Juntos sondean un espacio reformista de derecha cuya factibilidad en el ámbito nacional genera dudas.
La visita que Mauricio Macri desplegó hace pocos días en Santa Fe, que incluyó un retrato con Maximiliano Pullaro, y que se repetirá en las próximas semanas con un desembarco en Rosario, tuvo bastante más importancia política que la que podría suponerse por la agenda formal del encuentro. No se trató solamente de una recorrida institucional ni de un gesto protocolar entre un ex presidente y un gobernador en ejercicio.
La imagen de Pullaro recibiendo al líder del PRO expresa algo más profundo: el inicio de una conversación política que apunta a construir una alternativa nacional que se distinga tanto de La Libertad Avanza como del peronismo.
En tiempos donde la política parece resumirse a la polarización entre Javier Milei y el kirchnerismo, la foto santafesina intentó transmitir otro mensaje. Pullaro y Macri buscaron mostrar que todavía existe un espacio para quienes creen en una agenda de reformas, orden fiscal y modernización del Estado, pero sin los niveles de confrontación permanente que caracterizan al oficialismo nacional.
La decisión del gobernador santafesino no es menor. Pullaro es hoy uno de los dirigentes provinciales que tiene sustento para proyectar una posible reelección y uno de los pocos gobernadores que puede exhibir resultados concretos en materia de seguridad, una de las principales demandas sociales.
Desde ese lugar de fortaleza, eligió no esconder la relación con Macri ni sumarse a la estrategia de acercamiento incondicional a La Libertad Avanza que ensayan otros dirigentes del ex Juntos por el Cambio.
Hay una razón evidente detrás de esa conducta. El mandatario santafesino parece convencido de que el fenómeno Milei es aún respaldado por un sector importante de la sociedad, pero evalúa que la política argentina inevitablemente volverá a demandar estructuras, territorialidad y capacidad de gestión. Más temprano que tarde.
En otras palabras: entiende que los gobiernos nacionales pueden ganar elecciones con el impulso de las redes sociales, pero difícilmente puedan sostener transformaciones profundas sin acuerdos políticos y sin dirigentes con anclaje territorial.
Macri comparte esa lectura. Después de meses de respaldar buena parte de las iniciativas del gobierno nacional, el ex presidente observa cómo La Libertad Avanza comienza a exhibir problemas de gestión, pero también le inquieta la forma en que avanza sobre los espacios que históricamente ocupó el PRO.
El dilema para el fundador del partido amarillo es cada vez más evidente: integrarse definitivamente al proyecto libertario o intentar preservar una identidad propia para el futuro. La visita a Santa Fe parece inscribirse en esta segunda opción.
No es casual que la provincia aparezca como escenario de esta construcción. Santa Fe representa una rareza dentro del mapa político argentino. Mientras gran parte del país quedó atrapada en la lógica de la confrontación entre libertarios y peronistas, Pullaro consolidó una coalición amplia que reúne a radicales, socialistas, sectores del PRO y referentes independientes detrás de un programa de gestión.
Ese modelo provincial es el que algunos imaginan como punto de partida para una propuesta nacional. Una especie de reedición actualizada de Juntos por el Cambio, pero con menos peso de las disputas ideológicas y más énfasis en la gestión.
El problema es que la política nacional rara vez replica los esquemas provinciales.
La Libertad Avanza continúa concentrando expectativa de cambio para algunos sectores sociales. Mientras Milei mantenga niveles competitivos de apoyo, cualquier intento de construir una alternativa por fuera de su espacio corre el riesgo de aparecer como una propuesta de segundo orden. Más aún cuando el presidente sigue monopolizando la representación del voto antikirchnerista.
Por eso la apuesta de Pullaro y Macri parece tener un doble horizonte. El inmediato apunta a construir una fuerza de centro que acceda a un hipotético balotaje en 2027. ¿Dejará Macri a un lado sus diferencias con Patricia Bullrich para subirla a ese barco? Pullaro estaría encantado.
El otro escenario que manejan el radical y el ex presidente es de mediano plazo, con una elaboración más paciente para ocupar un espacio político que hoy luce vacío: el de una fuerza reformista, republicana y moderada que pueda convertirse en refugio para quienes eventualmente se desencanten de Milei sin querer regresar al peronismo.
Macri y Pullaro valoran rasgos de la gestión libertaria, pero no advierten pericia para manejar algunas variables que, especulan, terminarán por resquebrajar al gobierno.
En ese sentido, la reunión también envió un mensaje hacia el interior de la oposición santafesina. El gobernador dejó claro que no está dispuesto a resignar la autonomía política de Unidos. El mandatario radical seguirá acompañando algunas políticas nacionales, pero pretende conservar identidad propia y capacidad de decisión para la coalición provincial que encabeza. Un ejercicio de equilibrio que sostiene desde 2023.
Es una definición relevante porque el debate atraviesa a toda la dirigencia no peronista del país. ¿Conviene fusionarse con Milei o construir una alternativa paralela? ¿Es mejor competir por los mismos votantes o esperar que el desgaste del oficialismo abra una nueva oportunidad? Pullaro parece haber elegido la segunda respuesta.
La presencia de Macri refuerza esa estrategia. El ex presidente sigue siendo una figura con influencia sobre sectores empresariales, dirigentes territoriales y votantes que no terminan de sentirse representados por el estilo libertario. Su respaldo le aporta al gobernador santafesino una proyección nacional que excede las fronteras de la provincia.
Por supuesto, el camino está lejos de ser sencillo. La experiencia argentina demuestra que los espacios políticos construidos desde la moderación suelen tener más dificultades para generar entusiasmo electoral que aquellos que apelan a discursos disruptivos. Además, tanto Pullaro como Macri deberán resolver una tensión inevitable: diferenciarse de Milei sin aparecer como parte del pasado que el presidente promete combatir.
Sin embargo, la política también se construye a partir de anticipaciones. Los dirigentes más exitosos suelen ser aquellos que empiezan a diseñar el escenario siguiente cuando el resto todavía está concentrado en el actual.
Tal vez por eso la foto santafesina resulte más importante de lo que parece. Mientras la discusión pública sigue girando alrededor de la disputa entre libertarios y peronistas, Pullaro y Macri comenzaron a explorar la posibilidad de un tercer camino. No saben todavía si ese espacio existirá ni cuándo llegará su oportunidad. Pero ambos parecen coincidir en una certeza: cuando la política argentina vuelva a buscar una opción de centro reformista, quieren estar entre quienes encabecen esa oferta.
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