Por Redacción
El Cepa detectó récords en bancos y billeteras, fuerte impacto entre jóvenes y presión creciente sobre las empresas.
El Centro de Economía Política Argentina (Cepa) publicó el informe Endeudamiento y mora en familias y empresas, elaborado a partir de información del Banco Central de la República Argentina (BCRA) y del procesamiento de la Central de Deudores (Cendeu). El documento, que no individualizó autores, analizó el deterioro del crédito hasta mayo de 2026 y trazó un mapa por tipo de entidad, provincia, edad, género y actividad económica.
La morosidad mide qué porcentaje de los créditos acumula atrasos superiores a 90 días y presenta riesgo de incobrabilidad. Para contabilizar a los deudores, el estudio tomó la situación de mayor riesgo registrada para cada CUIT, incluso cuando una misma persona mantenía préstamos con distintas entidades.
Una escalada que acumuló 19 meses
La morosidad del sector privado con entidades financieras alcanzó el 7,6% en mayo de 2026, el valor más alto de las últimas dos décadas. El indicador acumuló 19 meses consecutivos de aumentos desde octubre de 2024, cuando se ubicaba en 1,5%.
El deterioro fue mucho más pronunciado entre las familias. En ese segmento, la irregularidad de los créditos bancarios saltó del 2,5% al 12,3%. Entre las empresas, en tanto, pasó del 0,7% al 3% durante el mismo período.
Los atrasos de los hogares se concentraron principalmente en préstamos personales y tarjetas de crédito. Ambos instrumentos explicaron el 73% de toda la cartera irregular en abril, último mes con información desagregada por línea.
La mora en préstamos personales llegó al 14,9%, frente al 3,3% registrado en octubre de 2024. El saldo impago ascendió a $3,2 billones. En tarjetas de crédito, la irregularidad avanzó del 1,6% al 12,5% y acumuló $2,8 billones.
El nivel de incumplimiento bancario de las familias quedó en su punto más alto desde la salida de la crisis de 2001, aunque todavía por debajo del pico del 32,7% registrado en septiembre de 2003.
El mayor deterioro apareció en las billeteras
El escenario resultó más crítico entre los proveedores no financieros de crédito, un universo que incluye billeteras virtuales, fintech y otras compañías que prestan dinero fuera del sistema bancario tradicional.
La mora de las familias con estas entidades pasó del 7,3% en noviembre de 2024 al 29,6% en mayo de 2026. Así, superó el anterior máximo del 27,1% alcanzado durante la parálisis económica de mayo de 2020.
Al contemplar en conjunto los bancos y los proveedores no financieros, el Cepa estimó que la morosidad de los hogares se ubicó alrededor del 15,5%.
El informe aclaró que las billeteras parten habitualmente de niveles de irregularidad más elevados porque ofrecen créditos a tasas superiores, una herramienta utilizada para cubrir el mayor riesgo de incobrabilidad. Sin embargo, también encontró que el deterioro de sus carteras avanzó prácticamente en simultáneo con el registrado por los bancos.
Casi 6 millones de personas con atrasos
En mayo, 20,9 millones de personas mantenían deudas con bancos, billeteras virtuales o con ambos tipos de entidades. De ese universo, 5,8 millones estaban en situación de mora.
Más de la mitad de los casos correspondía a personas endeudadas exclusivamente con proveedores no financieros. Ese grupo alcanzó los 3,4 millones. Otras 1,3 millones registraban atrasos únicamente con bancos y 1,1 millones tenían deudas irregulares en ambos circuitos.
La cantidad total de morosos creció un 76% frente a febrero de 2024, cuando sumaba 3,3 millones. El aumento fue considerablemente mayor que el del universo total de deudores, que avanzó un 8,1% durante el mismo período.
Al mismo tiempo, cayó de 9 millones a 7,3 millones la cantidad de personas financiadas exclusivamente por bancos. En cambio, quienes utilizaban únicamente proveedores no financieros aumentaron de 4,8 millones a 6,4 millones.
Para el Cepa, estos movimientos mostraron que los bancos achicaron su cartera de clientes mientras una parte de la demanda de financiamiento se trasladó hacia las billeteras virtuales.
Una cartera que podría seguir empeorando
El desglose por niveles de riesgo mostró que $6,66 billones estaban clasificados en situación 4, correspondiente a deudores con alto riesgo de insolvencia. De ese monto, $4,9 billones se encontraban en bancos y $1,75 billones en billeteras virtuales.
Otros $4,08 billones permanecían en situación 3, que comprende créditos con problemas o riesgo medio.
La categoría más crítica, denominada situación 5 o irrecuperable, acumuló $3,45 billones. A diferencia de los tramos anteriores, el 66,5% de ese stock correspondía a proveedores no financieros y el 33,5% restante a bancos.
También aparecieron señales de alerta entre los créditos que todavía no ingresaron formalmente en mora. La situación 2, que requiere seguimiento especial pero presenta un riesgo más bajo, concentró $4,14 billones. Casi el 80% estaba dentro del sistema bancario.
El Cepa advirtió que, si continuaban las dificultades para pagar, una parte de esos saldos podía trasladarse hacia las categorías de mayor riesgo durante los meses siguientes.
Los bancos se retrajeron y las billeteras ocuparon el espacio
Entre abril y mayo, los bancos redujeron en $3,37 billones el stock de préstamos en situación normal, medido a valores constantes. En paralelo, las billeteras virtuales lo incrementaron en $3,4 billones.
La misma dinámica se observó en la cantidad de usuarios. Los deudores bancarios sin atrasos disminuyeron en 594.395, mientras que los correspondientes a proveedores no financieros aumentaron en 610.346.
