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Cambio de tendencia

Del jardín al ascensor, el mercado inmobiliario vuelve a mirar a Rosario

Del jardín al ascensor, el mercado inmobiliario vuelve a mirar a Rosario
Ariel Echecury

El auge de las casas con jardín y de los barrios cerrados marcó el mercado entre 2020 y 2023. Hoy, la ciudad recupera protagonismo entre quienes buscan dónde vivir. 

Entre 2020 y 2023, la pandemia primero y la inseguridad después aceleraron un fenómeno que ya venía insinuándose: familias que vendían su departamento para mudarse a una casa con jardín, pileta y escritorio en Funes, Roldán, Pueblo Esther o Ibarlucea. El objetivo era ganar metros cuadrados y calidad de vida, mientras el trabajo remoto hacía que vivir a 20 o 30 kilómetros de la oficina dejara de ser un problema. Seis años después, la tendencia volvió a moverse.

No significa que los barrios abiertos o countries hayan dejado de ser atractivos ni que el crecimiento del área metropolitana haya terminado. Lo que cambió fue la ecuación que hacen quienes buscan una vivienda. Y esa nueva cuenta vuelve a favorecer a Rosario. "Durante la pandemia el espacio pasó a ser la prioridad absoluta. Hoy pesan mucho más el tiempo, los servicios y la cercanía con las actividades cotidianas", resume José Ellena, vicepresidente del Colegio de Corredores Inmobiliarios de Rosario.

La pandemia modificó por completo la forma de vivir. Tener jardín, pileta o un quincho justificaba largos traslados que, en muchos casos, ni siquiera existían porque la jornada laboral transcurría desde la propia casa.

Pero el escenario volvió a cambiar. La presencialidad regresó, aunque sea parcialmente, y muchas empresas dejaron atrás el home office pleno para adoptar esquemas híbridos. El resultado fue que el tiempo volvió a convertirse en un activo valioso. "Cuando me mudé a Ibarlucea tardaba unos 25 minutos en llegar al centro. Hoy necesito casi el doble. El crecimiento del tránsito y la falta de infraestructura hacen que muchas familias vuelvan a preguntarse si vale la pena vivir tan lejos", señala Ellena.

Mantener una vivienda grande implica gastos de jardinería, pileta, seguridad, combustible, mantenimiento y servicios que hoy pesan mucho más sobre el presupuesto familiar.

Diego Ferreyra, titular de Diego Ferreyra Bienes Raíces, observa el mismo fenómeno en las consultas que recibe a diario. "Hay una tendencia puntual de familias que fueron a vivir a ciudades periféricas y ahora optan por regresar a Rosario. La mayoría sigue teniendo que venir todos los días por trabajo o por educación y la pérdida de tiempo en los traslados, sumada al costo de mantener dos autos por hogar, terminó convirtiéndose en un factor determinante para muchas familias de clase media", explica.

A esa variable se suma otra igual de importante como la logística familiar. Los hijos crecieron, empezaron las actividades deportivas, los clubes siguen concentrados mayoritariamente en Rosario y la oferta educativa continúa siendo mucho más amplia dentro de la ciudad.

"Hay mucha gente que se fue con chicos pequeños y hoy tiene adolescentes. Ahí cambia completamente la dinámica familiar. Ya no alcanza con tener parque; empieza a importar cuánto tiempo se pasa arriba del auto", explica Ellena.

Ferreyra coincide y agrega otro elemento que empieza a pesar en la balanza. "La escasez de transporte público metropolitano y la menor oferta educativa fuera de Rosario hacen que muchas familias vuelvan a mirar la ciudad. Cuando los chicos crecen aparecen otras necesidades y vivir cerca de los colegios, los clubes o las actividades cotidianas vuelve a ser una ventaja."

La casa soñada también cuesta

El bolsillo terminó de inclinar la balanza. Alejandro Bassini recuerda que durante la pospandemia muchos propietarios vendieron departamentos heredados o inmuebles destinados a renta para financiar la construcción de una casa. "Muchísima gente vendió ese departamentito que tenía alquilado y se hizo una casa con quincho y pileta. Era el proyecto de vida de ese momento", cuenta.

