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Llega al mercado argentino una impresora que hace paredes de hormigón en 48 h

Por Redacción

La tecnología española promete reducir hasta 40% los costos de construcción. Ya se utilizó en Brasil. ¿Cuánto cuesta?

La empresa española Cosmos 3D busca desembarcar en Argentina antes de fin de año con una tecnología capaz de fabricar los muros de una vivienda de 120 m² en apenas 48 horas. La máquina cuesta alrededor de u$s800.000 y promete reducir los tiempos y costos de construcción mediante un sistema de impresión 3D que ya se utilizó en Brasil.

A diferencia de otras impresoras que trabajan directamente sobre el terreno, el equipo permite producir paredes de hormigón en una planta y trasladarlas posteriormente al lugar donde se levantará la vivienda. La propuesta apunta a constructoras y desarrolladoras que buscan industrializar sus procesos y ejecutar proyectos a mayor escala.

Las 48 horas corresponden exclusivamente a la impresión de los muros, no a la construcción completa de la casa. Una vez fabricadas las piezas, deben atravesar un proceso de curado antes de ser transportadas y montadas. Después se incorporan techos, aberturas, instalaciones y terminaciones.

La tecnología ya cuenta con antecedentes de distintas dimensiones en el mercado brasileño. En São Simão, estado de San Pablo, se utilizó para construir viviendas sociales de 58 m², mientras que en Nova Lima, Minas Gerais, se aplicó a una residencia de 420 m². También se desarrolló una casa de 270 m² cuyas etapas posteriores a la fabricación de los muros demandaron unos 20 días, de acuerdo con los datos de la compañía.

Cuánto cuesta y qué ahorro promete

Según publicó Clarín, la inversión inicial para adquirir la impresora ronda los u$s800.000, sin contemplar impuestos ni gastos aduaneros. Por ese motivo, el negocio está orientado principalmente a empresas constructoras y desarrolladores con suficiente volumen de proyectos para amortizar el equipamiento.

La firma estimó que el sistema puede generar ahorros de entre 30% y 40% frente a los métodos tradicionales en desarrollos de escala. La reducción provendría de una menor necesidad de tareas manuales, tiempos de ejecución más cortos y una planificación anticipada de las instalaciones eléctricas y sanitarias.

El funcionamiento comienza con un diseño digital que establece las dimensiones y características de cada pared. A partir de ese modelo, la impresora deposita sucesivas capas de un material a base de hormigón hasta completar la estructura. Al trabajar en un entorno controlado, la fabricación depende menos de las condiciones climáticas y permite organizar la producción de distintas viviendas desde una misma instalación.

Otra de sus particularidades es que los espacios destinados a cañerías, conexiones eléctricas y otros servicios pueden incorporarse desde el diseño, evitando parte de las intervenciones posteriores sobre las paredes. Además de viviendas, el equipo sirve para fabricar componentes prefabricados y piezas modulares destinadas a otros proyectos de infraestructura.

Sin embargo, todavía no existen datos de obras ejecutadas con esta tecnología en Argentina que permitan comprobar los porcentajes de ahorro proyectados. Los costos finales dependerán del precio de los materiales, el transporte, las terminaciones, la carga impositiva y la cantidad de unidades producidas.

Los antecedentes argentinos

La impresión 3D aplicada a la construcción no es completamente nueva en el país. Grondplek, empresa cofundada por Mateo Salvatto, trabaja con tecnología de la danesa Cobod, aunque utiliza un sistema diferente: una impresora de grandes dimensiones que fabrica las estructuras directamente sobre el terreno.

También existen desarrollos nacionales, como Barrobot, creada por Agustín Gore y Gustavo Mutio en San Javier, Córdoba. Su máquina utiliza una mezcla de tierra, arena y fibras vegetales para imprimir paredes y tiene capacidad para ejecutar construcciones de hasta 80 m².

En el caso de Cosmos 3D, las negociaciones buscan concretar la llegada del primer equipo al mercado argentino antes de que termine 2026. El desembarco todavía está pendiente y su competitividad frente a la construcción tradicional deberá evaluarse con proyectos locales.

Más allá de la velocidad de impresión, el principal desafío será comprobar si una inversión de u$s800.000 puede traducirse en viviendas más económicas y plazos de entrega competitivos dentro del mercado argentino.

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