Negocios

Movilidad eléctrica

Dos amigos se subieron a la bici y no se bajaron hasta tener marca propia

Patricio De Gaetano

El inicio del emprendimiento fue una compra personal, que relegó el auto a segundo plano. Venden bicis y monopatines de marca propia. 

Lo que empezó como una experiencia de uso personal terminó convertido en un proyecto comercial vinculado a una tendencia que gana presencia en las ciudades: la movilidad eléctrica. Agustín Sara y Lucas Muñoz, amigos desde chicos y socios en distintos emprendimientos, pusieron en marcha Crawley, una iniciativa enfocada en la venta de bicicletas, monopatines y, en una próxima etapa, motos eléctricas.

Antes de avanzar en este rubro, ambos habían probado suerte con otro negocio: la comercialización de indumentaria importada. La actividad funcionó durante un tiempo, pero los cambios económicos, la variación del dólar y el nuevo contexto del país hicieron que el proyecto perdiera viabilidad. Ese escenario los obligó a revisar el rumbo y buscar una alternativa.

La oportunidad apareció a partir de una compra personal. Uno de los socios adquirió una bicicleta eléctrica para moverse en su vida cotidiana y el producto terminó modificando su forma de trasladarse “La verdad que me encantó. La sigo teniendo y la uso para todo, para ir al gimnasio, trabajar, venir al showroom o salir con amigos. Dejé bastante de lado el auto, lo uso solo cuando realmente es necesario”, contó Lucas Muñoz a Punto biz.

Esa experiencia fue el disparador. La bicicleta no solo resultó práctica para resolver traslados diarios, sino que también llamó la atención de otras personas. Según relataron, cada vez que la usaba en la calle recibía consultas sobre el producto, su funcionamiento y la forma de conseguirlo.

“El producto nos parecía inmejorable y veíamos que a la gente le llamaba mucho la atención. En la calle te preguntaban, te paraban y querían saber de dónde la habías sacado”, explicaron los socios.

A partir de ese interés espontáneo, comenzaron a evaluar la posibilidad de importar y comercializar vehículos eléctricos livianos. Iniciaron averiguaciones, trámites y contactos hasta que finalmente decidieron avanzar con el proyecto. Así nació Crawley, con una propuesta centrada en alternativas de movilidad urbana que buscan ubicarse entre la bicicleta tradicional, la moto y el auto.

La relación entre ambos también fue clave para dar el paso. Ambos se conocen desde hace años y ya habían trabajado juntos, un antecedente que, según remarcan, les permitió encarar el negocio sobre una base de confianza.

“Siempre nos llevamos muy bien con los negocios. Para emprender hay que buscar una persona de confianza, alguien con quien las cuentas cierren y no haya problemas. Nosotros nos conocemos hace mucho y ya sabíamos cómo trabajaba cada uno”, señalaron.

En la actualidad, el emprendimiento ofrece bicicletas eléctricas de marcas como Mangosteen y ADO, monopatines Langfeite y motos eléctricas de motocross E Ride Pro. Los titulares sostienen que la selección de productos es uno de los puntos centrales del negocio. La idea, afirman, es trabajar con marcas reconocidas y evitar opciones genéricas o de baja calidad.

La estrategia no se limita a ampliar el catálogo. También buscan fortalecer la atención posterior a la venta, un aspecto que consideran clave en un mercado todavía en desarrollo y con usuarios que muchas veces se acercan por primera vez a este tipo de vehículos.

“Siempre estamos buscando incorporar nuevas marcas que cumplan con esos aspectos y que nos permitan brindar una atención y un servicio de postventa superior”, agregaron.

El contexto urbano aparece como otro factor que impulsa la apuesta, el crecimiento de bicicletas y monopatines eléctricos está asociado a un cambio de hábitos. Usuarios que buscan reducir el uso del auto, evitar embotellamientos y encontrar formas más ágiles de trasladarse.

“Creemos que hoy ya se ven muchas bicis y monopatines en la calle, pero en el futuro se van a ver muchos más. Este tipo de movilidad va a formar parte del futuro de las personas”, afirmaron.

Una de las ventajas que destacan es la practicidad. En el caso de bicicletas y monopatines, por el momento no requieren patentamiento ni registro de moto. Si bien pueden asegurarse por decisión del usuario, no es una obligación. Ese punto los posiciona como una alternativa de ingreso para quienes todavía no buscan dar el salto a una moto, pero sí necesitan una opción más dinámica que una bicicleta convencional.

“Es como un paso previo a la moto y un paso después de la bici. No requiere patentamiento ni registro de moto, y aunque se puede asegurar, no es obligatorio. Es súper práctico para moverse por toda la ciudad”, resumieron.



Por último, señalaron que por ahora el plan es posicionarse en un mercado que todavía está en formación, pero que empieza a mostrar señales de crecimiento. Para sus fundadores, el desafío será convertir el interés inicial por la movilidad eléctrica en un hábito de consumo sostenido. 

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