Sin embargo, con el correr de los años aparecieron costos que pocos habían incorporado en la ecuación. Mantener una vivienda grande implica gastos de jardinería, pileta, seguridad, combustible, mantenimiento y servicios que hoy pesan mucho más sobre el presupuesto familiar.

"El problema ya no es cómo irse a vivir afuera. En muchos casos, el problema pasó a ser cómo sostener esa decisión", resume el corredor. Incluso aparecen situaciones impensadas hace algunos años. Bassini menciona familias que construyeron grandes casas en localidades vecinas pero hoy, con hijos adolescentes que estudian, hacen deportes y tienen vida social en Rosario, terminan pasando buena parte de la semana nuevamente en departamentos dentro de la ciudad.

Ese cambio de prioridades ya empieza a verse en las operaciones. Los corredores coinciden en que barrios tradicionales recuperaron protagonismo entre quienes buscan vivienda permanente. Lourdes, Martín, Abasto y también Luis Agote aparecen otra vez entre las zonas más consultadas.

En algunos casos pesa la cercanía con el centro y con Puerto Norte. En otros, la posibilidad de encontrar propiedades usadas a valores que todavía ofrecen margen para reciclarlas. "Hoy todavía se consiguen departamentos muy amplios en Barrio Martín para refaccionar, con excelente ubicación y todos los servicios. Son oportunidades que vuelven a despertar interés", sostiene Bassini.

En Luis Agote ocurre algo similar. El corredor asegura que varias de sus últimas operaciones fueron en ese barrio, donde todavía pueden encontrarse casas a valores inferiores a los de otras zonas consolidadas, pero con una ubicación estratégica a pocos minutos del centro y de Puerto Norte.

Para Ferreyra, el regreso a Rosario también revalorizó otros sectores de la ciudad. "Fisherton volvió a convertirse en una alternativa muy fuerte para quienes buscan seguir viviendo en una casa, pero sin resignar servicios, transporte y cercanía. Hoy, en muchos casos, ofrece valores más convenientes que Funes, Roldán, Ibarlucea o Pueblo Esther", asegura.

El corredor también detecta un renovado interés por el mercado de usados. "Los departamentos en Barrio Martín y en el centro siguen ofreciendo precios competitivos. Hay compradores que prefieren invertir en reciclar una buena propiedad antes que asumir los costos de una mudanza a las afueras", apunta.

Ellena agrega a la infraestructura como otro factor de peso. "Rosario ofrece agua, cloacas, transporte, comercios, centros de salud y una oferta de servicios muy difícil de igualar. Ese diferencial volvió a pesar en la decisión de compra", afirma el vicepresidente de los corredores.

Un nuevo mapa, no un ganador

Los especialistas aclaran que no se trata del fin del boom de Funes ni de una mudanza masiva de regreso. La expansión del área metropolitana continúa y la demanda por barrios abiertos y cerrados sigue vigente.

De hecho, Ferreyra aclara que las ciudades vecinas siguen siendo una excelente opción para muchas familias. "Quienes cuentan con dos vehículos y están dispuestos a asumir los traslados diarios continúan encontrando una muy buena calidad de vida fuera de Rosario. Lo que cambió es que ya no es la mejor respuesta para todos", apunta.

Si hace cinco años la prioridad era escapar del departamento para ganar espacio, hoy la calidad de vida también se mide en minutos de viaje, cercanía con el trabajo, los colegios, los clubes, los comercios y la vida social.

Después del auge del jardín, la pileta y el home office, el mercado inmobiliario volvió a poner en valor un activo que parecía haber quedado relegado: vivir cerca de todo. Rosario no reemplazó a Funes ni a Roldán. Simplemente volvió a competir. Y para un número cada vez mayor de compradores, esa diferencia pesa.

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