El informe consideró probable que algunas familias hubieran recurrido a préstamos digitales para cancelar obligaciones bancarias, en un contexto en el que las entidades tradicionales endurecieron sus condiciones para volver a prestar.
Dentro de las billeteras virtuales también crecieron todas las categorías de riesgo. Solo durante mayo, el saldo de préstamos en situación 4 aumentó $297.256 M. A su vez, la cantidad de personas en situación 5 sumó otros 387.468 casos.
Santa Fe quedó entre las provincias con menor mora
El mapa federal mostró grandes diferencias. La Rioja registró el nivel de morosidad más elevado, con el 22,8% del crédito total. Le siguieron San Luis, con el 20,1%, y Catamarca, con el 20%.
En el otro extremo aparecieron La Pampa, con una irregularidad del 9,1%, la Ciudad de Buenos Aires, con el 10,1%, y Santa Fe, con el 12,4%.
En territorio santafesino, la mora alcanzó el 9,3% entre los préstamos bancarios y trepó al 24,2% en los otorgados por billeteras virtuales y otros proveedores no financieros.
El 24,9% de los santafesinos con algún crédito registraba atrasos. La proporción se ubicó en el 13,2% entre los clientes bancarios y subió al 32,1% entre los usuarios del circuito no financiero.
Junto con la Ciudad de Buenos Aires y Neuquén, Santa Fe fue una de las únicas tres jurisdicciones donde menos de una cuarta parte de los deudores estaba en situación irregular.
Los jóvenes, el grupo más expuesto
La edad marcó otra diferencia significativa. Casi cuatro de cada diez deudores de entre 18 y 34 años estaban en mora, con una tasa del 38,4%.
Aunque los jóvenes de 18 a 24 años explicaban apenas el 3,8% del dinero adeudado en situación irregular, concentraban el 10% de las personas morosas. El informe relacionó esa diferencia con una mayor utilización de canales digitales y con préstamos de montos comparativamente bajos.
Entre los menores de 35 años, las billeteras virtuales explicaron alrededor del 80% de los deudores morosos. A partir de esa edad, su participación bajó ligeramente, aunque continuó siendo predominante.
En cuanto a los montos, la mayor concentración apareció entre las personas de 35 a 44 años, que reunieron el 30,6% del stock irregular. Luego se ubicaron los grupos de 45 a 54 años, con el 23,7%, y de 25 a 34 años, con el 21,5%.
Las diferencias por género fueron menores. Los varones representaron el 50,2% de las personas morosas y las mujeres el 49,8%. Ellos tuvieron mayor presencia dentro de la cartera bancaria, mientras que ellas alcanzaron una participación algo superior entre los usuarios de billeteras virtuales.
Seis entidades concentraron más de la mitad de la mora
La banca tradicional reunió el 80% del crédito total otorgado a las familias, con un stock de $74,5 billones. Los proveedores no financieros concentraron el 20% restante, equivalente a $18,3 billones.
Sin embargo, el peso de estos últimos aumentó al considerar únicamente los créditos impagos. Las billeteras explicaron el 35,8% de la cartera irregular, con $5,1 billones, mientras que los bancos concentraron el 64,2%, con $9,1 billones.
Solo seis entidades reunieron el 53,6% de todos los créditos familiares en mora, por un total de $7,6 billones. El listado estuvo encabezado por Banco Galicia, con el 11,5%; Banco Nación, con el 10,3%; Santander, con el 9,8%; Tarjeta Naranja, con el 8,6%; Banco Provincia, con el 7,7%, y BBVA, con el 5,7%.
Dentro del sistema bancario, esas concentraciones fueron todavía mayores. Seis entidades explicaron el 75,9% de la cartera irregular.
En el segmento no financiero, las distintas operaciones de Naranja X concentraron el 28,4% de los créditos morosos. Más atrás aparecieron Mercado Libre, Crédito Argentino y Megatone.
El informe también identificó elevados índices de incumplimiento en proveedores vinculados con la venta financiada de electrodomésticos. Bazar Avenida registró una mora del 72,3%, Frávega del 57,1%, Megatone del 55,4% y Cetrogar del 54,3%.
El diagnóstico económico del Cepa
En el tramo final del trabajo, el Cepa vinculó el crecimiento de la morosidad con el deterioro de los ingresos y cuestionó las explicaciones oficiales centradas en la falta de educación financiera, las decisiones de los bancos o el comportamiento de quienes tomaron los créditos.
El centro señaló que el salario real de los trabajadores registrados acumuló una caída del 8,7% desde noviembre de 2023 según la medición basada en el IPC vigente. Al recalcular la evolución de los precios con la estructura de consumo de la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares 2017/2018, estimó una pérdida del 18,7%.
También remarcó que, en abril de 2026, los servicios mensuales de deuda de las familias representaron el 24,1% de la masa salarial. Cerca del 80% de esa carga correspondió a préstamos personales y tarjetas de crédito.
El informe sostuvo además que la mora comenzó a crecer antes del período electoral señalado por el Gobierno. Los incumplimientos bancarios aumentaron desde noviembre de 2024 y los correspondientes a proveedores no financieros desde diciembre de ese año.
El Cepa también puso el foco en la liberación de $10 billones de liquidez tras el desarme de las Letras Fiscales de Liquidez en julio de 2025. Según su análisis, esa medida empujó a las entidades a colocar más créditos cuando los indicadores de mora ya acumulaban varios meses de deterioro.
A esa combinación agregó el menor control de algunos proveedores digitales sobre la relación entre las deudas y los ingresos de cada usuario. El resultado, planteó el estudio, fue un sistema con más personas refinanciando compromisos, menos margen para acceder a nuevos préstamos bancarios y una creciente proporción de créditos en categorías difíciles de recuperar.
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