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Negocios

Más allá de la velocidad

6G: el salto tecnológico que permitirá a las redes ver el entorno

6G: el salto tecnológico que permitirá a las redes ver el entorno
Federico Aikawa

(Desde Barcelona). La próxima infraestructura móvil aspira a convertir cada antena en un sensor capaz de detectar drones, rastrear vehículos y clasificar peatones en tiempo real.

Cuando la industria de las telecomunicaciones anuncia una nueva generación de redes móviles, la mayoría de los usuarios piensa en más velocidad: más megabits, menos latencia, descargas instantáneas. Pero lo que se vio en el Mobile World Congress 2026 de Barcelona rompe ese esquema.

La sexta generación de conectividad inalámbrica —el 6G— no se está diseñando únicamente para mover datos más rápido. La nueva infraestructura apunta a percibir el entorno, detectar objetos, clasificar movimientos y construir una imagen en tiempo real del mundo físico. Algo así como un radar distribuido a escala urbana.

La idea suena a ciencia ficción, pero los prototipos ya funcionan.

Qualcomm, Ericsson y Nokia —tres de los principales pilares de la infraestructura móvil global junto a la china Huawei— presentaron este año demostraciones funcionales en la Fira Gran Via. El concepto es relativamente simple: transformar las antenas celulares en sensores ambientales capaces de rastrear drones, vehículos y hasta peatones sin que estos lleven ningún dispositivo encima.

No hace falta GPS. Tampoco cámaras. La propia señal de radio hace el trabajo.

Cuando la antena se convierte en radar

El concepto técnico detrás de esta capacidad se conoce como ISAC, siglas en inglés de Integrated Sensing and Communication (Comunicación y Detección Integradas).

En términos simples, significa que la misma señal de radio que hoy transporta mensajes de WhatsApp o videollamadas puede, al mismo tiempo, rebotar contra objetos del entorno y devolver información sobre su posición, velocidad y características.

Es el principio básico del radar, pero aplicado a la infraestructura celular que ya cubre ciudades y suburbios.

Ericsson dio un paso concreto hace algunas semanas al anunciar una prueba de concepto exitosa de ISAC en su sede de Plano, Texas. Utilizando radios massive-MIMO, la compañía logró detectar y rastrear drones en el espacio aéreo circundante.

La demostración mostró algo clave: la infraestructura de red existente puede reutilizarse para tareas de detección sin necesidad de desplegar sensores adicionales. La red deja de ser solo un canal de comunicación y comienza a percibir su entorno.

En paralelo, Ericsson presentó en el MWC una prueba over-the-air de 6G pre-estándar donde un robot equipado con inteligencia artificial fue controlado en tiempo real a través de una conexión experimental, con streaming de video y latencia mínima.

La compañía desarrolló además una arquitectura end-to-end de sensing que incluye estaciones base con capacidad de detección, funcionalidades en el núcleo de la red y áreas geográficas de monitoreo configurables.

En experimentos bajo condiciones controladas lograron posicionar peatones con una precisión cercana a un metro, una capacidad que podría aplicarse a ciudades inteligentes para prevenir accidentes o adaptar señales de tráfico según el flujo de personas y vehículos.

Qualcomm y la coalición de los 60

Si Ericsson puso el prototipo sobre la mesa, Qualcomm llegó al MWC 2026 con una declaración de intenciones a escala industrial. El gigante de los procesadores presentó una coalición estratégica de más de 60 empresas (incluyendo Amazon, Google, Meta, Microsoft, Samsung, Nokia, Ericsson, T-Mobile, Dell y Stellantis, entre otras) con una hoja de ruta concreta: demostraciones precomerciales de dispositivos y redes compatibles con 6G en 2028 y despliegue comercial inicial a partir de 2029. Para una tecnología que la mayoría de la gente aún no ha oído nombrar, el calendario resulta sorprendentemente cercano, en especial para países como la Argentina en donde la red de 5G recién está avanzando en ciudades del interior.

Lo relevante de la propuesta de Qualcomm no es solo la velocidad (aunque su nuevo módem X105, compatible con Release 19 de 3GPP, alcanza velocidades teóricas de 14,8 Gbps de bajada), sino los tres pilares sobre los que se construye el 6G: conectividad, detección de área amplia (wide-area sensing) y computación de alto rendimiento. El sensing es la pieza que cambia la ecuación. Qualcomm mostró en su stand del Hall 3 una demostración de detección en tiempo real con tres escenarios simultáneos: clasificación de drones, detección de vehículos a larga distancia dentro de zonas definidas y seguimiento preciso de un vehículo en movimiento.

La visión es ambiciosa: convertir la infraestructura inalámbrica ya desplegada en una especie de sistema de imagen tipo radar a gran escala. Eso abre la puerta a aplicaciones como gestión de tráfico autónomo, monitorización ambiental y servicios de localización que funcionan sin depender de GPS. 

