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Las razones

Baja la natalidad: ¿por qué los argentinos tienen menos hijos que antes?

Por Redacción

Una encuesta nacional midió cuánto pesan el empleo, la vivienda y el reparto de tareas al decidir sobre la crianza.

El deseo de tener hijos no desapareció, pero concretarlo choca cada vez más con restricciones económicas, laborales y de organización familiar. El 57% de las personas de 18 a 45 años todavía no alcanzó la cantidad de hijos que desearía tener y, entre quienes tuvieron menos de los planeados, las condiciones económicas y de cuidado explicaron el 62% de los casos.

Los datos surgieron de Deseos reproductivos en la encrucijada. Motivaciones y barreras para decidir en un contexto de baja natalidad en Argentina, la primera encuesta nacional de intenciones reproductivas desarrollada por el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) en Argentina junto con Voices!. El relevamiento se realizó entre enero y febrero de 2026 sobre 1.515 personas de 18 a 70 años de todas las regiones del país.

El estudio buscó mirar detrás de una tasa global de fecundidad que cayó hasta 1,2 hijos por mujer en 2024, por debajo del nivel de reemplazo poblacional de 2,1. En el prólogo del trabajo, Mariana Isasi, jefa de oficina de UNFPA Argentina, planteó que la baja natalidad no responde simplemente a un menor interés por formar una familia, sino también a condiciones económicas, laborales y de cuidado que limitan los proyectos reproductivos.

Primero, estabilidad

Cuando se consultó a quienes todavía no tienen hijos pero desean tenerlos qué condiciones quisieran alcanzar antes, la economía encabezó las respuestas. El 50% mencionó la seguridad económica, mientras que un 42% priorizó contar con una vivienda propia y otro 42% tener un trabajo estable. Más atrás aparecieron una pareja estable, con 34%, y un buen estado de salud, con 32%.

La tensión también atraviesa las trayectorias educativas y profesionales. El 41% de quienes actualmente tienen hijos señaló que tuvo que interrumpir sus estudios durante dos años o más por maternidad, paternidad o embarazo. Entre las mujeres, esa proporción trepó al 49%.

El relevamiento mostró además diferencias en la inserción laboral. Mientras el 68% de los varones encuestados realizaba un trabajo remunerado, entre las mujeres el porcentaje se ubicaba en 53%. Entre quienes trabajaban, el empleo a tiempo completo alcanzaba al 64% de los varones y al 40% de las mujeres, mientras que entre ellas tenían más peso las jornadas de medio tiempo y los trabajos esporádicos.

Las limitaciones financieras aparecieron como el motivo material más frecuente entre quienes tuvieron menos hijos de los que deseaban, con un 47% de menciones. Le siguieron la inseguridad laboral, con 29%; las dificultades para acceder a una vivienda, con 27%; y la falta de opciones de cuidado de calidad, con 11%.

Cuando el cuidado cae de un solo lado

La organización del hogar agregó otra capa al problema. Para familias con chicos menores de cuatro años, el 21% consideró ideal que la madre permanezca en el hogar mientras el padre trabaja a tiempo completo, y otro 26% eligió un esquema en el que el padre mantiene jornada completa y la madre trabaja medio tiempo. El patrón se sostuvo, con algunas variaciones, cuando los hijos alcanzan edad escolar.

La distribución efectiva de tareas mostró una brecha todavía mayor. El 62% de las mujeres con hijos indicó que se ocupa sola de bañarlos y vestirlos, el 61% de quedarse con ellos cuando se enferman y el 60% de llevarlos al médico. El informe remarcó que algunas de estas responsabilidades tienen capacidad directa de afectar las trayectorias laborales femeninas.

Ese reparto desigual también apareció al momento de explicar por qué no se concretaron los proyectos familiares. Entre las mujeres ganaron peso la dificultad para compatibilizar crianza y trabajo remunerado, la falta de tiempo y energía y la distribución de los cuidados. El bajo involucramiento de la pareja en las tareas domésticas y de crianza fue mencionado como motivo para tener menos hijos de los deseados por el 18% de las mujeres, frente al 7% de los varones.

Isasi señaló que la discusión sobre la baja natalidad no debería limitarse a contar nacimientos, sino también a analizar si las personas pueden decidir cuántos hijos tener y en qué momento. Bajo esa mirada, el informe puso el foco en una brecha que no depende exclusivamente de preferencias personales, sino también del empleo, los ingresos, la vivienda y la posibilidad concreta de repartir los cuidados.

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