Negocios

Duplican ración

Compraron lote y cocinan un plan de u$s1 M para tener nueva planta

Patricio Dobal

Adquirió un lote en zona norte y proyecta desembolsar unos u$s750.000 para levantar un nuevo centro de producción. 

Luego de licitar la alimentación oficial en los Juegos Suramericanos en Rosario, la firma gastronómica General Food acelera su plan de expansión y ya le puso números al próximo gran salto de infraestructura. La compañía compró un terreno en la zona norte de Rosario y trabaja en el proyecto de una nueva planta elaboradora que demandará, entre inmueble, obra y equipamiento, una inversión estimada en u$s750.000. El desembolso se suma a un proceso de reinversión sostenido que la firma viene ejecutando durante los últimos años. 

En forma sostenida desde 2024, General Food destina aproximadamente el 20% de sus resultados a ampliar capacidad, incorporar vehículos, equipamiento y reforzar su estructura logística. “Venimos hace dos o tres años con una inversión constante de entre u$s200.000 y u$s300.000 por año”, señaló Ramiro Picó, titular de la firma, en contacto con Punto biz.

Contabilizando el proyecto que ahora está en carpeta, la apuesta de General Food supera u$s1 M desde 2024. El primer paso para la nueva planta ya está dado. La empresa desembolsó alrededor de u$s85.000 por un lote de 550 m2 ubicado a pocas cuadras de su actual centro de producción, en la zona de Carrasco y Travesía. La escritura se concretó entre abril y mayo de 2025. La adquisición marca un avance respecto del proyecto que Picó había anticipado a Punto biz en diciembre de 2024. En ese momento, General Food todavía estaba negociando la compra del inmueble y proyectaba levantar allí una planta que le permitiera duplicar su superficie productiva.

“En ese momento estábamos en negociaciones, pero todavía no lo habíamos comprado. Lo compré en abril de 2025”, recordó Picó. El proyecto se encuentra actualmente en etapa de factibilidad y análisis con constructoras. La intención del empresario es comenzar las obras en febrero y completar el traslado aproximadamente doce meses después.

“El proyecto es arrancar la obra en febrero y en doce meses estar mudados”, anticipó. Los números preliminares ya permiten dimensionar la apuesta. Picó calcula unos u$s500.000 para la obra civil y las instalaciones técnicas necesarias para producir alimentos. A eso habrá que agregar el terreno y nuevo equipamiento.

Más del doble de superficie

El salto no será solamente inmobiliario. Actualmente General Food dispone de unos 250 m2 productivos y la nueva planta tendrá aproximadamente 550 m2 destinados a elaboración. También habrá una fuerte ampliación de las áreas administrativas. Las oficinas pasarán de unos 60 m2 a alrededor de 200 m2.

“Hoy tenemos 250 metros productivos y nos vamos a ir a 550. De oficinas tenemos 60 y nos vamos a ir a 200”, detalló el titular de la firma. La expansión apunta a descomprimir una estructura que acompañó un fuerte crecimiento del negocio. En apenas dos años, la compañía pasó de operar dos comedores de fábrica a tener diez, mientras que su producción habitual prácticamente se duplicó.

Ese crecimiento ya había empezado a tomar velocidad a fines de 2024. Entonces, Punto biz contó que General Food había ampliado su centro de operaciones, incorporado mayor capacidad de frío y almacenamiento y sumado dos camiones refrigerados. GF Viandas, su división para raciones personalizadas, había incrementado más de 50% sus despachos diarios y la empresa atendía a más de 2.000 comensales por día en comedores de planta.

Desde entonces, la inversión no se detuvo. La compañía pasó de contar con un centro logístico a operar dos, amplió su flota hasta alcanzar ocho vehículos y montó un nuevo centro de distribución alquilado equipado con aproximadamente 200 m2 de instalaciones de frío, entre cámaras refrigeradas y de congelados.

El desafío de los Juegos

Todo ese despliegue terminó siendo decisivo para afrontar uno de los mayores desafíos operativos de la historia de General Food. La firma se hizo cargo vía licitación de buena parte de la alimentación de los Juegos Suramericanos. “Esto nos agarró bien parados. Nos surgió la oportunidad con un montón de decisiones ya tomadas, porque cuando nos enteramos de que habíamos ganado la licitación no hubiese habido tiempo para hacer ampliaciones de capacidad productiva”, explicó Picó.

Los Juegos llevaron la capacidad instalada prácticamente al límite. Una planta acostumbrada a elaborar alrededor de 1.800 raciones diarias pasó a sostener durante el evento un operativo de entre 7.000 y 8.000 comidas por jornada, contabilizando la atención de la villa y la alimentación del personal vinculado con la organización.

“Estamos entregando unas 6.000 comidas por día, más alrededor de 500 viandas para el comité organizador. Pasamos de producir 1.800 a estar en el orden de las 7.000 u 8.000”, explicó. Para poder responder, la planta trabaja en tres turnos y permanece operativa prácticamente durante toda la jornada.

“Hoy estamos al límite. Lo hicimos bien y lo estamos llevando adelante, pero estamos trabajando en tres turnos. La planta solamente no funciona cuatro horas al día: trabaja de cuatro de la mañana a doce de la noche”, señaló Picó.

La exigencia no termina en la cocina. General Food atiende la villa durante 20 días consecutivos y, al mismo tiempo, abastece los ocho clusters donde se desarrollan competencias y trabajan integrantes del comité organizador. La empresa debió reforzar personal en su planta central, conformar equipos específicos de cocina y movilizar parte de su estructura de personal eventual. La compañía cuenta además con unos 50 camareros que trabajan habitualmente en la división de catering y que pudieron ser incorporados rápidamente al operativo.

Pero el principal desafío, según Picó, estuvo en la logística. La infraestructura montada en la villa permite despachar y conservar alimentos, aunque no tiene capacidad suficiente para almacenar toda la producción necesaria. General Food organizó por eso un esquema prácticamente just in time, con comida que sale de la planta y llega lista para completar su preparación y consumo.

“Todo esto nos posibilitó llevar adelante un servicio que es más una cuestión de logística que de gastronomía. Y te diría que es logística de última milla”, definió. La experiencia funcionó así como una prueba de estrés para toda la infraestructura acumulada durante los últimos años. Y también terminó de confirmar que la planta actual tiene poco margen para absorber otro salto importante de actividad.

 

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