paquete de inversiones para agregar valor a la soja

Patricio Dobal

Cerraron así un programa de desembolsos que sumó u$s15 M en los últimos tres años.

La productora de biodiesel Doble L Bioenergías volvió a acelerar su plan de inversiones y en el último año desembolsó otros u$s3 M para ampliar la infraestructura y capacidad instalada de su complejo industrial de la localidad de Sa Pereyra. Con las últimas incorporaciones, la compañía acumula alrededor de u$s15 M invertidos en un proyecto que busca agregar valor a subproductos de la cadena sojera y que encontró una salida comercial tanto en la alimentación animal como en el mercado europeo de biocombustibles.

El nuevo desembolso se produjo después de que el año pasado la empresa contabilizara inversiones acumuladas por unos u$s12 M. Desde entonces, el principal salto estuvo asociado a la ampliación del parque de almacenamiento y a la incorporación de nuevos equipos dentro del proceso productivo de oleínas.

“Hoy ya estamos aproximadamente en u$s15 M de inversión”, señaló Marcelo Kusznierz, socio de Doble L Bioenergías, en contacto con Punto biz. Entre las obras realizadas destacó la ampliación del parque, que actualmente cuenta con 20 tanques, además de la instalación de nuevos reactores para incrementar la capacidad de procesamiento.

El crecimiento de la infraestructura fue progresivo. La empresa había montado buena parte de los tanques durante las etapas anteriores del proyecto y durante los últimos meses incorporó otras unidades hasta completar las veinte actuales. En paralelo, reforzó el corazón industrial de la planta con equipamiento destinado específicamente a aumentar el volumen que puede procesar.

Con esta última etapa, el grueso del proyecto de oleínas está prácticamente terminado. Según Kusznierz, alrededor del 95% de las inversiones necesarias para esa unidad productiva ya fue ejecutado y solamente quedan pendientes trabajos complementarios menores.

“La capacidad instalada de la planta de oleína ya estaría sobrada para la demanda que estamos teniendo actualmente”, explicó el empresario. Lo que resta son obras de infraestructura menores, vinculadas por ejemplo a desagües y adecuaciones complementarias, pero sin desembolsos sustanciales comparables con los realizados hasta ahora.

De residuo industrial a producto exportable

La apuesta de Doble L tiene una particularidad: parte de materiales provenientes de la propia industria aceitera para transformarlos en insumos con nuevas aplicaciones comerciales. La compañía procesa un subproducto de la cadena de la soja y lo convierte en oleínas de origen vegetal, que cuentan actualmente con dos grandes destinos.

Uno es la alimentación animal, particularmente vinculada a la producción acuícola. El producto tiene aplicación en la fabricación de alimentos balanceados utilizados, entre otros segmentos, por la industria del salmón en Chile. “La molécula de oleína envuelve al alimento para que no se diluya en el agua”, explicó Kusznierz sobre su utilización. Doble L no fabrica el alimento terminado, sino que provee uno de los ingredientes utilizados por las compañías que elaboran esos productos.

La segunda salida es netamente exportadora y está asociada a la producción de biocombustibles de segunda generación en Europa. Esa alternativa comercial terminó de consolidarse durante el último año y permitió ampliar el horizonte que tenía originalmente el proyecto. Para avanzar sobre esos mercados, la firma acompañó las inversiones físicas con una serie de certificaciones y habilitaciones. Una de las novedades fue la posibilidad de realizar trámites aduaneros directamente desde el establecimiento.

“Habilitamos Aduana en planta, con lo cual la certificación que necesitamos la hacemos en nuestra propia planta”, precisó Kusznierz. A eso se sumaron certificaciones de sustentabilidad requeridas para operar con el mercado europeo y habilitaciones vinculadas a la comercialización de productos destinados a alimentación animal. La empresa certificó tanto el establecimiento productivo como las oleínas vegetales que elabora, ampliando así las alternativas para colocar producción en el mercado interno y externo.

El salto exportador incluso motivó un reconocimiento institucional por el agregado de valor generado sobre la cadena sojera y por la posibilidad de transformar un descarte industrial en una materia prima destinada a nuevos procesos productivos.

La próxima inversión saldrá del laboratorio

Después de completar prácticamente la infraestructura necesaria para la oleína, Doble L no tiene previsto, por el momento, otro desembolso fuerte para seguir aumentando la capacidad de esa planta. El foco pasó ahora a otra instancia: investigación y desarrollo de nuevos productos derivados de la soja.

La empresa trabaja en conjunto con investigadores del Conicet, universidades de la región y, entre ellas, la Universidad Nacional del Litoral (UNL), en proyectos que podrían convertirse en las próximas unidades de negocio. Entre las alternativas bajo estudio aparece la producción de aceites epoxidados de soja destinados a la industria del plástico. También trabajan sobre la posibilidad de fabricar lecitinas, otro derivado con múltiples aplicaciones industriales.

“Tenemos dos proyectos que queremos llevar adelante y que tienen que ver con seguir agregando valor a la cadena sojera”, sostuvo Kusznierz. La lógica es diferente a la etapa que acaba de cerrar la compañía. Primero se busca completar el desarrollo científico y tecnológico y comprobar la viabilidad industrial de los productos. Recién entonces aparecerá un nuevo programa de inversiones.

Si alguno de esos desarrollos logra escalar, Doble L deberá elaborar un plan de negocios, diseñar el proyecto ejecutivo y definir qué nueva infraestructura será necesaria. Por eso, la compañía todavía no pone una cifra sobre los próximos desembolsos.

De esta manera, los u$s3 M invertidos durante el último año funcionan como cierre de una etapa. El proyecto que acumulaba aproximadamente u$s12 M pasó a representar una inversión cercana a u$s15 M y dejó montada una capacidad industrial que, según la empresa, permite atender incluso un crecimiento de la demanda respecto de los niveles actuales.

El biodiesel como plataforma

En Doble L vinculan directamente la posibilidad de financiar esa diversificación con el negocio original de los biocombustibles. Kusznierz remarcó que los recursos generados dentro de ese sector permitieron sostener las inversiones destinadas a desarrollar nuevas alternativas industriales. “Todo esto es gracias al ecosistema del biodiesel, que es el que genera los flujos para hacer esta nueva inversión”, afirmó.

La compañía considera que su propio proceso de expansión muestra la capacidad que puede tener el negocio de los biocombustibles para derramar inversiones hacia otros eslabones industriales y generar nuevos productos a partir de la soja. Por eso, mientras termina de completar las obras menores de la planta de oleínas y busca consolidar los canales comerciales hacia Chile y Europa, la empresa también sigue de cerca la discusión regulatoria del sector.

“Somos defensores a ultranza de los biocombustibles y de una nueva ley que entendemos que va a potenciar las inversiones”, planteó Kusznierz. Y agregó: “Así como potenció las inversiones en Doble L, puede potenciar a todo el ecosistema de los biocombustibles”.

 

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