Los accionistas de la siderúrgica defienden la inversión local y cuestionan las ventajas que tienen los productos chinos.
Mientras el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (Rigi) habilita a los proyectos adheridos a importar sin aranceles bienes e insumos que hoy se fabrican en Argentina, la siderúrgica Sidersa+ avanza a paso firme con una inversión de u$s300 M en San Nicolás que producirá algunos de esos mismos materiales que hoy pueden ingresar desde el exterior con beneficios fiscales.
Durante una recorrida organizada para mostrar el avance de obra de la futura planta -y de la que participó Punto biz-, Oscar Coletto, director de Sidersa accionista de la compañía e integrante de la familia Spoto, defendió la apuesta industrial que lleva adelante la firma y explicó por qué considera que la producción nacional está en condiciones de competir incluso frente al avance de China.
El proyecto, que ya registra un 27% de ejecución, permitirá abastecer al mercado con 360.000 toneladas anuales de acero para construcción y alambrón, dos insumos clave para numerosas cadenas industriales. Se trata de la primera siderurgia integrada que se construye desde cero en Argentina en más de 50 años.
Además, la iniciativa prevé generar más de 300 puestos de trabajo directos y alrededor de 3.500 indirectos. En ese contexto, Coletto reconoció que el esquema vigente favorece el ingreso de estructuras metálicas y otros productos importados, especialmente desde China, aunque aseguró que la empresa decidió redoblar la apuesta por la producción nacional. “Las empresas chinas tienen detrás un Estado que las apoya para exportar. Ahí está la diferencia. El error es creer que son más competitivas solamente por eficiencia propia”, sostuvo.
La preocupación por el impacto del Rigi
Aunque evitó cuestionar el régimen en su conjunto, el empresario señaló que existen aspectos que generan preocupación en la cadena metalúrgica. En particular, mencionó la posibilidad de importar estructuras metálicas y otros componentes sin pagar aranceles, algo que afecta directamente a fabricantes argentinos que abastecen a sectores como minería, energía e infraestructura.
“Nosotros le explicamos al Gobierno que el negocio de una minera no pasa por comprar más barata una estructura metálica o cinco mil viviendas prefabricadas. El negocio está en la explotación minera. Pero tienen una visión distinta”, señaló.
Según explicó, la preocupación excede a Sidersa y alcanza a numerosas pymes metalúrgicas que participan en la fabricación de estructuras para grandes proyectos. “Si vos preguntás si complica, sí, complica a la actividad metalúrgica en general. Son las reglas de juego que tenemos hoy y hay que saber enfrentarlas”, afirmó.
Coletto también puso el foco sobre las diferencias en materia de controles de calidad y trazabilidad. “Cuando una estructura se fabrica en Argentina existe un sistema de seguimiento y control de calidad que permite saber qué acero se utilizó y cómo fue producido. En muchos productos importados eso resulta mucho más difícil de verificar”, indicó.
A su criterio, la discusión no pasa únicamente por los precios sino también por las condiciones en las que compiten los proveedores locales frente a empresas respaldadas por políticas estatales de promoción a las exportaciones.
Una decisión de compra con efecto local
La posición de Sidersa adquiere un matiz particular porque la propia empresa podría haberse beneficiado de las facilidades de importación que ofrece el Rigi para abastecer parte de la construcción de su nueva planta. Sin embargo, la compañía eligió otro camino. “Muchas de las cosas que estamos comprando podríamos haberlas buscado afuera porque seguramente eran más baratas. Pero tomamos el compromiso de trabajar con proveedores locales, muchos de ellos de Buenos Aires y Santa Fe”, explicó Coletto.
La decisión también estuvo vinculada a la intención de que los beneficios obtenidos por la empresa a través del régimen de promoción tengan un efecto multiplicador en la economía regional. “Preferimos pagar más y que parte de esos beneficios también derramen sobre las pymes locales. Nos parecía coherente hacerlo de esa manera”, sostuvo.
La licitación donde China quedó afuera
El compromiso con el entramado industrial local llegó incluso a influir en las licitaciones vinculadas a la nueva planta. Coletto contó que en una de las primeras discusiones internas surgió la posibilidad de convocar a empresas chinas para cotizar determinados trabajos. La idea fue descartada rápidamente. “Nos preguntamos si invitábamos a una empresa china y dijimos que no. Porque si la invitábamos sabíamos que nadie iba a poder llegar a esos precios”, relató.
La decisión tuvo además un componente estratégico. Buena parte de las empresas metalúrgicas argentinas que podrían verse desplazadas por esas ofertas son clientes históricos de Sidersa. “Todos los fabricantes de estructuras metálicas del país, desde los más grandes hasta los más chicos, son clientes nuestros. ¿Cómo les íbamos a explicar que nosotros íbamos a traer una estructura desde China?”, planteó.
En lugar de utilizar ofertas asiáticas como referencia, la empresa tomó valores de mercado de proveedores brasileños y desde allí negoció con fabricantes nacionales.
Producto más servicio
La inversión avanza en momentos en que buena parte de la industria argentina todavía exhibe niveles de actividad inferiores a los de años anteriores y muchas empresas optan por postergar proyectos de expansión.
Para Coletto, la decisión responde a una cultura empresaria construida durante décadas y a la fortaleza financiera de la compañía. “Hace cincuenta años que estamos en este desafío. Somos muy seguros en lo que hacemos y es una empresa financieramente muy fuerte”, aseguró.
Como muestra de esa solidez mencionó la reciente colocación de obligaciones negociables, que calificó como exitosa, y la confianza que numerosos clientes mantienen en la compañía incluso en contextos de volatilidad económica.
“Tenemos clientes que todavía conservan acero guardado en nuestros depósitos desde la época en que el dólar valía 300 pesos. Para muchos somos más seguros que un banco”, afirmó.
Actualmente la empresa abastece a unos 2.000 clientes distribuidos en todo el país y desarrolló herramientas digitales que transformaron la forma en que comercializa sus productos.
“Tenemos aproximadamente un 40% de nuestras ventas realizadas vía web. Hay distribuidores que venden con una pantalla conectada a nuestro sistema. Si no tienen stock, nos compran directamente online y saben exactamente cuándo les va a llegar el material”, explicó. Además, los clientes pueden seguir en tiempo real tanto el estado del pedido como el recorrido del camión que realiza la entrega. “Son servicios que en esta actividad no son habituales y en los que nosotros invertimos mucho. Eso es lo que marca la diferencia”, sostuvo.
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