Por Redacción
La condensación, el estado del aceite y el rendimiento de la batería explican los problemas más frecuentes. ¿Cómo solucionarlo?
Durante los meses más fríos del año, los conductores que intentan arrancar sus autos se enfrentan a problemas recurrentes cuando las temperaturas descienden por debajo de cero. Este fenómeno, que genera frustración y puede alterar la rutina diaria, se relaciona con causas físicas y mecánicas muy puntuales.
Según el portal especializado HowStuffWorks, existen cuatro factores principales que dificultan el encendido de los vehículos en condiciones invernales: la condensación en el sistema de combustible, la menor capacidad de evaporación de la gasolina, el engrosamiento del aceite del motor y las dificultades de las baterías en climas fríos.
Condensación en el sistema de combustible
Uno de los problemas más comunes durante el invierno es la condensación en el sistema de combustible. Con el tiempo, pequeñas cantidades de humedad pueden acumularse en las líneas de combustible o en la bomba, aunque durante gran parte del año este fenómeno pasa inadvertido.
Cuando las temperaturas bajan de 0°C (32°F), el agua atrapada puede congelarse, bloqueando el flujo hacia el motor. Esta obstrucción puede impedir el arranque, sobre todo en vehículos que permanecen a la intemperie, mientras que los autos resguardados en garajes calefaccionados suelen estar protegidos de este problema.
Para minimizar el impacto de la condensación, el medio recomiendan mantener el tanque lo más lleno posible y utilizar combustible formulado para el invierno. El depósito lleno reduce el espacio para acumulación de humedad y limita la posibilidad de que se formen gotas de agua susceptibles a congelarse dentro del sistema. Estas medidas permiten reducir los inconvenientes en lugares donde las temperaturas bajas persisten durante varias semanas o meses.
Menor evaporación de la gasolina y dificultad para el arranque
El frío también afecta la gasolina: su capacidad de evaporación disminuye notablemente a temperaturas inferiores a 0°C (32°F). En estos entornos, la gasolina se vaporiza con mayor lentitud, dificultando el proceso de combustión necesario para que el motor arranque.
El portal lo ejemplifica con la rapidez con la que el agua se evapora en una acera caliente frente a un ambiente frío y sombreado; la gasolina, similarmente, requiere temperaturas más altas para vaporizarse adecuadamente.
Cuando el combustible no se vaporiza lo suficiente, el motor no logra el encendido esperado. Por eso, en climas fríos, algunas personas optan por rociar éter en el motor, ya que este compuesto se evapora con facilidad y ayuda a iniciar la combustión. Esta solución es habitual únicamente en regiones donde los inviernos presentan temperaturas persistentemente por debajo de cero.
Muchos conductores relacionan la imposibilidad de arrancar el auto directamente con un fallo mecánico, aunque a menudo se trata de la reacción química normal de la gasolina en bajas temperaturas. Comprender esta diferencia puede ayudar a evitar diagnósticos erróneos y gastos injustificados en reparaciones.
Engrosamiento del aceite del motor
El aceite del motor también ve modificada su viscosidad con la llegada del frío. Así como la miel se espesa cuando baja la temperatura, el lubricante del motor aumenta su densidad a medida que descienden los grados. Esto implica que el motor debe ejercer más trabajo para distribuir el aceite entre las piezas internas, dificultando el encendido y sumando desgaste de componentes.
El portal especializado señala que en regiones donde las temperaturas son inferiores a 0°C (32°F), se aconseja emplear aceites sintéticos, los cuales mantienen su fluidez a bajas temperaturas y disminuyen los riesgos asociados a la lubricación insuficiente del motor. Elegir el lubricante adecuado ayuda a preservar la mecánica y limitar los daños derivados del esfuerzo extra requerido por un aceite espeso.
Dificultades de las baterías de los automóviles en clima frío
Las baterías de los automóviles enfrentan grandes retos cuando el ambiente es gélido. La batería utiliza reacciones químicas para generar electricidad, pero con el descenso de la temperatura estas reacciones se ralentizan y la energía disponible para el motor de arranque disminuye. El resultado es un giro lento del motor o la imposibilidad de encenderlo.
HowStuffWorks advierte que estos síntomas suelen confundirse con una avería grave, aunque simplemente reflejan el impacto directo del frío sobre la batería. Incluso una batería en buen estado puede fallar si el termómetro cae varios grados bajo cero.
Como prevención, conductores en zonas frías suelen recurrir a garajes calefaccionados, mantas térmicas para la batería o calentadores de bloque, que mantienen tanto motor como batería a temperaturas que favorecen el encendido en condiciones adversas.
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