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Por Jorge Navone

Piedras, arena y agua, un relato inspirador

Este relato jamás se olvida. Con gran simpleza nos deja varias lecciones.  Para quienes no lo conozcan aún:

Un maestro hizo esta demostración a sus alumnos.

Sobre su escritorio puso una caja grande y un frasco de vidrio.

Sin dar explicaciones, de la caja sacó unas cuantas piedras de varios tamaños y colores. Una por una las acomodó dentro del frasco de forma tal de que entraran la mayor cantidad posible. Cuando terminó, preguntó a su clase:

- ¿Está lleno el frasco?

- ¡Sí! - Contestaron al unísono los alumnos.

El maestro abrió la caja y sacó una bolsa con arena. Lentamente fue echándola dentro del frasco. Unas cuantas veces lo movió y sacudió para que la arena complete los espacios entre las piedras ya colocadas.

- ¿Y ahora? ¿Está lleno? - repreguntó.

Un solo alumno contestó expectante: - ¡Quizás!

- Es cierto - contestó el profesor - aún no está lleno.

Abrió nuevamente la caja y sacó de ella una botella con agua. Con silencio de teatro, desenroscó la tapa de la botella y comenzó a verter agua en el frasco. Luego de unos minutos, y sin esfuerzo, el agua desbordó el frasco llenándolo.

Levantó la vista y preguntó: - ¿Cuál es la enseñanza de este experimento?

- ¡Que siempre hay espacio para algo más! - Contestó presuroso uno de los alumnos.

El maestro hizo una pausa y mirando el frasco repleto dijo: - La lección es que, si no ponemos las piedras antes que el agua y la arena, no podríamos haberlas puesto después.

***

Muchas veces recuerdo este relato.

¿Cuáles son las piedras que tenemos que acomodar prolijamente en la finitud de nuestro día?
¿Cuál es la arena que discurre luego de algún esfuerzo, o de alguna sacudida?
¿Cuál el agua que amablemente completa todos los espacios disponibles?

Te propongo esta analogía para tu vida profesional y laboral:

Piedras = Objetivos = Plano consciente.

Los objetivos necesitan de espacio y prioridad. Necesitan calzar unos con otros. Requieren de criterio y de una mano hábil para acomodarlos en el limitado espacio de nuestros ciclos laborales. Nunca hay recursos infinitos ni frascos infinitos. Elegirás algunos importantes. Otros entrarán justito. A todos los acomodarás prolijamente, reflexivamente. Muchos quedarán afuera.

Sugiero que te tomes tu tiempo. La elección condicionará todo lo demás y, una vez que entre la arena, ya no podrás añadir otros.

Arena = Imprevistos = Plano contingente.

Una vez que has definido tus objetivos y salgas al ruedo del día a día, surgirán imprevistos. Cosas inesperadas que no elegiste, pero que igual deberás resolver. Es la arena que se cuela entre nuestras prioridades. Rasposa e irritante. ¡Rellenará cada espacio disponible, te lo aseguro!

Agua = Día a día = Plano cotidiano.

Al margen de atender nuestros objetivos prioritarios y de resolver las contingencias que surjan, tenemos que dejar algo de espacio para las tareas del día a día. Contestar mails, participar de reuniones, brindar y analizar información, decidir, hablar, discutir, pensar o hacer cosas automáticas. Solo con el hecho de ir a trabajar, el agua se presenta. Fluída e informe. Inmanejable y escurridiza.

***

Así como las piedras no pueden entrar en el frasco si no son las primeras en ser colocadas, antes de empezar tu año, tu mes, tu semana no olvides: 
Fijarte objetivos y perseguirlos, puede hacer la diferencia entre avanzar y transcurrir… Un transcurrir de arena y agua.

Y, vaya ironía, si mezclamos muy apretadamente arena...

25.03.2019 12:00 | Fuente:

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