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Gestión

Por Jorge Navone

Se acata, pero no se cumple

Corría el año de nuestro Señor de 1782 (siempre quise empezar una nota así). En esos rústicos y polvorientos tiempos de la colonia era muy usual en el Río de la Plata y en el resto de las estructuras políticas dependientes de España, recibir órdenes reales de las más variadas características.

 

A muchas de ellas se las procesaba de una forma que siempre me pareció muy ilustrativa de nuestra identidad como nación, al mismo tiempo que configura una genial lección de management.

 

Cuando las autoridades de estas tierras recibían una orden que era interpretada como inaplicable, poco realista o simplemente inconveniente, se le daba un tratamiento ceremonioso e irreverente al mismo tiempo. Con gran solemnidad se declaraba: "se acata, pero no se cumple".

 

En esta frase se reflejaban dos criterios aparentemente contrapuestos. Por un lado se reconocía en lo formal, la autoridad del rey de donde emanaba la orden y al mismo tiempo se hacía primar el propio criterio a la hora de su efectiva aplicación.

 

Debemos considerar que en esos años la monarquía gozaba de un espléndido vigor y el absolutismo aun hundía sus raíces profundamente en la fe. Con ese backgroud, la relativización de las órdenes reales no resultaba inocua y, sin embargo, sucedía.

 

Hay que entender también, que el contexto en el que se emitían esas órdenes era muy particular. El sistema de información con el que se contaba para la toma de decisiones era lentísimo y sesgado.

 

Imagino que los "interlocutores de confianza" de las autoridades de la metrópoli, llegaban a las audiencias con información de Las Indias que ya tenía varios meses de antigüedad. El largo y arriesgado viaje en barco enmohecía tanto a los bizcochos cómo a los bytes de "la data" que transportaban.

 

Una vez que la información era procesada por estos antiguos funcionarios, es posible que pasara por varias manos hasta llegar a la autoridad que realmente (real de realidad o real de realeza, la que más guste) decidía.

 

Cuando finalmente se tomaba la decisión, el edicto debía recorrer el camino inverso para llegar, luego de un largo tiempo, a manos de quienes supuestamente debían aplicarla. Todo este recorrido de meses o años, insólito para nuestros días, hacía que las órdenes fueran muchas veces poco prácticas y ¡ carecieran del menor sentido de la oportunidad 

 

Es comprensible entonces, que en un contexto cómo aquel, el management centralizado generarse indicaciones y objetivos poco eficaces por la falta de sintonía con los procesos y las gentes que pretendía liderar.

 

Desde siempre el ejercicio del liderazgo requiere de cierta cercanía, contacto y diálogo para que se pueda ejercer de forma eficaz. Bajar un rato al llano, es siempre un buen ejercicio para cualquier líder que quiera ser "real" aunque no sea Borbón ni Habsburgo.

07.01.2019 11:43 | Fuente:

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