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Economía

Nuevas reglas de juego

Bancos y fintechs dejan de competir y empiezan a mezclarse

Bancos y fintechs dejan de competir y empiezan a mezclarse
Patricio De Gaetano

Fintech, pagos digitales, tokenización e IA aceleran una transformación que ya impacta en empresas, usuarios y sectores productivos.

Durante años, el sistema financiero se apoyó sobre una lógica estable, sucursales, productos tradicionales, cuentas, créditos, inversiones y una relación directa entre entidades y clientes. Pero ese modelo empezó a cambiar de manera acelerada. Hoy, buena parte del negocio financiero también se juega en billeteras virtuales, plataformas digitales, marketplaces, aplicaciones de pago, fintech y ecosistemas tecnológicos.

El fenómeno no se limita a una mejora de canales. No se trata solo de hacer por celular lo que antes se hacía en una sucursal. La transformación es más profunda: cambia la forma en que circula el dinero, se otorgan créditos, se procesan pagos y se conectan las necesidades de financiamiento con nuevas fuentes de valor.

En ese mapa aparecen conceptos que hasta hace poco sonaban lejanos para la economía real: finanzas embebidas, tokenización de activos, open finance, inteligencia artificial y plataformas interoperables. La novedad es que esas herramientas ya empiezan a meterse en sectores concretos como agro, pymes, energía, minería, real estate y servicios.

Hernán Sefusatti, presidente del Banco Coinag, dialogó con Punto biz y ubicó este proceso dentro de una transformación más amplia del sistema financiero. “Coinag nació desde el interior, con una fuerte relación con el agro. Muchas de sus sucursales estuvieron ubicadas en zonas productivas y vinculadas al cordón agroexportador”, señaló.

Ese origen productivo funciona como punto de partida para leer un cambio mayor: las entidades que nacieron cerca de empresas, productores y economías regionales enfrentan ahora el desafío de seguir entendiendo esas necesidades, pero con herramientas tecnológicas capaces de operar a otra escala.

“En los últimos años sumamos una vertical de innovación y nuevas tecnologías, lo que nos permitió estar entre los líderes de las finanzas tecnológicas a nivel nacional”, indicó. Y agregó: “Comenzamos a desarrollar esto hace más de diez años. Vamos hacia un proceso de digitalización cada vez más profundo”.

Hernán Sefusatti (Banco Coinag)

La irrupción fintech fue uno de los grandes puntos de quiebre. Lo que al principio muchos bancos miraron como una amenaza, con el tiempo empezó a convertirse en una oportunidad de integración. Las fintech aportaron velocidad, experiencia de usuario y capacidad para crear productos simples; los bancos conservaron infraestructura, regulación, conocimiento del riesgo y llegada a segmentos productivos.

“Cuando aparecieron las fintech, donde muchos veían una amenaza, nosotros vimos una oportunidad”, remarcó. “Creamos nuestra propia fintech, que nos permitió llegar a muchas empresas que, en otras circunstancias, hubiera sido impensado que operaran con nuestra entidad”, agregó.

Esa mirada ayuda a explicar uno de los fenómenos centrales de la nueva etapa: la frontera entre bancos y fintech se vuelve cada vez más porosa. En la práctica, los servicios financieros empiezan a circular dentro de plataformas no financieras, aplicaciones de consumo masivo, sistemas de gestión empresarial y canales digitales que el usuario ya utiliza en su vida cotidiana.

A eso se lo conoce como finanzas embebidas: pagos, cuentas, créditos, inversiones o servicios financieros integrados en entornos que no necesariamente nacieron como bancos. “Hoy, las finanzas embebidas son el alma máter de la banca”, sostuvo. Para el ejecutivo, el futuro no pasa por enfrentar bancos contra fintech, sino por construir modelos de colaboración donde cada actor aporte infraestructura, escala, tecnología o capilaridad.

La escala de estos nuevos flujos ya no es marginal. El titular de Coinag mencionó que plataformas apoyadas en infraestructura tecnológica del banco superan los 11 millones de cuentas CVU y registraron más de 110 millones de operaciones en un mes. “Eso habla a las claras de que estamos convencidos de ese modelo”, afirmó.

La transformación también impacta sobre la economía real. En sectores como agro, energía, minería, real estate o pymes, el financiamiento sigue siendo una demanda central. Pero las herramientas para responder a esa necesidad empiezan a cambiar: la digitalización permite acelerar procesos, ampliar canales, mejorar la trazabilidad y diseñar productos más ajustados a cada actividad.

En paralelo, la tokenización empieza a abrir otra puerta. A diferencia de las criptomonedas entendidas como inversión especulativa, apunta a representar digitalmente activos reales o financieros: bienes agropecuarios, inmuebles, contratos, créditos u otros instrumentos vinculados a la producción. “La tokenización es central”, definió. Según sostuvo, la entidad que preside “fue la primera entidad financiera en comercializar activos tokenizados”, en ese caso vinculados a activos agropecuarios. “Ahora estamos trabajando en la tokenización de inmuebles y activos inmobiliarios”, añadió.

Pero la tecnología no resuelve todo por sí sola. A medida que los procesos se automatizan y los servicios financieros ganan velocidad, también crece la necesidad de confianza. “La tecnología por sí misma no es un valor. En el último cuarto de milla tiene que haber una persona humana”, advirtió. Y completó: “El algoritmo no puede reemplazar el criterio y la velocidad no puede reemplazar la confianza”.

Ese punto atraviesa también a la inteligencia artificial. Aplicada a procesos internos, análisis de riesgo, atención al cliente o diseño de productos, la IA puede mejorar la eficiencia del sistema financiero. “Trabajamos mucho en la reingeniería de procesos basados en inteligencia artificial”, indicó. En ese sentido, explicó que así como hace más de diez años el banco creó un comité de innovación, ahora cuenta con un comité de inteligencia artificial.

El futuro del sistema financiero no parece estar definido por una ruptura total entre bancos y fintech, sino por una convergencia. Entidades reguladas, empresas tecnológicas, plataformas digitales y sectores productivos empiezan a compartir infraestructura, datos, canales y productos. En ese cruce se están formando los nuevos flujos de valor.

La banca que viene no será necesariamente la que tenga más sucursales, más tamaño o más historia, sino la que logre combinar tecnología, confianza y conocimiento del cliente. “El banco del futuro, o el banco con más futuro, no es el más grande, sino aquel que entiende realmente a quien tiene sentado enfrente y se anima a innovar para darle una solución a su medida”, concluyó.

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