Arrancaron produciendo 3.000 botellas que vendían en una vinoteca rosarina. Hoy producen 10 veces más y amplían su mapa comercial.
Una familia rosarina de tradición metalúrgica terminó llevando el apellido hasta Mendoza para probar suerte en un negocio que, hasta entonces, conocía solo desde el otro lado del mostrador. Bodega Familia Luparini lanzó su primera producción en 2024 con 3.000 botellas y hoy se ubica por encima de las 30.000, mientras extiende su distribución desde Rosario hacia distintos puntos de Santa Fe, Entre Ríos y Buenos Aires. El proyecto tiene a Alejandro Luparini como titular, pero detrás se mueve una estructura familiar que cruzó industria, vino, diseño y eventos para construir una marca propia.
Del taller al viñedo
La historia arrancó bastante lejos de una finca. Los Luparini vienen del rubro metalúrgico y todavía mantienen activa la fábrica que levantó Luis Luparini, abuelo de Alejandro, Mariela y Cristian. Fue Alejandro quien abrió una puerta distinta: coleccionista y aficionado al vino desde hacía años, se involucró en catas, viajes y recorridas por viñedos hasta asociarse para impulsar Catas de Garage, una vinoteca rosarina desde la que empezó a vincularse directamente con productores y propietarios de bodegas. “Poco a poco fue tejiendo redes, haciendo contactos y generando vínculos de confianza”, contó Mariela Luparini en diálogo con Punto biz. De uno de esos vínculos surgió la posibilidad de trabajar con enólogos mendocinos y avanzar, desde 2021, hacia una producción propia.
La primera botella llegó tres años después y tuvo poco de casualidad. Había pasado un año de la muerte de Luis y la familia decidió que la entrada al negocio funcionara también como homenaje. La línea se llamó El Inicio, llevó en el frente la ilustración de un herrero trabajando en la forja y sumó en la contraetiqueta la firma real del abuelo. “El trabajo, la solidaridad y el hacer las cosas con pasión y con amor vienen de sus valores”, explicó Mariela. La historia también recuperó a Nélida Luparini, su abuela, y encontró continuidad en Graciela Luparini, madre de los tres hermanos y a quien describieron como la figura que “nuclea” a la familia.
El modelo de negocios boutique
De aquellas primeras 3.000 unidades, la producción pasó a superar las 30.000 botellas, aunque sin abandonar el esquema de lotes acotados. Las uvas provienen de Los Chacayes, en Valle de Uco, y todo el proceso productivo se realiza en Mendoza: allí se hacen los cortes, la elaboración, la guarda y el embotellado. La familia no compró una planta propia, sino que trabaja sobre instalaciones alquiladas, una decisión que le permitió ingresar al negocio sin cargar con el costo de montar infraestructura vitivinícola desde cero. “Sale muy costoso producir a poca escala, pero apuntando a un vino de gran calidad”, resumió Mariela.
El modelo comercial también puso un límite deliberado a la expansión. El vino terminado llega desde Mendoza y pasa a distribuidoras, que abastecen vinotecas y otros puntos de venta. El proyecto comenzó concentrado en Rosario y después avanzó sobre el resto de Santa Fe, Entre Ríos y algunas zonas de Buenos Aires. “Si te expandís demasiado pronto, no es tan fácil llegar a cubrir la demanda”, explicó Luparini. La lógica responde al perfil boutique que eligieron para la marca, con producciones menores y tiempos de elaboración más largos. Actualmente, las botellas se mueven en un rango aproximado de entre $17.000 y $25.000.
Una empresa con apellido
Aunque Alejandro tiene la titularidad y conduce el negocio, el armado se reparte puertas adentro. Mariela, productora de eventos por fuera de la bodega, asumió como directora creativa y quedó al frente de la identidad gráfica y del relato de marca; Cristian Luparini acompaña el proyecto y Graciela participa de las decisiones familiares. Esa lógica terminó trasladada al portfolio. Después de El Inicio apareció El Progreso, pensado alrededor de la idea de avanzar y apostar al futuro, y luego El Éxito, un nombre que la familia buscó despegar exclusivamente del resultado económico. “Es también la fortuna de poder hacer esto juntos, estar unidos, tener salud y que nuestros hijos crezcan con amor”, señaló Mariela.
Mariela es también la organizadora, a través de Polvo, su productora, de Tinto Festival, encuentro que nació alrededor de los aniversarios de Catas de Garage y fue creciendo hasta convertirse en un evento independiente. La quinta edición se realizará el 4 de septiembre en el CEC y Familia Luparini estará entre las bodegas participantes, cerrando un círculo que empezó con Alejandro probando vinos, siguió detrás del mostrador de una vinoteca y terminó con etiquetas propias elaboradas a más de 800 kilómetros de Rosario. Mientras tanto, la familia ya trabaja sobre otra etapa de la colección, de la que todavía no se pueden brindar detalles.
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