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Gestión

Por Daniel Colombo

Cinco condiciones para ser un excelente coach

Requiere maduración personal, introspección, años de trabajo interno, y, luego, centenares de horas de práctica: no se logra solamente estudiando.

El coaching (en español “entrenador”) se sigue expandiendo como una disciplina dinámica, transversal y que asiste a las personas y organizaciones de todo tipo en desarrollar su potencial. Hay tantas actividades utilizando la palabra “coach” que es lógica la confusión. 

 

¿Todo es coaching?  Definitivamente, no. Muchas corrientes de desarrollo personal, industrial, deportivo, artístico, por citar sólo pocos ejemplos, han adoptado esta denominación porque está en auge. 

 

¿Todos necesitan coaching?  La respuesta también es no. Hay personas con habilidades suficientes para superar y desarrollar su propio potencial por sus propios medios. Otros, que necesitan de psicoterapia en diferentes vertientes. Y están los que sí encuentran en el coaching una herramienta excelente, de resultados en corto y mediano plazo, y de mucha claridad para despejar temas complejos, y establecer un plan de acción.

 

¿Es lo mismo coaching que psicoterapia?  No son lo mismo. El coaching no aborda los temas de patologías ni desórdenes mentales; no tiene una raíz terapéutica en sí, si bien sirve -y con creces- a que te sientas mucho mejor si trabajas con un profesional de verdad.

 

 

5 condiciones para ser un excelente coach

 

Ser un excelente coach requiere maduración personal, introspección, años de trabajo interno, y, luego, centenares de horas de práctica: no se logra solamente estudiando. Aquí vamos.

 

El coach debe dejar el ego de lado. A la hora de trabajar y ejercer su función, el profesional del coaching necesita moderar y minimizar su ego personal. Debe tener la humildad para ponerse al servicio del otro. No creas en los coach que dicen saber de todo porque tienen -usualmente- habilidad de palabra. Debes leer lo no dicho, y también guiarte por tu percepción. Si no evolucionas, hay algo en ti que quizás debas revisar, y también en la metodología de tu coach, que no te inspira, motiva o guía con suficiente precisión para que despegues y crezcas. Una reflexión: llama la atención la rivalidad que se da en las escuelas de coaching entre los mismos colegas (quizás la misma que en cualquier otra profesión, aunque aquí exacerbada por el ego que parece inflarse cada vez más). Incluso hay dos grandes referentes del coaching a nivel mundial que se disparan munición pesada cada vez que pueden, y hasta tienen nombres iguales en sus empresas.

 

Ser impecable. Implica, entre muchos otros aspectos, el cumplimiento de los acuerdos, todo lo inherente a la operatoria y logística de la tarea; hasta su vida personal, lo que comparte en sus redes sociales; la forma en que se mueve por el mundo. Además, necesita estar siempre libre de todo prejuicio. Un ejemplo: si tu consulta de coaching alude a que necesitas generar más ingresos, no podrá ayudarte de ninguna forma un coach que vive con lo mínimo para subsistir. ni tampoco aquel que piensa que ganar dinero está mal y que es sucio.


 

Ser coherente. La concordancia entre lo que se piensa, se dice y se hace es fundamental en un buen coach. Es difícil que un coach sea excelente cuando lo hace sólo por el dinero, o porque está de moda.

 

Ser implacable. A veces en los procesos pueden aparecer situaciones donde el coach necesite ejercer una firmeza extra, con el único objetivo de dinamizar al cliente. El coach experimentado sabe hasta dónde llegar y por qué caminos. Desde la conducta del coach, ser implacable implica no incurrir en actos desleales hacia su cliente y mantener la confidencialidad a rajatabla.

 

 

 

11.08.2017 12:39 | Fuente:

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