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Economía

Señales de recuperación

Argentina: el PBI creció 4,4% en 2025

Argentina: el PBI creció 4,4% en 2025
Leonardo Piazza

En un contexto de mayor estabilidad macroeconómica, comienzan a delinearse condiciones más favorables para sostener la expansión en el mediano plazo.

La economía argentina cerró 2025 con una expansión del 4,4% del Producto Interno Bruto (PIB), ratificando un proceso de recuperación que se fue consolidando a lo largo del año. Este desempeño no solo refleja una mejora cuantitativa en el nivel de actividad, sino también un cambio cualitativo en la composición del crecimiento, con un mayor equilibrio entre sus distintos impulsores y señales incipientes de normalización macroeconómica.

En el cuarto trimestre del año, el PIB registró un incremento del 0,6% en términos desestacionalizados respecto del trimestre anterior, prolongando la fase expansiva hacia el cierre del período. En la comparación interanual, la actividad creció un 2,1%, lo que sugiere una trayectoria de crecimiento sostenido, aunque aún con espacio para acelerar en la medida en que se consoliden las condiciones macroeconómicas.

Informe de avance del nivel de actividad

Cuarto trimestre de 2025

Desde el enfoque de la demanda agregada, el desempeño del último tramo del año estuvo liderado por las exportaciones, que aumentaron un 5,0% en términos desestacionalizados. Este resultado confirma la creciente relevancia del sector externo como motor de crecimiento, en un contexto donde la mejora en los volúmenes exportados y la mayor competitividad de sectores clave —particularmente el agroindustrial y el energético— permitieron fortalecer la generación de divisas.

El consumo privado, principal componente de la demanda, también mostró una evolución favorable, con una suba del 1,7% en el trimestre. A nivel anual, representó el 70,0% del PIB a precios corrientes, consolidando su papel estructural en la economía argentina. Este comportamiento estuvo asociado a una gradual recomposición del ingreso real, una desaceleración relativa de la inflación hacia el cierre del año y una mejora progresiva en las condiciones de financiamiento para los hogares, factores que contribuyeron a sostener la demanda interna.

En paralelo, el consumo público registró una leve contracción del 1,0%, en línea con un proceso de ordenamiento fiscal. Lejos de constituir un factor negativo en términos estructurales, esta dinámica refuerza la consistencia macroeconómica, al contribuir a la reducción de desequilibrios y generar un entorno más previsible para las decisiones de inversión y consumo del sector privado.

En cuanto a la inversión, la formación bruta de capital fijo mostró una caída del 2,8% en el cuarto trimestre. Sin embargo, este comportamiento debe interpretarse dentro de un proceso de transición hacia un esquema macroeconómico más estable. La reducción de la incertidumbre, la normalización de precios relativos y la eventual baja del costo del financiamiento configuran un escenario potencialmente más favorable para la reactivación de la inversión en los próximos períodos, especialmente en sectores con alto potencial de crecimiento y exportación.

Desde la perspectiva de la oferta, el desempeño sectorial evidenció un claro liderazgo de actividades estratégicas. La intermediación financiera encabezó el crecimiento con una expansión interanual del 17,2%, reflejando una mayor profundización del sistema financiero, la expansión del crédito y una creciente sofisticación de los instrumentos de intermediación.

El sector agropecuario, con un crecimiento del 16,1%, se consolidó como uno de los pilares de la recuperación. La mejora en las condiciones climáticas respecto de ciclos anteriores permitió una fuerte recuperación en los niveles de producción, mientras que el contexto internacional acompañó con niveles de demanda que favorecieron las exportaciones del complejo agroindustrial.

Por su parte, la minería registró un incremento del 8,1%, impulsada por el avance de proyectos vinculados a recursos energéticos y minerales estratégicos. Este sector continúa posicionándose como un vector clave de crecimiento a futuro, tanto por su capacidad de generación de divisas como por su potencial de atracción de inversiones de largo plazo.
Si bien algunos sectores como la industria manufacturera (-5,0%) y el comercio mayorista y minorista (-2,2%) mostraron contracciones interanuales, estos desempeños se inscriben en un proceso de reconfiguración de la estructura productiva. La recomposición de precios relativos, la mayor integración al comercio internacional y los cambios en los patrones de consumo generan, en una primera etapa, ajustes sectoriales que podrían derivar en mejoras de competitividad en el mediano plazo.

Informe de avance del nivel de actividad

Año 2025

En este sentido, el patrón de crecimiento observado en 2025 comienza a mostrar señales de mayor diversificación, con un equilibrio incipiente entre el impulso del sector externo, la recuperación del consumo y el desarrollo de sectores estratégicos. Esta combinación resulta particularmente relevante en una economía históricamente condicionada por restricciones externas y desequilibrios macroeconómicos recurrentes.

Asimismo, la consolidación de un sendero de mayor estabilidad —reflejado en una política fiscal más ordenada, una desaceleración inflacionaria relativa y una mejora en las expectativas— contribuye a generar un entorno más propicio para la toma de decisiones de largo plazo. En este marco, la inversión privada aparece como el próximo componente clave para profundizar el proceso de expansión.

De cara a los próximos años, las perspectivas se presentan constructivas. La continuidad del dinamismo exportador, el potencial de sectores como la energía y la minería, y la progresiva normalización de las variables macroeconómicas configuran un escenario en el que la economía argentina podría sostener tasas de crecimiento positivas y avanzar hacia una estructura más robusta y resiliente.

En síntesis, el crecimiento del 4,4% en 2025 no solo marca un punto de recuperación, sino también el inicio de una etapa en la que la economía comienza a sentar bases más sólidas para un desarrollo sostenido, apoyado en una mayor diversificación de sus motores y en una mejora gradual de sus fundamentos macroeconómicos.

El desafío del programa económico será para este año 2026 que el crecimiento económico pueda derramar en todos los sectores de la economía, incluyendo las familias y las pymes que por ahora no están viendo la mejora del plan económico

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