Mientras cotillones, delivery y algunos bares venden más cuando juega la Selección, otros aseguran que el fenómeno no alcanza para aliviar la coyuntura.
Cada vez que juega Argentina, el país entra en pausa. Las oficinas adelantan reuniones, los grupos de WhatsApp organizan juntadas y los comercios adaptan horarios para una rutina que se repite cada cuatro años. Pero detrás de la pasión futbolera también se juega el campeonato de las ventas.
A pocas horas del partido frente a Suiza por los cuartos de final del Mundial, los comercios rosarinos muestran una realidad dispar. Hay rubros que encontraron en la Scaloneta un inesperado aliado para levantar la caja, mientras que otros aseguran que el efecto es apenas un pequeño respiro en medio de un consumo que sigue sin reaccionar.
La fiebre albiceleste
Donde el Mundial se nota con claridad es en los locales que venden productos para alentar a la Selección. Banderas, camisetas, vinchas, gorros, cornetas y todo tipo de cotillón volvieron a ocupar un lugar privilegiado en las vidrieras. "Las ventas superaron nuestras expectativas. El movimiento empezó a crecer fuerte después del partido de octavos y ahora, con la expectativa por el cruce del sábado, volvió a levantarse muchísimo", asegura Miguel Rucco, presidente del Centro Comercial Calle San Luis.
Según el dirigente, además de los cotillones, también tuvieron un buen desempeño las regalerías y algunos comercios de indumentaria, incluso aquellos que no están especializados en ropa deportiva. Sin embargo, aclara que el fenómeno tiene límites. "No alcanza para acomodar las cuentas de un comercio que viene complicado. Beneficia a determinados rubros, pero no es un salvavidas para todos", afirma Rucco.
Además, explica que apostar por mercadería mundialista también implica asumir un riesgo. "Comprar este tipo de productos siempre es una apuesta. Si Argentina queda eliminada, muchos comerciantes se quedan con stock inmovilizado y eso hace que no todos se animen a invertir", apunta el comerciante.
El delivery juega de local
Si hay un sector que celebra cada partido de la Selección es el de las comidas rápidas. Leandro Suescum, titular de Mamina, asegura que cuando Argentina juega en horario laboral las ventas prácticamente se duplican. "El sándwich es un producto muy práctico para juntarse a ver el partido en una oficina o en una empresa. Cuando el partido cae al mediodía o durante la jornada laboral vendemos casi el doble que un día normal", explica.
Las sucursales ubicadas en el centro son las que más sienten ese movimiento. "Nos preparamos especialmente para esos días y acompañamos con promociones para aprovechar el momento. En invierno, que suele ser temporada baja, el Mundial nos da un empujón importante", dice Suescum. Aunque aclara que todavía no alcanza para igualar el ritmo de trabajo de los meses más fuertes del año.
El bar también juega
La gastronomía también percibe el fenómeno, aunque con matices. Para Reinaldo Bacigalupo, titular de Grupo 83 -que opera marcas como Ronnie y El Club de la Milanesa-, el efecto aparece exclusivamente cuando juega Argentina. "En líneas generales suben las ventas, sobre todo si el partido cae un fin de semana. Cuando se juega un día laboral crece mucho más el delivery porque la gente se junta en oficinas o en sus casas", apunta.
El empresario incluso detectó un comportamiento inesperado tras el último triunfo argentino. "Al día siguiente salió muchísima gente a comer. Fue una noche claramente por encima del promedio habitual y nos sorprendió la cantidad de mesas", recordó Bacigalupo, sobre el pos partido de Argentina contra Egipto que se jugó un martes.
Mientras la Selección siga avanzando, sostiene, ese movimiento probablemente continúe. No todos, sin embargo, comparten el optimismo. Leo Santero, dueño de El Gran Chopp, considera que atribuir una recuperación del sector gastronómico al Mundial sería exagerar su impacto. "La gastronomía está atravesando el peor momento de su historia. Ni siquiera en pandemia estuvimos tan mal", afirma.
Para el empresario, el problema es mucho más profundo que un evento deportivo. "El Mundial ayuda como un ibuprofeno cuando tenés fiebre. Durante un rato parece que mejora, pero la enfermedad sigue estando", asegura el comerciante de Avenida Pellegrini.
Santero sostiene que la mayoría de los bares continúa trabajando muy por debajo de lo necesario para sostener sus estructuras y que la caída del consumo afecta por igual a casi todos los rubros. "Se llenan algunos locales los fines de semana, pero de lunes a jueves la realidad sigue siendo muy complicada. El problema es que la gente está endeudada y consume cada vez menos", opina.
Este sábado, cuando Lionel Messi y compañía salgan a la cancha frente a Suiza, habrá otro partido que se jugará lejos del césped. Uno en el que también habrá ganadores y otros que seguirán esperando el pitazo final para empezar a levantar cabeza.
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