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Gestión

Por Eduardo Press

La importancia de la terapia para empresarios

Existen problemas del día a día que pasan por la mente de un empresario que reclaman su atención. En ocasiones los tiempos de una psicoterapia tradicional para resolver problemas del día a día no son compatibles. Los empresarios que toman decisiones de las cuales depende el futuro de su empresa necesitan una escucha específica sobre sus temas puntuales.

Muchos de mis clientes son pacientes de mis colegas “psi”, empresarios que “inundan” las sesiones con los temas de la empresa. El colega “psi” comprende los problemas del empresario dentro del contexto de su historia (está bien que así sea) pero no es suficiente. Dicen: “ocupa todo el tiempo de sus sesiones hablando de su empresa”.

Le sugiere consultar a un psicólogo organizacional que lo ayude a tratar esos temas que no son abordables desde lo estrictamente psicológico. Un empresario es una persona que se encuentra en una gran soledad frente a sus problemas en la empresa. No le resulta fácil encontrar un interlocutor que lo escuche, sepa que preguntarle para ayudarlo a encontrar dentro de sí esas respuestas que busca.

Las consultas son variadas. Puede ser gente joven que comienza un emprendimiento y no sabe bien cómo hacerlo, le cuesta decidirse, se hace muchas preguntas. La mayoría de las veces en estos casos le falta información, no saben dónde buscarla ni por dónde empezar.

Otras veces un emprendedor con mucho esfuerzo desarrolló una “empresita”, creció, es una “empresa”, se hizo más compleja, no sabe bien cómo organizarse ni cómo organizar a sus colaboradores. Necesita ser empresario y no sabe cómo hacerlo.

O un empresario ya instalado, con una o más empresas pero que todavía piensa como un emprendedor, en el sentido que sigue basando todo en su esfuerzo personal, es un empresario que no sabe que lo es. Hay que ayudarlo a ser empresario, a armar una estructura que lo secunde.

La terapia de empresarios no es una psicoterapia tradicional. Son conversaciones con objetivos concretos. Primero escuchar, hacer preguntas, hay preguntas que buscan información y otras que construyen información. Las que buscan información son aquellas cuyas respuestas son conocidas por el interlocutor

Las que construyen información son aquellas para las cuales las respuestas no son conocidas por el interlocutor. No las tiene que recordar, para responder tiene que pensar. Escucho “nunca lo había visto desde ese punto de vista” o “nunca lo había pensado”.

Una buena pregunta abre puertas y le abre al empresario un espectro de ideas nuevas que estaban en su cabeza pero que él no sabía. Hasta ese momento no hice una sola sugerencia y ya hay novedades. Luego puedo incluir sugerencias no sin preguntarle previamente cuál es su objetivo. Si lo tiene claro podrá transmitirlo a sus colaboradores.

Al definir hacia dónde quiere ir puedo ayudarlo a seguir ese camino. Lo que no puedo hacer es elegir el camino por él. Revisamos las opciones y puedo sugerir y advertir, pero siempre en función de sus objetivos. El empresario es el que elige y toma la decisión.

Los empresarios con problemas concretos tanto personales como empresariales muchas veces necesitan ayuda para equilibrar y armonizar ambos universos.

 

04.01.2019 12:11 | Fuente:

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