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16.06.2017 12:36 | Fuente:

Riesgos y recomendaciones

Esto le pasa a tu cuerpo cuando estás furioso (y cómo controlarte)

(Por Daniel Colombo) Enojarse a veces es necesario pero vivir asediados por el estado de ira permanente y furia constante no es aconsejable.

La ira y la frustración combinadas producen un impacto negativo dentro y fuera nuestro, en eso que podemos denominar “un momento de furia”.

 

¿Te has sentido así alguna vez? Seguro, ya que forma parte de la condición humana.

 

La furia,  la ira y el comportamiento agresivo son reacciones de lucha fundamentales e instintivas cuando nos amenaza algún peligro. El psicólogo Raymond W. Novaco distingue entre cuatro clases esenciales de provocación que pueden desencadenar este tipo de comportamiento:

 

· Frustraciones: una mala nota.

· Sucesos irritantes: el ruido en el jardín de los vecinos.

· Provocaciones verbales y no verbales: la sarcástica observación del jefe.

· La falta de corrección y la injusticia: el aumento de los impuestos desproporcionado.

 

Es fundamental saber cómo la furia daña tu corazón.

 

Las explosiones de furia aumentan el riesgo de sufrir un ataque cardíaco. Dos horas después de que el enojo ha pasado, el riesgo de sufrir un ataque al corazón aumenta cinco veces, mientras que la posibilidad de un derrame cerebral aumenta tres veces.

 

Los gestos de furia

Desde los gestos y la comunicación no verbal, la de furia produce trastornos neurovegetativos que se manifiestan con sudor, palidez, o, por el contrario, enrojecimiento del rostro, temblores, gestos desproporcionados con gritos y violencia, sentimientos de odio que disminuyen la capacidad de raciocinio. La persona sufre contracciones del rostro, acompañadas de una mímica que manifiesta estupor y rabia.

 

La diferencia entre enojo, ira y furia

Para comprender mejor por qué nos ponemos furiosos, es importante distinguir que escasas veces la ira extrema se presenta en primer término y sin causa aparente. Por lo general viene precedida de sentimientos primarios de preocupación, culpa, rechazo, injusticia o incertidumbre.

 

Es importante reconocer el estado anterior a la furia porque cuando comprendemos, analizamos, recolectamos información sobre lo que nos produce este momento podemos generar un marco de contención para no llegar a ser tan dañinos con nosotros y los demás.

 

Cómo nos descuidamos cuando estamos furiosos

Sólo a modo de referencia, va un listado breve de algunas formas de descuido que nos propinamos a nosotros mismos y a los demás:

*Agredimos a personas que no tienen nada que ver.


*Nos desquitamos con aquellos que más nos aman.


*Nos volvemos más torpes e imprecisos.


*Podemos romper cosas como para descargar tensiones.


*No medimos las consecuencias.


*Tomamos decisiones apresuradas con graves consecuencias para nosotros y los demás.


*Llevamos las cosas al extremo y no hay modo de tener una visión equilibrada.


*Denostamos, criticamos e insultamos.

 

Formas sencillas de controlar la furia

Los coaches profesionales incorporamos diversos ejercicios para el control de la furia y la ira con el objetivo transformarlas en elementos de mayor auto conocimiento.

 

Aquí van algunas recomendaciones:

 


*Entrena tu respiración.  Cuando nos vamos calmando, podemos respirar mucho más profundamente y lento, oxigenando todo el organismo, a la vez que traemos más calma.


*Camina y haz algo de ejercicio físico. Mueve tu energía; si quieres, hablando en voz alta. Percibirás que paulatinamente vas aquietando las emociones a medida que lo verbalizas.

 

*Busca ayuda profesional. Psicólogos, psiquiatras y demás terapeutas, pueden brindarte abordajes apropiados.

 

16.06.2017 12:36 | Fuente:

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