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Gestión

Por Jorge Navone

Qué es el “jet lag” Management

El "jet lag" puede manifestarse en las organizaciones como una resistencia a adaptarse a los cambios. Algunas recomendaciones.

Dicen que durante un viaje en avión, el cuerpo se mueve a una velocidad más rápida de lo que el alma puede desplazarse. Es por eso que al llegar a destino, tardarán un tiempo en reencontrase.

 

Menos poético, el jet lag se manifiesta luego de atravesar varios husos horarios y está provocado porque el ritmo circadiano, que impone el tempo corporal de actividad y descanso, se ve alterado. Tiene como síntomas habituales la falta de energía, cierta confusión, irritabilidad y apatía.

 

El malestar que trae aparejado será entonces, manifestación de la resistencia del cuerpo a adaptarse a su nueva locación.

 

De igual manera en las organizaciones, hay transformaciones que se dan con una rapidez que al alma corporativa le cuesta acompañar.

 

Ante grandes cambios externos como una fusión, un nuevo gobierno corporativo, un cambio de sede, de escala, de producto, de tecnología, una empresa puede mantener durante un tiempo un estado de jet lag.

 

Métodos de trabajo que ya no son tan eficientes como antes, formas de tomar decisiones que ya no sirven, incrementos de los conflictos internos, son ejemplos de cómo el cuerpo sigue pensando que es la hora de la cena cuando aún son las 3 de la tarde.

 

Para estos contextos, van algunas recomendaciones para un adecuado jet lag management.

 

Primero lo más simple: la organización necesita tiempo. Deberá entrar de a poco en el huso horario de su nuevo contexto. Aceptemos la inercia humana como reacción normal ante los grandes viajes.

 

Segundo, igualmente simple: revalidar lo básico. En estos escenarios, la organización necesita confirmar su identidad. Una buena forma de atacar la desorientación consiste en confirmar lo conocido. Sería como gritar a viva voz nuestro nombre y DNI mientras esperamos que la valija salga por la cinta en el aeropuerto.

 

Tercero: aceptar que hay cosas que no volverán a ser como antes. El cambio implica tanto el arribo al nuevo destino sino el desarraigo respecto al origen. Cuanto más resistamos al nuevo contexto más dolerá y más tiempo perderemos. El exceso en la añoranza puede ser tan romántico como infructuoso.

 

Cuarto: festejar. El cambio nos mantiene en movimiento. Añade ejercicio a las neuronas y despabila a los dormidos. Así como viajar nos enriquece, los cambios en las organizaciones las mantienen vivas y dinámicas.

 

¡Buen viaje!

 

10.04.2018 12:13 | Fuente:

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