CEO regional de Bayer plantea la necesidad de asumir estándares internacionales para que el país no siga perdiendo terreno.
Desde San Nicolás.- El presidente y CEO de Bayer Cono Sur, Juan Farinati, evaluó de manera positiva su participación en el Argentina Week realizado en Estados Unidos y destacó el interés que genera el país en distintos sectores productivos. Subrayó que para que ese interés se traduzca en inversiones concretas es necesario avanzar en reglas claras, especialmente en materia de propiedad intelectual vinculada al desarrollo de semillas.
El reconocimiento de derechos para los obtentores de la genética vegetal es una preocupación de larga data en la Argentina, porque fricciona por un lado con los intereses de la industria semillera -frenando los avances de las nuevas tecnologías- y por el otro derechos adquiridos de los productores agropecuarios, acostumbrados a reproducir las semillas sin tener que pagar regalías.
La adhesión del país al acuerdo internacional Upov-91 que regula en esta materia está en las gateras desde el arribo al poder del gobierno mileísta. Integró uno de los capítulos de la ley de Bases, pero cayó en la última versión finalmente sancionada. En la Argentina Week desarrollada esta semana en los Estados Unidos, los funcionarios gubernamentales ratificaron la voluntad del gobierno de avanzar en la materia. Por cierto, se trata de uno de los ítems del acuerdo comercial celebrado recientemente con el gran país del norte.
Ante una platea de inversionistas y hombres de negocios, llevaron la voz cantante el ministro de Modernización, Federico Sturzzenegger, y Martín Vauthier, uno de los alfiles del ministro de Economía Luis Caputo. No es descabellado pensar que los funcionarios nacionales hayan instado a los empresarios a defender sus posturas, justo cuando desde la Mesa de Enlace Agropecuaria se lanzó un planteo destinado a bajarle el tono a la adhesión.
Más allá de que tal recomendación haya existido o no, lo cierto es que Farinati se bajó del avión, fue a la Expoagro que se desarrolla hasta este viernes en San Nicolás, y convocó a un grupo de periodistas para agendar el tema. Según el ejecutivo, es necesario avanzar con el debate si la Argentina busca atraer más inversiones en investigación y desarrollo.
“El tema de propiedad intelectual surgió en varias sesiones. Es un punto importante porque para que haya más compañías invirtiendo tiene que haber estándares internacionales”, afirmó el ejecutivo y planteó que si se avanza hacia la adopción del convenio internacional Upov-91 se generarán condiciones más favorables para el desarrollo tecnológico en el país. “El objetivo es que haya más tecnología disponible para los productores. Para eso necesitamos más empresas desarrollando innovación y compitiendo por ofrecer mejores soluciones”, explicó.
“Tiene que ser algo positivo para la Argentina, y salirnos de la lógica del River-Boca. Porque si seguimos en la trampa de unos contra otros, seguimos perdiendo tiempo, y nuestros competidores siguen produciendo más de lo que producimos nosotros”, acotó.
El caso más evidente es el de la soja en Brasil, cuya productividad creció a pasos agigantados durante la última década con nueva genética, mientras que la tecnología quedó estancada en la Argentina, que hoy produce soja por debajo de sus potencialidades y de mala calidad. Vale aclarar que por su clima más tropical, la autoreproducción en bolsa blanca de las semillas de la oleaginosa en el socio del Mercosur resulta muy dificultosa.
La falta de reglas claras en materia de propiedad intelectual puede desalentar inversiones. “Las empresas deciden dónde invertir en función de las condiciones que encuentran. Si un país tiene estándares de protección más bajos que otros, la inversión naturalmente va a ir hacia los lugares donde exista mayor previsibilidad”, indicó Farinati.
Para el ejecutivo de Bayer el debate sobre estas normas no debería limitarse al cultivo de soja, que suele concentrar gran parte de la discusión pública. “Esto no es solamente soja. Argentina está retrasada tecnológicamente en muchos cultivos autógamos, desde los más grandes en superficie hasta producciones regionales como poroto, algodón o maní”, expresó.
En ese sentido, explicó que el acuerdo Upov 91 establece principios básicos para proteger la innovación genética en semillas. Entre otros puntos, regula el concepto de variedades derivadas, el uso propio de semillas por parte de los productores y las condiciones para que los obtentores de nuevas variedades reciban compensación por el uso de su tecnología. “El objetivo no es perseguir a nadie, sino generar un sistema donde la innovación tenga incentivos y donde el desarrollo tecnológico llegue a los productores”, afirmó.
“Si queremos que haya más tecnología, más productividad y más inversión en el país, necesitamos reglas que estén alineadas con los estándares internacionales”, concluyó.
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