Negocios

Para los botijas

La golosina más famosa de Uruguay vuelve a los kioscos argentinos

Por Redacción

El Grupo Bimbo había discontinuado su producción en el país, pero ahora llega importada. 

La firma uruguaya Chocolates Haas ya exportó a la Argentina 100.000 unidades del Ricardito, la golosina más famosa del país charrúa. Será el primer envío de un acuerdo que alcanzaron con un importador local, y que marca el regreso del producto al país después de 3 años. 

Para los uruguayos, más que una golosina el Ricardito es un producto de culto. Su combinación de oblea, merengue y cobertura de chocolate se asocia a la infancia de varias generaciones y tiene un nivel de reconocimiento comparable al de Bon o Bon o el bocadito Cabsha en Argentina.

Por eso, cuando en 2023 el Grupo Bimbo decidió discontinuar su producción como parte de una reorganización de su negocio industrial en el país vecino, la noticia generó una reacción que trascendió al sector alimenticio. Consumidores, comercios e incluso dirigentes políticos lamentaron la desaparición de una marca considerada parte del patrimonio gastronómico del país.

Después, la firma uruguaya Chocolates Haas, con más de siete décadas de trayectoria en la fabricación de chocolates y golosinas, adquirió la marca, reanudó la producción y encaró un relanzamiento que buscó combinar tradición con una actualización del producto. La empresa opera una planta industrial en la ciudad de Canelones y emplea entre 50 y 200 personas, según información de la propia empresa.

Dos años después de esa operación, la compañía dio el siguiente paso: salir a competir fuera de Uruguay. La comercialización comenzará en la Ciudad de Buenos Aires y el Área Metropolitana (AMBA), donde el consumo de productos de impulso concentra buena parte del negocio nacional.

Dos suizos detrás de la historia del Ricardito

La receta de este bombón es un clásico en Dinamarca y otros países europeos, como Escocia. De hecho, a Uruguay llegó de la mano de dos inmigrantes suizos, en la década del 60. El primero, de apellido Ricard, fundó una chocolatería en la década del 60, y el segundo, un amigo también suizo -ex empleado de la Suchard- se la compró y empezó a fabricar el bombón, bautizándolo Ricardito. 

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