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Negocios

La nueva postal

Del fracaso de La Favorita a la invasión de bazares, ¿qué pasó con el centro?

Del fracaso de La Favorita a la invasión de bazares, ¿qué pasó con el centro?
Ariel Echecury

La caída del proyecto que buscó devolverle brillo al edificio más emblemático de Rosario reabre el debate sobre el futuro del microcentro. 

Cuando La Favorita reabrió sus puertas, muchos imaginaron que podía convertirse en el símbolo de la recuperación del centro rosarino. El regreso del edificio más emblemático de la ciudad aparecía como una señal de renacimiento para una zona golpeada por la pandemia, la inseguridad y los cambios en los hábitos de consumo. Tres años después, el experimento llega a su fin.

El cierre del emprendimiento, previsto para fines de junio, deja algo más que un edificio vacío en la esquina de Córdoba y Sarmiento. Expone una realidad más profunda: el centro de Rosario ya no es el mismo y todavía no encuentra una nueva identidad.

La postal actual de las peatonales muestra un fenómeno difícil de ignorar. Allí donde durante décadas se concentraban las grandes marcas y los comercios tradicionales, hoy proliferan bazares, locales de precios bajos y una creciente cantidad de persianas cerradas. La transformación es tan evidente que ya genera una pregunta recurrente entre comerciantes, desarrolladores e inversores: ¿qué hacemos con el centro?

El centro dejó de ser imprescindible

Para Ariel Secondo, titular de la consultora MEC, la explicación va mucho más allá del fracaso de un emprendimiento puntual. "Antes la gente venía al centro para hacer trámites, ir al banco, atenderse con médicos o realizar compras. Hoy gran parte de esas actividades se descentralizaron o se digitalizaron", explicó.

La expansión del home banking redujo drásticamente la necesidad de visitar sucursales. Los organismos públicos digitalizaron buena parte de sus trámites. Los centros médicos comenzaron a instalarse en barrios y localidades vecinas. Y el comercio electrónico terminó de modificar los hábitos de consumo. En otras palabras, el centro perdió parte de las razones que históricamente justificaban el flujo masivo de personas.

"La gente ya no viene al banco. Tampoco necesita venir al municipio. Incluso la salud se descentralizó. Entonces hay menos circulación y menos oportunidades para el comercio tradicional", sostuvo.

Para Secondo, el caso de La Favorita es un ejemplo de una estrategia mal calibrada. "Se pensó que recuperar un edificio muy querido por los rosarinos iba a alcanzar para atraer público. Y la gente fue, pero fue a conocerlo. Después volvió a su casa. Si la propuesta comercial no es atractiva ni está integrada al resto del centro, el efecto dura poco", señaló.

Desde esa mirada, el problema no fue únicamente económico. "No es cierto que el proyecto fracasó porque la economía no acompañó. Hubo una mala lectura del mercado y de lo que necesitaba la zona", agregó. La reapertura generó expectativa, visitas y repercusión mediática, pero nunca logró consolidarse como un verdadero polo de atracción comercial.

El avance de los bazares

Mientras las grandes marcas migraron hacia shoppings o corredores específicos, las peatonales comenzaron a llenarse de otro tipo de oferta. Bazares, tiendas multiproducto y comercios de bajo costo ocuparon cada vez más espacios.

No se trata solamente de una cuestión de origen de los propietarios o de formatos comerciales importados. Para los especialistas, detrás del fenómeno existe una lógica económica más profunda. Durante los años posteriores a la pandemia surgieron cientos de pequeños emprendimientos impulsados por personas que buscaban generar ingresos propios frente a un mercado laboral más complejo. Muchos de ellos terminaron funcionando como alternativas de autoempleo.

"Hay una enorme cantidad de proyectos que nacen con cierta innovación o novedad, pero que en realidad tienen poca escala y escasas posibilidades de crecimiento. Apenas aparecen, se ponen de moda, pero después encuentran rápidamente sus límites", explicó Secondo. 

La consecuencia es una oferta cada vez más homogénea. "En una misma zona aparecen cinco cafés de especialidad, cuatro locales de estética o varios negocios similares. Cuando todos hacen lo mismo, el mercado termina ajustando", afirmó.

Una ciudad con nuevos centros

La transformación comercial también coincide con el crecimiento de otros polos urbanos. Funes y Roldán concentran inversiones inmobiliarias, gastronómicas y comerciales de gran escala. Pichincha consolidó su perfil gastronómico y cultural. Echesortu y avenida San Martín, en la zona sur, muestran una actividad sostenida. El Abasto empieza a desarrollar una identidad propia.

Al mismo tiempo, los grandes centros comerciales también se reconfiguran. Alto Rosario continúa siendo uno de los principales polos de consumo del interior del país, mientras Portal Rosario busca reinventarse con nuevas propuestas comerciales y de entretenimiento. En ese contexto, el centro dejó de ser el único lugar donde ocurren las cosas. "La ciudad se volvió policéntrica. Hoy aparecen distintos focos de actividad y eso obliga al centro a competir", resumió Secondo.

La excepción que confirma la regla

En medio de un panorama desafiante existe una contracara llamativa: Paseo del Siglo. Mientras las peatonales muestran dificultades para sostener la ocupación de locales, el corredor comprendido entre Córdoba, Oroño y Santa Fe mantiene una dinámica mucho más saludable. "Le va bien porque encontró una propuesta acorde a su público. No compite directamente con los grandes shoppings sino que los complementa", explicó el consultor. La clave, según su análisis, es la construcción de identidad.

Algo similar ocurrió en Pichincha, donde comercios, gastronomía y actividades culturales terminaron conformando un verdadero distrito urbano. "Hay muchas cosas interesantes pasando en Rosario, pero están desarticuladas. Falta una estrategia que las conecte", sostuvo.

¿Cómo se recupera el centro?

La pregunta aparece inevitablemente después del cierre de La Favorita. Para Secondo, la respuesta no pasa únicamente por atraer nuevos comercios. El desafío es volver a generar motivos para que las personas quieran vivir, trabajar, recorrer y permanecer en el centro.

Entre las medidas que considera necesarias aparecen incentivos fiscales para la renovación de edificios antiguos, facilidades para la reconversión de oficinas obsoletas y políticas que promuevan nuevas inversiones residenciales.

Como referencia menciona la experiencia de Montevideo, donde distintos programas de exención impositiva impulsaron la recuperación de edificios históricos y la llegada de nuevos desarrollos inmobiliarios al casco urbano. "Hay que estimular la renovación del stock edilicio. Muchos edificios de oficinas responden a otra época y necesitan transformarse para seguir siendo competitivos", señaló.

 

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