Nokia: la red como sistema nervioso distribuido

Nokia, por su parte, llegó a Barcelona con un enfoque que va más allá de la radio pura. Su alianza estratégica con Nvidia está transformando la arquitectura de las redes de acceso (RAN) para integrar procesamiento de inteligencia artificial directamente en la infraestructura celular. Lo llaman AI-RAN: redes de acceso radio impulsadas por IA, donde las mismas plataformas de computación GPU que procesan las señales celulares también ejecutan tareas de IA avanzada en paralelo.

En su stand del MWC, Nokia presentó demostraciones que incluían visión artificial con capacidad de razonamiento, un robot de reparto de ServeRobotics que opera de forma autónoma, y el uso de la propia red de radio como sensor del mundo físico. Su división de investigación también mostró demostraciones de sensing y comunicación integradas, presentando redes que funcionan como un sistema tipo radar capaz de detectar movimiento y presencia de objetos sin necesidad de cámaras. 

IA nativa en la antena: del concepto al prototipo

Un concepto que atravesó todos los stands del MWC 2026 fue el de “IA nativa”. A diferencia de las redes actuales, donde la inteligencia artificial se añade como una capa adicional sobre una infraestructura preexistente, el 6G se está diseñando con IA integrada desde la capa física hasta la orquestación de servicios. Mientras que el 5G es una red que puede transportar inteligencia, el 6G aspira a ser una red que es inteligencia.

En la práctica, esto significa que los algoritmos de machine learning no solo optimizarán el rendimiento de la red, sino que tomarán decisiones autónomas sobre cómo gestionar el espectro, cómo asignar recursos computacionales y cómo interpretar los datos de sensing en tiempo real. 

Robots, drones y coches: la IA entra al mundo físico

Una tendencia transversal del MWC 2026 fue la integración de la IA en el mundo físico a través de máquinas autónomas. Ya no se trata solo de chatbots o modelos de lenguaje: la industria está buscando que la inteligencia artificial controle robots, drones y vehículos que interactúan con el entorno real. Nvidia lo denomina “Physical AI”: sistemas autónomos capaces de interpretar, actuar y responder en el mundo físico en tiempo real.

El 6G es la conectividad que necesita esa visión para funcionar. Los vehículos autónomos, los drones de reparto y los robots industriales requieren latencia ultrabaja, capacidad de enlace ascendente masivo (para transmitir datos de sus sensores hacia la nube) y una red que no solo transporte bits, sino que entienda el contexto espacial en el que operan. 

El elefante en la habitación: ética y vigilancia

Todo esto suena extraordinario desde el punto de vista tecnológico, pero hay una pregunta incómoda que nadie en el MWC abordó con la profundidad que merece: ¿qué significa vivir en una ciudad donde la infraestructura de telecomunicaciones puede detectar, rastrear y clasificar a las personas que caminan por la calle?

Las implicaciones éticas de ISAC son enormes. A diferencia de las cámaras de videovigilancia, que requieren infraestructura dedicada y son visibles, el sensing integrado en la red celular opera de forma invisible. No necesita que el individuo lleve un dispositivo. No requiere consentimiento explícito. Funciona las 24 horas. Un estudio advierte que el despliegue de ciudades inteligentes con 6G podría derivar en consecuencias no deseadas como vigilancia extendida, discriminación algorítmica y marginación digital si no se establecen marcos regulatorios adecuados.

La capacidad de rastreo de ubicación con precisión de un metro, combinada con clasificación de objetos mediante IA, abre la puerta a perfiles de comportamiento a escala masiva. El Reglamento General de Protección de Datos (RGPD) europeo no fue diseñado pensando en redes que detectan objetos pasivos.

El objetivo: instalar las primeras redes 6G antes de 2030

La industria prevé acelerar el trabajo de estandarización en 2027 y 2028, con despliegues comerciales apuntando a 2030. Qualcomm ha sido más agresivo, proyectando el inicio de la comercialización desde 2029.

Los números de fondo justifican la urgencia: se espera que el tráfico celular global crezca entre tres y siete veces para 2034, y Qualcomm estima que la inteligencia artificial representará cerca del 30% de todo el tráfico de red para entonces. La infraestructura actual no fue construida para ese volumen. Pero más allá de la capacidad, lo que define al 6G es su naturaleza dual: una red que transporta datos y, al mismo tiempo, percibe el espacio donde opera.

El MWC 2026 dejó certezas e incertidumbres. La certeza es tecnológica: el 6G con capacidad de sensing funciona, tiene prototipos operativos, cuenta con el respaldo de una coalición industrial sin precedentes y tiene un calendario definido. La incertidumbre es social: la ventana para influir en los estándares y la arquitectura del 6G se está cerrando, y el debate sobre privacidad, ética y gobernanza de una conectividad que “ve” el mundo físico apenas ha comenzado. La sociedad, los reguladores y los legisladores(especialmente en Europa, donde el RGPD fija el estándar global de protección de datos) tienen una responsabilidad urgente: asegurar que el 6G se construya como una tecnología segura por diseño y no como un vehículo para una vigilancia sin precedentes.

 

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