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Política

Política provincial

Choque entre Perotti y Traferri cortocircuita el intento de unir al PJ

Choque entre Perotti y Traferri cortocircuita el intento de unir al PJ
Mauro Aguilar

El intento de unidad tropezó en el arranque. Distintas corrientes desconfían de la voluntad de la conducción para abrir el juego. 

La foto duró poco. A principios de mayo, después de un año y medio de recelos, pases de factura y distanciamientos, el peronismo santafesino logró sentar en una misma mesa a casi todos sus sectores. La llamada Mesa de Acción Política reunió a la conducción partidaria, al perottismo, al espacio de Marcelo Lewandowski, al Movimiento Evita, a los intendentes y a La Cámpora. 

La señal parecía inequívoca: después de las derrotas acumuladas y frente a un oficialismo provincial que exhibe en algunos ámbitos el desgaste de la gestión, la única posibilidad de volver a ser competitivos en 2027 pasaba por reconstruir algún mecanismo de convivencia interna. 

La conclusión era tan evidente que resultaba difícil imaginar una alternativa. Ninguna de las tribus del PJ tiene hoy volumen suficiente para imponerse sobre las demás. Ninguna puede prescindir del resto. Y todas juntas apenas conservan la expectativa de sostener el piso histórico de votos que el peronismo mantiene en Santa Fe.

Por eso aquella reunión fue interpretada como el primer paso hacia una estrategia común. Se habló de defender las primarias como mecanismo ordenador y se intentó construir un discurso opositor frente a los gobiernos de Javier Milei y Maximiliano Pullaro. Por un momento, pareció que la supervivencia electoral había impuesto racionalidad. Pero la política muchas veces no se mueve con lógica.  

Apenas comenzaron los preparativos para una segunda convocatoria, reaparecieron las mismas diferencias que mantienen al partido en estado de interna constante desde hace ya varios años.

Convocada bajo la consigna de que “El futuro se construye en unidad”, y con la premisa de instrumentar una “verdadera democracia partidaria, que es orgánica, directa y social”, este sábado estaba previsto que representantes de las distintas tribus volvieran a encontrarse.

Sectores importantes avisaron que no participarían y la convocatoria se suspendió hasta nuevo aviso. El comunicado formal habla de una reprogramación “por cuestiones organizativas”. 

“Dado que algunos espacios integrantes de la Mesa de Acción Política no podrán participar, y con el fin de garantizar una representación plena y acorde al espíritu de unidad y construcción colectiva que impulsa esta convocatoria, se ha resuelto reprogramar el encuentro”, planteó el comunicado formal del partido.

Lo cierto es que desde distintos sectores internos criticaron el formato de la convocatoria, pero sobre apuntaron contra algo más profundo: la sospecha de que quienes controlan el aparato partidario no tienen verdadera intención de compartir el poder ni de modificar los mecanismos para la toma de decisiones.

El reclamo no es nuevo. El perottismo insiste desde hace tiempo con la necesidad de democratizar el funcionamiento interno del partido. La demanda también encuentra eco en el Movimiento Evita y en el sector de Lewandowski. Lo que está en discusión no es solamente una cuestión procedimental sino quién manejará la lapicera en la reconstrucción del PJ.

Los planes de Perotti, la oposición de Traferri

En ese contexto vuelve a aparecer una de las disputas más persistentes y determinantes del peronismo santafesino: la que mantienen desde hace largo tiempo Omar Perotti y Armando Traferri.

La relación entre ambos nunca logró recomponerse después de los años de gobierno del rafaelino. Traferri fue muchas veces un factor de incomodidad para la gestión provincial desde la Legislatura y el enfrentamiento terminó adquiriendo una dimensión personal y política difícil de revertir. 

El senador sanlorencino nunca olvidó el papel que, según su mirada, tuvo la gestión de Marcelo Sain en la investigación sobre juego clandestino que terminó sacudiendo a la Justicia santafesina y que involucró al propio Traferri.

Ahora el conflicto vuelve a emerger cuando Perotti empieza a diseñar su regreso a la arena electoral. El ex gobernador trabaja en una candidatura legislativa para 2027. 

Cerca suyo sostienen que no está interesado en emigrar al Congreso nacional sino que su intención apunta a preservar una centralidad política dentro de Santa Fe. Para eso recorre la provincia, conversa con dirigentes territoriales y busca reconstruir una red propia de apoyos. Es justamente esa construcción la que algunos sectores observan con recelo.

Las versiones que circulan dentro del PJ coinciden en señalar que Traferri preferiría un escenario donde Perotti compita por fuera antes que compartir un proyecto común. No se trata solamente de una diferencia táctica. Es una discusión sobre liderazgos presentes y futuros. 

Un hipotético regreso competitivo del ex gobernador alteraría el lugar de poder que Traferri logró construir con sus aliados dentro del partido tras la derrota de 2023.

Por eso la discusión sobre la apertura partidaria adquiere una dimensión estratégica. Perotti advierte que podría competir por fuera si no existen garantías de participación plural real. Lewandowski y el Movimiento Evita deslizan planteos similares. Desde la conducción partidaria insisten públicamente con la necesidad de la unidad. El problema es que la unidad se proclama mucho más de lo que se construye.

La paradoja del peronismo santafesino es que todos sus dirigentes saben que necesitan permanecer juntos para tener alguna posibilidad de volver a gobernar la Provincia. También saben que una elección de tercios podría ofrecer oportunidades impensadas en otros contextos. Sin embargo, cada movimiento importante parece orientado a fortalecer posiciones internas antes que a consolidar un proyecto colectivo.

La mesa de mayo había generado la impresión de que el peronismo finalmente había comprendido la magnitud del desafío. Apenas unas semanas después, los hechos muestran otra cosa: las viejas heridas siguen abiertas, las desconfianzas permanecen intactas y la pelea por el control del partido continúa siendo más intensa que la discusión sobre cómo recuperar el poder.

Todavía queda algo de tiempo para resolver esa contradicción. Lo que no queda claro es si existe la voluntad política para hacerlo.

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