Gestión

Palabra de experto

Cuidado con la IA: las empresas alquilan conocimiento en cambio de generarlo

Sergio Somerville es consultor en IA del Banco Mundial.
Marianela Bocanegra

Sergio Somerville, especialista en Inteligencia Artificial y consultor del Banco Mundial, dejó una advertencia para los equipos de trabajo en transición.

Pagarle 100 dólares al mes a OpenAi uede ser un riesgo para las empresas, detectó Sergio Somerville, especialista internacional en inteligencia artificial y transformación digital, educador y empleado de una empresa contratista del Banco Mundial. El peligro que señala Somerville en este caso no se refiere a la entrega de datos: lo que dice el especialista es que las empresas que pagan por herramientas de inteligencia artificial sin más, están alquilando conocimiento sin desarrollar nuevas capacidades en sus equipos. Entonces -alerta el especialista- el día que GPT decida aumentar sus tarifas o restringir capacidad, las empresas podrían quedar cautivas. 

El ejemplo es cotidiano: una compañía contrata una suscripción a ChatGPT y sus empleados empiezan a resolver tareas con esa herramienta. Acceden a respuestas y análisis por una cuota mensual, pero eso no garantiza que incorporen lo aprendido: “Pero no estás traspasando ese conocimiento a tu fuerza laboral. Tu fuerza laboral sigue igual”, sostuvo.habló con Punto biz durante el Congreso ORP, organizado por La Segunda y la Fundación ORP en Metropolitano la semana pasada.

Para Somerville, generar capital intelectual propio exige capacitar a las personas para comprender cómo funciona la IA, reconocer sus límites y evaluar sus respuestas. “Están enseñando a sus funcionarios a usar herramientas de IA. No les están enseñando a entender la IA. Tienen que entender cómo piensa”, cuestionó sobre el enfoque que adoptan las empresas.

En el actual escenario, el especialista señala que aparecen los empleados y empleadores aumentados: personas cuyas capacidades se amplían gracias al acceso a inteligencia artificial. Un trabajador puede resolver problemas que antes quedaban fuera de su alcance, pero esa posibilidad también modifica lo que necesita de la organización. "Para los gerentes, el desafío será coordinar esas capacidades y conducir equipos que disponen de más información y recursos para discutir decisiones", dijo.

También cambiará la información con la que se administra un negocio. Según explicó, la planificación podrá ir más allá de las proyecciones de ingresos o las comparaciones de ventas entre un año y otro, para evaluar la calidad de las decisiones y del trabajo conjunto. Eso obligará a los directivos a interpretar información de otra naturaleza.

Consultado por un horizonte de cinco o diez años, acortó drásticamente la cuenta: “Los plazos son de aquí a fin de año, son a principios del próximo”. 

Dónde está el limite

"Estoy trabajando con 65 médicos en Argentina para encontrar el límite, para qué cosas no deberíamos usar IA. Entendimos que cuando lo que vamos a hacer impacta al ser humano, el mayor procentaje de la toma de decisiones debe estar a cargo de los humanos. El analisis de datos, el procesamiento de datos complejos, el diseño gráfico y cualquier tarea repetitiva se la podemos dar a la máquina. El problema es que a las personas les cuesta marcar el límite y terminan haciéndole preguntas sobre temas de salud, emocionales, y se guian por las respuestas de la maquina. Eso es preocupante. La IA no sabe lo que nosotros sentimos, no sabe lo que es un dolor estomacal o un mareo, y nunca va a saberlo", explicó.

El cambio también atraviesa las relaciones sociales: estudiantes que llegan al aula con respuestas elaboradas por IA y pacientes que contrastan el diagnóstico médico con lo que consultaron en el celular. Somerville describió un escenario en el que docentes, profesionales y organizaciones deberán interactuar con personas que acceden a capacidades antes reservadas a especialistas. A su entender, las estructuras actuales todavía no están preparadas para esa transformación.

“La IA es muy buena encontrando patrones que el humano no puede encontrar”, señaló al explicar por qué estas herramientas ganan espacio en tareas cada vez más complejas. Sin embargo, advirtió que una respuesta mejor presentada no elimina los sesgos y que algunas empresas ya delegan actividades que requieren criterio humano. Comprender cómo se producen esas respuestas será clave para decidir hasta dónde confiar en ellas.

Al abordar los riesgos de esa evolución, Somerville dejó su advertencia más fuerte: “La IA no nos va a matar directamente; va a hacer que nosotros nos matemos”. El especialista sostuvo que será muy difícil controlar sistemas capaces de generar conocimiento nuevo y resolver situaciones que los humanos no resuelven. Por eso ubicó al criterio humano en el centro de la discusión sobre hasta dónde delegar decisiones.

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