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Punto Biz

Fuente: La Nación

El análisis de Rosendo Fraga

La protesta policial con mayor alcance de la historia argentina

Por Redacción

El registro de protestas policiales que desde 1986 lleva el Centro de Estudios Unión para la Nueva Mayoría muestra que han tenido lugar 205 desde entonces.

La mayoría fueron autoacuartelamientos, otras llegaron a ser motines. No se trata de un fenómeno nuevo, pero ha adquirido singularidades.

Los récords cuantitativos tuvieron lugar en 1989, con 23 en el año, y en 1990, cuando llegaron a 29. Tal como sucede ahora, las huelgas policiales de entonces tuvieron lugar en momentos de tensión social -en aquel entonces coincidían con las dos hiperinflaciones que generaron saqueos en el interior del país-, aunque tenían características diferentes y nunca se desarrollaron en simultáneo con los saqueos, como ha sucedido ahora.

La provincia con más manifestaciones de este tipo entre fines de los 80 y comienzos de los 90 fue Tucumán. Un oficial superior, apodado el "Malevo Ferreyra", las encabezaba con dos pistolas al cinto y un sombrero blanco, al estilo de las películas del lejano oeste.

Durante los años 90 decreció este tipo de protesta al combinarse la estabilidad económica con el manejo más pragmático del poder por parte del peronismo.

 Luego reaparecen con cierta significación, aunque menor al período mencionado, durante la segunda parte de la presidencia de Néstor Kirchner, con 10 protestas en 2005, 7 en 2006 y 8 en 2008, el primer año de gobierno de Cristina Kirchner.

El fenómeno ahora se repite, pero en una sociedad muy distinta. Córdoba tuvo una prolongada huelga policial en 1958, que tuvo cierto vínculo con la resistencia peronista. En 1974, esa misma policía se amotinó, provocando la renuncia del gobernador en el episodio conocido como el "Navarrazo". En ambos casos faltó la fuerza pública en la calle durante varios días, como ha sucedido ahora en la provincia, pero no tuvieron lugar extendidos saqueos.

Al finalizar la presidencia de facto de Lanusse, en febrero de 1973, tuvo lugar una gran huelga de la policía bonaerense que se amotinó con armas en la Jefatura de La Plata. Fue reprimida con energía por el Ejército, que utilizó blindados y cañones antitanque y rindió a los policías amotinados. Hasta el restablecimiento de la democracia, los militares eran el límite al poder policial. Ya no es más así.

La provincia con más manifestaciones de este tipo entre fines de los 80 y comienzos de los 90 fue Tucumán
Hoy todo es diferente. Los policías suelen protestar sin armas para no ser denunciados ante las autoridades, muchas veces protestan sin uniforme y en horario de franco. Negocian por ellos sus mujeres y abogados, y no un personaje al estilo del Malevo Ferreyra. Los retirados suelen participar en las protestas al igual que las familias. Por último, cortan calles y queman neumáticos.

Las señales de que este problema existía no fueron advertidas. En octubre del año pasado tuvo lugar la primera huelga en la historia de la Gendarmería y la Prefectura. En la ciudad de Buenos Aires un policía metropolitano gana tres veces más que un policía federal que cumple la misma función en el mismo distrito. En varias de las protestas policiales provinciales se ha reclamado una equiparación salarial con la Policía Metropolitana.

Aunque la estadística muestra todavía más huelgas policiales en 1989 y 1990, en aquel entonces se repitieron en una misma policía varias veces en el año y además tenían lugar en provincias medianas y chicas, por lo general no en las grandes.

La mitad de las provincias tuvieron protestas policiales en una misma semana, pero además estas provincias tienen el 80% de la población total. Es sin duda la huelga policial más extendida de la historia argentina.

Se trata de un problema social aunque tenga derivaciones políticas, al afectar la gobernabilidad en varias provincias, y económicas, al precipitar reclamos de aumento en los estatales provinciales.

Por último, se trata de un problema complejo y de difícil solución por los errores acumulados: adjudicarlo sólo al narcotráfico o a un intento desestabilizador puede ser una peligrosa simplificación que no contribuirá a su solución.

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